Adele despertó en los brazos de Paolo, el suave susurro del viento en el balcón y el aroma a flores llenaban la habitación. Miró a su esposo mientras él aún dormía, su rostro relajado, casi infantil, y sintió una calidez indescriptible en el pecho. Había encontrado en él algo que jamás había sentido antes: un amor auténtico, sin condiciones, sin máscaras.
Esa mañana, después de un desayuno casero preparado por Paolo, con pan recién horneado, queso y una mezcla de frutas frescas, él le propuso visitar la villa de sus padres. Adele aceptó con una mezcla de nervios y emoción.
Había algo que le había estado ocultando a Paolo hasta estar segura. Mientras se arreglaba sus ojos brillaban con una luz diferente esa mañana.
Paolo había estado muy ocupado durante semanas, era el tiempo de la cosecha, había mucho por hacer en la villa, y los proyectos que tenía con sus amigos iban muy avanzados, estaban a punto de iniciar con el proyecto.
Ella no quiso decir nada para no desconcertar a Paolo de sus planes, además ella estaba trabajando también y tenía el día ocupado.
Nada parecía estar en el momento indicado para dar la noticia.
Ella no había vuelto por la villa en semanas, se excusaba diciendo que era por el trabajo, pero la realidad era otra.
Al llegar con él a la villa, la escena parecía sacada de un sueño. Los viñedos relucían bajo el sol, y la familia Carusso, junto con algunos amigos cercanos, había organizado la fiesta de la cosecha.
Mesas largas adornadas con manteles blancos y flores de colores estaban repletas de platos italianos tradicionales: pasta al pesto, lasagna al forno, risotto de setas y, por supuesto, el mejor vino de la región, elaborado con las uvas de la propiedad.
La madre de Paolo, Observaba a Adele con ojos críticos, ella estaba un poco molesta porque ella se había negado varias veces a venir a visitarlos y a compartir con Paolo en la recolección de las uvas
Pero al notar cómo Paolo la miraba, con devoción absoluta, algo en su interior comenzó a ablandarse. En un momento de la tarde, se acercó a Adele mientras esta conversaba con los invitados.
Me alegra que estés aquí Ándele, para Paolo es muy importante que compartas con la familia…
Dijo con una sonrisa reservada, pero sincera, pero como de costumbre la señora Carusso habló como una madre d*******e.
Espero que sepas cuidar a mi hijo, que le estés preparando los platillos que le gustan, la abuela te enseñó las recetas legendarias en nuestra familia y mi hijo merece lo mejor de su esposa.
Adele, sorprendida, respondió con una calidez genuina: No se preocupe señora, amo con todo mi corazón a Paolo, y cuido muy birn de preparar su comida como me lo enseñó la abuela…
Señora Carusso, le aseguro que haré todo lo posible por hacerlo feliz. No se preocupe.
Con una dulce sonrisa Adele se despidió de la señora Carusso para volver al lado de su esposo.
La tarde avanzó entre risas, brindis y música italiana. Pero Adele se reservó discretamente de no probar el vino fermentado, tomando solo el vino nuevo.
Paolo tomó la mano de Adele y la condujo al centro de la celebración para bailar. Los amigos y familiares aplaudían mientras la pareja se movía al ritmo de una tarantella, las risas de ambos resonando en el aire. Era un momento perfecto, una postal que Adele guardaría en su memoria para siempre.
Cuando finalmente regresaron a casa, la noche los envolvía en su calma. Paolo, siempre atento, preparó una taza de té para Adele antes de que ella se acomodara en el sofá a su lado.
El amor fue apareciendo en cada caricia de Paolo, sus manos juguetonas fueron despejando a Adele poco a poco de sí ropa.
Los minutos pasaron entre risas y caricias furtivas, hasta que Paolo logró entrar en el ser de Adele haciéndola pedir más.
Sentir a Paolo sobre ella tocando su cuerpo hasta hacerla perder la cabeza era el sello perfecto para un día perfecto.
Él no se cansaba de recorrer su cuerpo con sus labios ardientes haciendo que Adele cediera a cualquier cosa que él le pidiera.
