El día amaneció con una brisa cálida que traía consigo el aroma de los viñedos. Adele y Paolo llegaron a la villa de los Carusso en medio de una atmósfera de celebración.
Ellos no esperaban ser recibidos con una fiesta, y mucho menos una tan grande.
Los amigos de Paolo estaban allí, sus novias y esposas habían traído regalos para los recién casados. Los trabajadores de las viñas estaban allí con sus familias y también habían traído regalos.
Adele no podía creer lo que veía, de lo emocionada que estaba sus ojos se llenaron de lágrimas.
Los familiares de Paolo los recibieron con vítores, aplausos y abrazos, mientras la madre de Paolo, aunque inicialmente reacia se dejaba llevar por el ambiente festivo.
Con abrazos y besos en la mejilla fue recibida la esposa de Paolo, Adele nunca imaginó ser recibida con tanto cariño, eso era como un sueño para ella.
Paolo le susurró al oido: Esto es para ti, como yo soy todo tuyo.
Adele sonrió dejando caer por su mejilla una lágrima llena de emoción.
Bajo un cielo azul despejado, largas mesas adornadas con manteles blancos y ramos de flores se extendían en el patio principal de la villa.
En ellas reposaban canastas de pan fresco, charolas con quesos finos y fuentes rebosantes de pasta casera. Las botellas de vino tinto y blanco de la familia Carusso brillaban como joyas bajo el sol, prometiendo momentos inolvidables.
Y las salsas en grandes recipientes olían a distancia a tomates frescos y albahaca, aquello era un festín.
Adele, vestida con un sencillo pero elegante vestido azul claro, no podía contener las lágrimas de felicidad ante todo lo que veía. .
Paolo, siempre atento, se inclinó hacia ella y le susurró al oído: Hoy celebramos no solo nuestro amor, sino también que decidiste quedarte conmigo, tesoro mío.
Todo había cambiado para ella, lo que había iniciado como una locura, algo que ella jamás habría hecho, se había convertido en un apasionado romance que terminó convirtiéndose en amor.
Un amor que arrebató sus sentidos y que abrió para ella y Paolo una vida llena de esperanza y felicidad.
Las páginas de su historia aún tenían sólo una páginas escritas, pero de una forma hermosa parecían describir un sueño hecho realidad .
Los invitados reían y brindaban mientras Adele y Paolo caminaban de la mano entre ellos.
La música de una pequeña banda local llenó el aire, y Paolo no tardó en arrastrar a Adele al centro para bailar una tarantela. Los demás los siguieron, creando un ambiente lleno de música, coros, risas y alegría.
La fiesta parecía no tener fin, los invitados seguían bailando, bebiendo y comiendo, las mesas siempre estaban llenas de platillos.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, los colores del atardecer se reflejaron en las copas de vino alzadas en un último brindis por los recién casados.
La madre de Paolo, después de unas copas, finalmente se acercó a Adele, colocando una mano en su hombro le dijo: No creí que esto fuera posible, mi Paolo tenía el corazón herido, creímos que lo habíamos perdido para siempre, pero tú nos lo devolviste… Puedo ver cuán feliz lo haces. Gracias, y bienvenida a la familia, Adele.
Un abrazo y algunas lágrimas selló aquel precioso y emotivo momento.
El regreso de Paolo y Adele a su casa en el pueblo fue tranquilo, envueltos en la serenidad de la noche. En la casa, mientras Paolo se ocupaba de acomodar los obsequios que habían recibido, Adele, impulsada por un deseo de cerrar ciertos capítulos, tomó el teléfono y marcó el número de sus padres en Estados Unidos.
Su madre respondió con un tono preocupado:
¡Adele! ¿Por qué no nos habías llamado?
Lo siento, mamá. Han sido días muy ocupados. Llamo porque quiero decirles algo importante.
¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Volverás pronto?
Adele tomó aire antes de responder: No, mamá, no volveré. Me casé ayer con Paolo Carusso, un hombre maravilloso que he conocido aquí en Italia.
