AMÉRICA La cabeza me da vueltas y siento una imperiosa necesidad de vomitar, pero al recordar todo lo sucedido, abro los ojos de golpe. Tengo frío; un escalofrío recorre mi espina dorsal cuando me doy cuenta de que estoy en medio del bosque, acostada, pero lo que me pone en alerta es el hecho de que estoy en ropa interior. La luz de la luna es lo único que me ayuda a revisar miserablemente mi cuerpo en busca de golpes o indicios de violación, pero no hay nada. Estoy bien, me siento bien, salvo por el hecho de que estoy casi desnuda, con frío, en medio de la nada boscosa. Me abrazo como si eso pudiera quitarme el frío que cala hasta mis huesos. Miro a mi alrededor en busca de mi ropa, pero no encuentro nada y tampoco hay trampas. Armándome de valor, comienzo a caminar sin saber a dónde me

