AMÉRICA La sangre se me pudre. Rupert maneja lo más rápido posible; el tráfico no ayuda, pero sus hombres nos informaron que la zona del desastre está hecha un caos. Al parecer, una de las vías estaba dañada, lo que ocasionó que, al cruzar el puente, no soportara el peso y colapsara. El vagón que cayó primero explotó debido a la carga de petróleo que llevaba. Es un alivio saber que Oliver y Alene están muertos, pero pensar que América se encuentra grave en el hospital y que está embarazada me pone mal. —Ella va a estar bien —me dice Debby. Ella me mira de soslayo mientras Rupert frunce el ceño hacia su dirección. —Claro —me agarro el puente de la nariz. —Ella es fuerte. —Lo es. Debby coloca su mano sobre la mía, que descansa sobre mi rodilla, y me da un ligero apretón de solidarida

