POV Valencia Carlsen
Mi idea de reunión tranquila no se asemejaba al espectáculo que tengo delante de mí. Vine a la mansión Conelly con el objetivo de hacerle compañía a Ginebra, pero sospecho que mi presencia no es indispensable, puesto que está muy bien acompañada.
El enorme jardín está decorado con un estilo infantil y llamativo. Los dos colores que resaltan son el azul y el rosado. La mesa de regalos está desbordada, sin duda es un bebé muy esperado. Si el evento del bebé fuera público, ocuparía más portadas que la boda de sus padres, hace solo seis meses, en un castillo real.
—Es una lástima que para recibir tantos regalos y atención haya que estar embarazada —dice Morgan a mi lado. Solo soy capaz de sonreírle. Desde que nos interrogó a Denver y a mí fuera del edificio, mis nervios han estado a flor de piel. De verdad, no quiero que nadie se entere de mi pasado—. Es casi injusto.
—Me parece muy justo, porque estar embarazada no es fácil.
—Pero hacer los bebés sí —refuta, lo que me hace escupir mi bebida.
—¿Tú no eres virgen?
—Pero no ignorante. Tengo edad suficiente para saber cómo se hacen los bebés, Valencia.
—No lo digas en voz alta, hay niños por aquí.
—Si te refieres al hijo de Stella, él ya sabe bien eso. Pero no le digas a Stella que yo le enseñé. En cualquier caso, es culpa del cavernícola de Brendan.
—Si sigues llamándolo así, Brendan te meterá a la cárcel.
Se cubre la boca de prisa. —Eso no me conviene. Denver es mi abogado y se alegraría de verme tras las rejas a cambio de que yo deje de molestarlo con la mujer de su pasado. ¿Segura que no sabes quién es?
Ladeo la cara hacia la tarima, evitando su pregunta. Morgan es prima adoptiva de Denver y, como cualquier Wright, es bastante astuta y decidida, así que si digo algo, ella terminaría por descubrirlo todo. Continúo mirando los arreglos de la fiesta para ignorarla. En la pequeña plataforma veo a Ginebra vestida completamente de rosa, hablando con Stella.
—Pensé que Stella no había regresado de sus vacaciones —digo. Aunque, si soy sincera, me sorprende que no haya regresado antes. Ella es una adicta al trabajo y se vuelve neurótica si no está defendiendo a inocentes.
—Ella jamás se perdería el descubrimiento de su sobrino o sobrina… ¡Ya siento ansiedad por saber qué es! —Morgan se aleja hacia ellas.
Una vez la veo a varios metros de distancia, me permito soltar un suspiro de alivio. Sus interrogatorios sobre la vida de Denver me ponen más nerviosa que enfrentarme en un juicio.
—¿Adivina quién soy? —pregunta alguien detrás de mí, cubriendo mis ojos con sus manos. Mis latidos van un poco más rápido al reconocer esa voz—. Una pista, hoy visto de amarillo.
—Déjame ver… ¿Stella? Ah, no, quizá ¿Mary? —Finjo que estoy tratando de adivinar cuando ya sé quién está detrás de mí—. Soy muy buena adivinando, así que creo que eres… ¿Morgan?
Mis labios se llenan con una sonrisa divertida cuando ella me suelta. Al darme la vuelta, tengo a mi prima Samara delante de mí. Como dijo, está vestida de amarillo y su cabello es una mezcla entre su rubio natural y un castaño claro. Ella me da un abrazo y correspondo.
—Mi estimada Valencia, permítame hacerle saber que estoy profundamente herida por su falta de conocimiento sobre mí —bromea, separándose.
—¿Qué haces aquí?
—Se terminó el verano, así que las vacaciones también.
La observo con incredulidad y ella sonríe. Es bien sabido que eso no es una excusa para ella, porque mi cuñado claramente se puede dar el tiempo de vacaciones que desee. Aidan Wright tiene el dinero suficiente para no volver a trabajar por el resto de su vida, y sé que también tiene las ganas de tener a mi prima para él solo todo el tiempo. Me sorprende que no esté gravitando a su alrededor ahora mismo.
—En realidad vine porque no podía perderme este día. ¡Al fin vamos a saber qué será el bebé! —exclama, realmente emocionada con la idea—. Ginebra nos quería a todas hoy, así que nos pusimos de acuerdo para regresar y venir con ella.
—Entonces tienen que suceder cosas como esta para que nos podamos reunir todas, ya veo.
—Siempre nos reunimos, Valencia. Solo que tú últimamente estás más centrada en el trabajo. —Me regala una mirada empática—. Si está siendo mucha carga, puedo pedirle a Aidan que hable con Denver y así reducimos tus obligaciones.
—¡No! —increpo—. No es necesario. No es el trabajo lo que me tiene ocupada.
Su mirada destella sospecha y preocupación. Esta es Samara, siempre preocupándose por mí de una manera maternal. Pese a que yo soy la mayor, es ella quien hace el rol de hermana mayor y cuidadora.