Pero ella tampoco se quedaba atrás en el arte de la seducción, sabía muy bien que le gustaba a Paolo, así que lo dejaba llevarla a la locura, pero una vez ella se hallaba en la cumbre del placer, ella lo llevaba aún más alto de donde ella se encontraba.
La intensidad de Adele lo hacía repetir: Te adoro, Adele, te adoro.
Eran dos locos al hacer el amor, dos almas con la misma intensidad al amar, la fortuna de ser tan intensos y libres al amarse no había desaparecido al casarse, todo lo contrario, había aumentado.
Antes de irse al trabajar en la villa, muchas veces la asaltaba con caricias prohibidas y provocativas que la hacían ceder al amor, hubo ocasiones donde la dejaba en el sofá de la sala semi desnuda deseando poder quedarse con ella disfrutando de esa sensación de más y más.
Los meses de amor intenso, dulce y apasionado habían pasado con la calidez de la primavera italiana, Adele y Paolo vivían una felicidad que parecía sacada de un cuento de hadas.
Noches de amor y mañanas de amor robadas a las horas de trabajo habían dado resultados. Adele guardaba un precioso secreto que era hora de revelar.
Una mañana, mientras Adele desayunaba con Paolo en el balcón, con la brisa del mar acariciando su rostro, decidió contarle la noticia que había guardado con ilusión.
Paolo sabes lo mucho que te amo.
Dijo sentándose en sus rodillas.
Lo sé, al igual que yo te amo, amore mío. Te amo mucho. Dijo besándola, y metiendo su mano bajo su falda, buscando provocarla.
Pero Adele tenía otros planes. Mirándolo fijamente a los ojos dijo: Creo que nuestro amor está a punto de crecer aún más.
Su voz tembló de emoción mientras deslizaba una pequeña ecografía sobre la mesa.
Paolo la miró perplejo, tomó la imagen y sus ojos se llenaron de lágrimas al darse cuenta. ¿Esto significa...? ¡¿Vamos a ser padres?!
Gritó con alegría, abrazándola y levantándola en el aire, sin poder contener su entusiasmo.
Sí, Paolo. Y no solo de uno... ¡Son gemelos! añadió Adele, riendo entre lágrimas.
Paolo se quedó sin palabras por un momento, luego colocó las manos en el vientre de Adele y dijo con una sonrisa emocionada: ¡Dos pequeños milagros! Mi amor, no puedo ser más feliz.
Gracias amore, gracias por hacerme aún más feliz.
Besándola hasta hacerla reír, dijo: Tenemos que decírselo a mis padres. Van a morirse de la felicidad al escuchar la noticia.
Esa misma tarde, visitaron a la familia Carusso en la villa. Durante la cena Paolo se levantó y con su copa en la mano dijo: Tengo un anuncio importante que hacerles. Una noticia que me hace muy feliz.
Mirando a Adele con una sonrisa de oreja a oreja dijo: Voy a ser padre, mi bella esposa está embarazada. Y no tendremos solo un bebé, sino dos.
La madre de Paolo, casi saltó de su silla cuando Paolo anunció la noticia.
¿Gemelos? Exclamó con ojos llenos de lágrimas
¡Voy a ser abuela de dos pequeños a la vez! Se levantó muy emocionada para abrazar a Adele con una calidez inesperada.
Gracias, Adele. Esto es un regalo muy grande para nuestra familia.
El padre de Paolo, un hombre de pocas palabras, simplemente levantó su copa de vino y dijo con una sonrisa orgullosa: Carusso siempre tuvo buena suerte. Estoy muy feliz por ustedes, y por nosotros…
¡Brindemos!
Todos levantaron sus copas y brindaron por los bebés de Paolo, los nuevos miembros de la familia Carusso, que fueran dos, ilusionaban mucho a los padres de Paolo.
Desde ese día, la familia Carusso visitaba regularmente a la pareja, trayendo pequeños regalos para los futuros bebés: ropa diminuta, juguetes de madera hechos a mano y mantas tejidas por la madre de Paolo.
Cada visita estaba llena de risas y anécdotas, con todos soñando cómo serían los nuevos miembros de la familia.
Paolo y Adele tomaban mucho tiempo para preparar el cuarto de los gemelos, sus hijos tendrían el lugar perfecto para crecer.
Rodeados del amor de sus padres.