El silencio al otro lado de la línea fue ensordecedor, hasta que la voz de su madre irrumpió, cargada de incredulidad y reproche.
¡¿Te casaste?! ¿Con un extraño? ¿Y qué pasó con Rick? ¿Cómo pudiste hacer algo tan imprudente, Adele?
Adele no permitió que el reproche la derrumbara. Con una calma firme, respondió:
Mamá, no he dejado nada valioso atrás. Entre Rick y yo no había respeto ni amor real. Lo que nos unía eran falsas promesas y un control sobre mí que ya no estaba dispuesta a aceptar.
Al lado de Rick nunca me sentí valorada ni especial. Con Paolo, cada minuto es diferente. Él me ama tal como soy, me respeta y me hace sentir viva.
Su padre intervino, con un tono menos severo: Pero, Adele, ¿estás segura de lo que estás haciendo?
Nunca estuve más segura en mi vida, papá. Paolo me hace feliz, y eso debería ser suficiente para ustedes.
Hubo un momento de silencio antes de que su madre volviera a hablar, esta vez con un tono más conciliador: Solo queremos lo mejor para ti, hija. Pero es difícil de asimilar que tomaras una decisión como esta tan rápido.
Lo sé, mamá. Pero espero que algún día puedan entenderlo. Los amo y quiero que conozcan a Paolo algún día. Estoy segura de que lo amarán tanto como yo.
Su padre intervino diciendo: Espero que seas feliz hija, perdóname si no supe ser un buen padre para ti. Te amo hija.
Yo también los amo papá.
La llamada terminó con sentimientos encontrados, pero Adele sintió una paz interior que no había sentido en años.
Al colgar, Paolo la abrazó desde atrás, besándole suavemente la sien diciendo: ¿Todo bien, amore mío?
Todo está bien ahora. Respondió Adele, girándose para mirarlo a los ojos. Era muy curioso e interesante para ella ver cómo todo había cambiado en su vida.
Paolo ya no era su amante, el que le hablaba como americano, ahora era su esposo italiano y le hablaba como un sexi y encantador italiano, algo que a ella le gustaba mucho.
La noche avanzó, y mientras las estrellas iluminaban el cielo italiano, Paolo y Adele encontraron consuelo en su pequeño refugio, listos para escribir juntos los próximos capítulos de su historia.
Cosas nuevas la esperaban, aventuras nuevas cada día, necesitaba ordenar sus horarios de trabajo, ahora era una mujer casada, y su esposo era un intenso y apasionado amante, al que se le ocurrían los lugares más interesantes para hacer el amor.
Los días para los dos fueron trazando un futuro diferente, Paolo empezó a trabajar en la Villa con su padre y en sus proyectos personales, y aunque era un hombre ocupado siempre encontraba tiempo para su esposa.
Algo que Adele adoraba de él. Mientras Paolo pasaba en la villa, entre vides, cosechas, vinos y números, ella aprendía a cocinar platillos tradicionales de Italia y de Nápoles.
La abuela de Paolo era su maestra, una mujer encantadora y de carácter, algo que divertía a Adele era cuando Paolo llegaba a la cocina para meter la mano en lo que ella estaba preparando, su abuela se enojaba y le decía: ¡Fuera de la cocina Paolo!
Si quieres meter tu mano en lo que cocino, ponte un mandil, sino, vete de aquí.
Adele sonreía divertida, pero antes de irse, Paolo la tomaba en sus brazos y la besaba, luego miraba a su abuela y le decía: Esto no puedes prohibirmelo nunca, ella es toda mía.
Después entre risas la abrazaba más fuerte y la volvía a besar, dejando a su esposa y a su madre riéndose mientras salía por la puerta de la cocina lanzándole besos a Adele repitiendo: Te amo, amore mío.
Adele no podía ser más feliz, iniciaba un nuevo año, una nueva en un nuevo país y una maravillosa familia que la había acogido como uno de ellos.