Me situé frente al ventanal de mi departamento y contemplé la oscura noche, tan oscura como veía mi vida, y recordé todo aquello que quería olvidar, viendo en ese vidrio, que hacía las veces de espejo por la oscuridad de afuera, todos esos años con Lorenzo. A él lo conocí el día de mi graduación. Era el tío de una compañera y al principio me pareció uno más del grupo de acompañantes. Al finalizar la ceremonia, se acercó y me entregó un ramo de rosas. ―Felicidades, belleza ―me dijo zalamero. ―Gracias ―respondí sonrojándome―, no tenía que molestarse. ―No es molestia y no me trates de usted, no soy tan viejo. Lorenzo era doce años mayor que yo, médico cirujano, con una confianza en sí mismo impresionante. Y pensar que un hombre como él, se sentía atraído por mí, me hizo sentir la mu