—Valencia, sé que amas tu trabajo y estás comprometida con ayudar, pero necesitas consentirte un poco. Es una pena que no hayas tomado tus vacaciones. El verano estuvo maravilloso.
—Lo dices porque estuviste con Aidan.
—Sí, lo sé. Pero te pedí que vinieras con nosotros. Te habría dedicado mucho tiempo y habríamos visitado Francia. Habríamos ido en yate.
—¿Ir de vacaciones con Aidan y tú? Mejor que no fui. Estoy segura de que mi cuñado me habría tirado del yate por invadir su privacidad.
—Yo no lo permitiría.
—Los Wright son expertos en hacer cosas sin dejar rastro.
Ella entrecierra los ojos.
—No los juzgues. Son unos ángeles cuando se lo proponen.
—Sam, la santidad y los Wright no son compatibles, te lo aseguro.
—Creo que tienes razón. —Suelta una risita y, debido a su sonrisa y mirada perdida, creo que está recordando lo que hizo con su marido en las vacaciones. Lo cual me resulta perturbador porque no necesito esas imágenes en mi mente ocupada—. De todos modos, Vale, tienes que divertirte más. Basta de trabajar tanto, parece que estás imitando a Stella. Déjala que ella sea la única adicta al trabajo, tú no. ¿Por qué no te vas de vacaciones con Jasper, ya que todo el mundo dice que es tu prometido?
—Tú sabes cómo son las cosas entre Jasper y yo.
—Sí, lo sé. Y es por eso que lo considero la persona indicada para que te diviertas. Mira, estamos celebrando al bebé de Ginebra, yo ya tengo a mi hija, y Stella ya es madre, está casada aunque su matrimonio es un desastre… —Ella toma mis manos—, lo que quiero decir es que deberías pensar en poner un poco de estabilidad a tu vida. Quizá no te casarás mañana, pero debes disfrutar con alguien que te ame.
—No todas tenemos suerte. Aidan te ama, pero no todos los hombres son como él.
—¡Qué bueno! Él es tan egocéntrico que el mundo no soportaría a dos como él —se ríe divertida—. Valencia, solo te sugiero que disfrutes la vida…
—Lo hago.
—Bueno, la próxima vez trae a Jasper.
—Esa es una buena idea… —dice Ginebra, quien se acerca a nosotras en compañía de Nicolas, su esposo, y de Stella.
—Corazón, no tienes que decirle esas cosas a Valencia, ella se ve muy bien estando sola —dice Nicolas, guiñándome el ojo con diversión. Él tiene una actitud divertida y alegre. Es un gran amigo; también es uno de los mejores abogados del bufete, además es socio, al igual que Stella, y un dato secreto que pocos saben es que ellos son hermanastros, ya que sus padres están casados y dejaron la firma en sus manos. A Nicolas no le gusta revelar su parentesco, pero a Stella sí, solo para molestarlo.
—Lo importante es que viniste tú, Valencia —dice Ginebra. Su pancita puntiaguda luce hermosa—. Pensé que vendrías de rosado.
—Es porque sabe que no será una niña como todos creen —dice Nicolas, quien viste de azul.
—Estamos seguras de que será una niña —interviene Stella, quien viste de blanco y lleva un pañuelo rosa sobre su cabello n***o azabache—. Y la doctora no negó que lo fuera.
—Tampoco negó que fuera un niño —refuta Nicolas.
—Solo quieres que sea niño, porque tienes el pensamiento machista de que el primogénito debe ser niño para perpetuar la dinastía.
—Tú nunca pierdes la oportunidad de hablar mal de los hombres, ¿verdad, esposa? —Ahora quien habla es Brendan, el esposo de Stella. Ellos en realidad son rivales que no pueden vivir el uno sin el otro.
—Mejor me voy. Llegó la peste. —Stella se aleja y su esposo la sigue.
—Será mejor que busque a Aidan, últimamente nuestra hija no lo soporta —dice mi prima, alejándose en busca de su esposo.
Me quedo en compañía de los futuros papás. Ambos están emocionadísimos, aunque Nicolás dice que quiere un varón, curiosamente solo ha escogido nombres para niña.
La siguiente hora me la paso disfrutando de los deliciosos bocadillos preparados por la familia de Nicolás y Ginebra. No hay comida más exquisita que la suya; ¡qué suerte tiene el futuro bebé! Estoy comiéndome una galleta cuando Samara me jala junto a ella, obligándome a participar en los juegos, buscando el globo donde se esconde el sexo del bebé. Todos fracasamos, excepto Denver, quien ni siquiera participa. Él simplemente está apoyado en una mesa, mirando cómo todos giramos bajo las instrucciones de Morgan.
Bailamos un par de canciones infantiles. Seguro que todo se ve gracioso, pero hoy es el día de Ginebra y Nicolás, así que poco importa lo demás.
—Ahora, vamos a elegir a los padrinos del bebé —anuncian por la bocina—. Como hay muchos candidatos, vamos a hacer un juego en equipos. Por favor, formen parejas todos los tíos del futuro bebé.
Me alejo de la multitud, ya que no tengo pareja. Doy dos pasos hacia atrás, hasta que choco con alguien. Una corriente recorre mi cuerpo desde el pecho hasta el vientre.