Paolo era un esposo tierno y siempre atento a las necesidades de su esposa. Un hombre muy cariñoso.
Él dedicó horas junto a Adele a diseñar el cuarto de los bebés. Eligieron un rincón soleado de la casa, pintaron las paredes de un tono suave de amarillo y adornaron con nubes y estrellas pintadas a mano. Paolo incluso construyó dos pequeñas cunas de madera con sus propias manos, mientras Adele cosía las sábanas y almohadas, bordando las iniciales de sus futuros hijos.
Un día, mientras trabajaban juntos en el cuarto, Paolo se detuvo y miró a Adele para decirle: No puedo esperar a verlos aquí, riendo y llenando este espacio con vida.
Se acercó a ella, colocando su mano en su vientre ya abultado y después de besarla en los labios,beso el vientre de su esposa diciendo: Nuestros hijos son una bendición para mí. Pero tú Adele, eres mi milagro de amor.
Ella sonrió, apoyando su frente en la de él y respondió: Y tú eres mi hogar, Paolo, mi vida y mi luz.
El día especial se acercaba a pasos agigantados, emocionando a toda la familia Carusso.
Cuando llegó el día del parto, Adele fue llevada al hospital acompañada de Paolo y toda la familia Carusso los siguió.
Todos aguardaban emocionados en la sala de espera. Paolo, que había planeado una sorpresa para este momento tan especial, esperó el momento adecuado para revelarla.
Adele, nerviosa pero emocionada, estaba a punto de ser llevada a la sala de parto cuando Paolo apareció con una expresión de alegría indescriptible.
Amore mio, hay algo que quiero que veas antes de que entremos.
Hizo una seña con su mano, y al voltear a mirar Adele vio a sus padres entrando a su habitación de hospital.
Su madre tenía lágrimas en los ojos, y su padre, aunque siempre serio, lucía emocionado al ver a su hija.
¡Mamá, papá!
Exclamó Adele, rompiendo a llorar mientras los abrazaba
¿Cómo...? ¿Cuándo llegaron?
Paolo nos llamó hace semanas.
Respondió su madre con una sonrisa.
Dijo que quería que estuviéramos aquí contigo en este momento tan importante.
Adele miró a Paolo, incapaz de contener las lágrimas de gratitud.
¡Gracias, amor! Esto significa el mundo para mí.
Sabía que necesitabas a tu familia aquí, Adele. Paolo le besó la frente. Este día es para ti amore mío, para nosotros, y para ellos también.
El nacimiento de los gemelos estaba a las puertas, Adele sentía la urgencia de pujar. Pero los pequeños aún parecían no desear nacer.
Una hora más tarde, el hospital se llenó de emoción cuando Adele dio a luz a un niño y una niña saludables. Paolo estaba a su lado, sosteniéndole la mano y mirándola con un amor incondicional mientras nacían sus hijos.
Cuando los pequeños fueron entregados a Adele, las lágrimas brotaron de sus ojos.
¡Son perfectos, Paolo!
Miró a su esposo, quien sostenía a la niña con cuidado, mientras ella tenía al niño en sus brazos.
La familia Carusso y los padres de Adele entraron a la habitación poco después de que Adele fue llevada. La madre de Paolo no pudo contener las lágrimas al ver a los bebés, mientras que los padres de Adele los observaban con orgullo y ternura.
Gracias por esto, hija, gracias a ti también Paolo.
Su madre le besó la frente y muy emocionada dijo: ¡Tus pequeños son preciosos!
Esa noche, mientras todos celebraban el nacimiento de los gemelos, Paolo miró a Adele con una promesa silenciosa en sus ojos: siempre haría lo imposible por verla feliz.
Ella le había devuelto la vida que había perdido al morir su hermano mayor, ese peso había desaparecido gracias a Adele, la herida había sanado gracias al amor de Adele.
Paolo estaba agradecido con la vida y con el cielo de conocer un alma tan dulce y noble como la de su esposa.
Mientras que Adele no podía creer la suerte que había tenido, haber decidido tener una aventura con Paolo la había llevado por el camino a su felicidad.
En ese momento rodeada de su nueva familia, de sus padres, y de tanto amor, en su esposo y en sus hijos, solo podía decir y repetir entre lágrimas y risas: Gracias