Abrí los ojos y José Miguel ya no estaba a mi lado, sin embargo, había una carta en la almohada y una bandeja con el desayuno. Tomé la carta y la leí: Mi preciosa mariposa: No quise despertarte, estabas tan bien durmiendo que hacerlo hubiera sido un sacrilegio. Te amo. Gracias por la maravillosa noche que pasamos. Gracias por aceptarme en tu corazón a pesar de los temores que acechan tu vida. Tal vez te preguntes el porqué de mi saludo. Es porque anoche y esta mañana al verte dormir, recordé el primer día que te vi. Eras hermosa como una mariposa... con sus alas rotas. Hoy, en cambio, tus alas están más fuertes y estoy seguro que muy pronto podrás alzar el vuelo, desplegar tus alas y volar lejos del dolor y la angustia que te han seguido durante tanto tiempo. Lo más hermoso de esto,