—Parece que te toca ser mi pareja, ma rose —susurra el demonio en mi oído.
—¿Tan mala suerte tengo?
—Considérate afortunada por presentarme a esto.
—Oh, ¿este es tu acto bondadoso de la semana?
—Seguro, estoy haciendo méritos para ver si llego al cielo. —Agarra mi mano y me lleva hacia la pista junto a los demás.
—Pensé que te gustaba el clima del infierno. Pero no creas que sacarme a bailar te llevará por el buen camino.
Se inclina para susurrarme cerca del oído:
—En realidad, no soy tan descortés para dejarte sola, como lo hace tu prometido.
Levanto la mirada hacia su rostro. Me pregunto por qué tiene que ser tan guapo y cruel al mismo tiempo. Eso no debería ser justo. Coloco mi mano en su hombro, ya que la música empieza a sonar y nos piden que bailemos tango, pero con la regla de detenernos cuando la música pare. La última pareja en pie será la madrina y el padrino del bebé.
—No seas tan confiado, nadie te considera un caballero en realidad —le respondo a su comentario anterior.
—Es curioso, solo tú me ves como un demonio. La mayoría de las mujeres opina que soy un caballero en todo el sentido de la palabra. —Él nos da una vuelta, siguiendo el ritmo de la música.
—Dios, cada vez me sorprende más las bajas expectativas de las mujeres —le sonrío con altivez—. O, tal vez es porque ellas no te conocen como yo. —Envuelvo una pierna alrededor de la suya sin perder el ritmo, nuestros cuerpos se mueven sincronizados.
—Supongo que tienes razón. Solo tú y yo nos conocemos de verdad. ¿Quién imaginaría que serías capaz de fingir que te agrado después de lo que me hiciste?
—Me lo reprochas mucho, ¿acaso estás esperando una disculpa?
—Es lo justo. Puedes empezar ahora. —Denver sostiene mi espalda cuando lanzo mi peso hacia atrás. Nos detenemos en esta posición, justo cuando la música también para. Su rostro está peligrosamente cerca del mío, a escasos centímetros... Su mirada intensa penetra la mía. Agradezco que tenga autocontrol, porque de no ser así, me habría dejado caer por la energía que se acumula entre nosotros. El aroma de su perfume me envuelve, adormeciendo mis sentidos… La electricidad de su tacto en mi brazo y espalda me pone nerviosa, aunque no debería. Nos quedamos así, inmóviles, durante uno, dos, tres, cuatro segundos, hasta que el hechizo se rompe por el ruido.
—¡Brendan y Stella, eliminados! —anuncian por el altavoz.
La pareja se aleja, culpándose mutuamente por haberse movido. Solo quedamos tres parejas en la pista.
Denver me devuelve a la realidad, incitándome a moverme de nuevo con la música.
—Sigo esperando tu disculpa, ma rose.
Le sonrío. Doy una vuelta bajo su brazo, regresando rápidamente a su lado, con nuestros pechos a escasos centímetros de distancia.
—Tienes razón, tengo algo que decirte ahora: no tengo nada de qué disculparme contigo, Denver Wright. Dices que casi destruí tu vida, pero tú me engañaste a mí. ¿No te lo merecías? Ni siquiera te ibas a casar conmigo por amor. Me mentiste a mí y a ella.
Denver me suelta. Nos quedamos inmóviles en medio de la pista, mientras la pista luminosa parpadean bajo nuestros pies.
—¡Pareja dos y pareja cinco eliminadas! —exclaman, pero no somos nosotros. No nos importa, seguimos mirándonos a los ojos, reviviendo el pasado y el dolor que trae consigo.
—¿Eso es lo que crees, princesse? —inquiere, con los ojos oscurecidos por la ira controlada.
—Es la verdad. Me engañaste con mi mejor amiga y, aunque lo niegues, Denver, hay pruebas.
Toma mi mano, sorprendiéndome. Sin embargo, su toque no es amistoso, más bien se siente arrollador. Es extraño, él siempre evita tocarme, pero ahora, con la música detenida, no me suelta. ¿Por qué es tan complicado descifrar a este hombre tan perfecto?
—Tienes razón, ma rose. Cometí muchos errores, pero tu amiguita Gemma Fane no era ninguna santa. ¿O por qué ya no está en nuestras vidas?
—Sabes que...
Pone un dedo en mis labios para silenciarme. Sin poder evitarlo, ante el toque de su dedo, cierro los ojos y todo a mi alrededor desaparece.
—Cuidado, Valencia, ese gesto me hace pensar que te gusta lo que sientes...
Abro los ojos de golpe, encontrándome con su rostro lleno de satisfacción. Antes de que pueda protestar, la voz en la bocina me interrumpe:
—¡Tenemos a los ganadores: Valencia y Denver serán los padrinos!
Todos nos aplauden, mientras Nicolás y Ginebra se acercan, preparándonos para revelar el sexo del bebé. Si soy sincera, lo único que quiero ahora mismo es salir corriendo de aquí.