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Amor en Braille (gay)

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Blurb

El no puede ver; mi trabajo -castigo- era leerle.

La Ironía es que fue precisamente él quien me hizo ver a mí. Yo había sido un ciego toda mi vida, sin ver lo realmente importante.

Con el tiempo aprendí que era él quien me leía a mí, que realmente podía verme como nadie más hacía y para eso no necesitaba sus ojos.

Él me enseñó que para el amor no hay límites, que conoce cualquier idioma y lenguaje. Y siempre llega a tiempo.

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POR AMOR
Al primer amor se le quiere más, al resto se le quiere mejor. ("El principito", de Antoine de Saint-Exupéry) William seguía en la cama, su cabeza sobre la almohada, la sábana cubría sólo la mitad de su cuerpo desnudo. Hizo una mueca cuando Joseph salió del baño; él, como lo haría la mayoría de los hombres hacía, no salió simplemente secándose con una toalla. Por supuesto que no. Will se guardó sus ganas de resoplar, porque Joseph seguramente pasó varios minutos untándose cremas y otros tantos productos en el cuerpo, rostro y cabello. Dejó caer la bata que lo cubría y, de espaldas a Will, comenzó a buscar la ropa que usaría este día. William se acomodó de lado para mirarlo mejor: comenzando con las fuertes pantorrillas, los musculosos muslos, el trasero firme y con unos bonitos oyuelos... Sabía de memoria, después de un año viviendo juntos, lo que usaría para cubrir ese cuerpo exquisito. Como siempre sería un elegante traje, quizá gris o n***o; una camisa blanca, azul cielo o gris claro; y una corbata a juego. Después estaría alrededor de diez minutos arreglando su cabello de nuevo. Y, como se dirigía al trabajo, ni una pizca de maquillaje. Joseph era, además de su prometido, uno de los abogados más respetados de la ciudad. Y no sólo tenía que ver con el apellido de su familia; de verdad era bueno en lo que hacía. Will suspiró. Debería sentir algunas mariposas en su estómago o el deseo crecer en su vientre al ver a su prometido desnudo a sólo un par de metros de él. Pero nada de eso sucedió. Su erección era simplemente la reacción normal matutina de cualquier cuerpo masculino, nada tenía que ver el hombre frente a él. Hombre que él amaba, ¿verdad? Tenía que hacerlo; llevaban un año viviendo juntos, cuatro de noviazgo y la boda sería dentro de seis meses. Por supuesto que lo amaba. Quizá era sólo la rutina que estaba confundiendo sus sentimientos y sus deseos físicos. O el estrés después del accidente que todavía lo tenía demasiado tenso... —¡Oh! —Joseph por fin lo notó cuando volteó, mientras terminaba de arreglar su corbata, y su mirada se posó en la cama. En sus ojos verdes tampoco había deseo ni calidez—. Estás despierto... Will intentó sonreír. Era su novio después de todo, lo lógico era sonreírle y decirle algo bonito para empezar el día. ¿“Te amo”, quizá? Pero Joseph se le adelantó. Primero se alejó un poco más, fue hasta el buró y tomó un sobre. Después por fin caminó hacia la cama. William empezó a sentarse para recibirlo en sus brazos, pero lo que Joseph le dio no fue un cálido abrazo, sino el sobre golpeando su pecho. —Te esperan a las diez en el centro. Tu trabajo comunitario empieza hoy. Te elegí algo fácil. Sólo debes leerle al chico o algo así. Toda la información disponible está ahí. Si tienes alguna duda, llama a mi asistente. Hoy tengo un día ocupado. Así que ni pensar en almorzar o comer juntos o siquiera una llamada para saber cómo le había ido en su primer día en el infierno. William hizo una mueca y decidió intentarlo una última vez. —¿Esto es realmente necesario? Nadie salió herido, Joss —incluso usó el apodo cariñoso para convencerlo—, Puedo pagar la multa y ya —porque quizá él no era un famoso abogado o ejercía cualquier profesión respetable, pero tenía el dinero de sus padres. Lo suficiente para vivir toda su vida sin tener que trabajar, muchas gracias. Pero aparentemente sí trabajo comunitario, ¿qué clase de broma era esta? Estaban tan cerca que vio los ojos de Joseph oscurecerse mientras se fijaban en él. —No es por el dinero, William. Yo también pude haberlo pagado cuando me llamaron para avisar de tu... desafortunado accidente. No había sido tan grave. Como dijo, nadie salió herido. Había ido a beber con unos conocidos —Joseph no fue, por supuesto, porque tenía reuniones al día siguiente muy temprano; como siempre y quizá se pasó un poco de copas. Tal vez no respetó el límite de velocidad y se saltó unos cuantos semáforos en rojo. Pero, de nuevo, nadie salió herido en el choque. Ni él ni la familia que venía en el otro auto. Ellos llevaban a su hija a la escuela y William iba de camino a su cama. —Joss... —No, William —Joseph levantó una mano para callarlo—. No. No es por el dinero. Entiende que mi posición está en juego — hablando de exageraciones—. Yo no puedo ir por la vida condenando delincuentes y al mismo tiempo casándome con uno. El juez fue claro, la única forma de que esto no quede en tu expediente ni se haga público es el trabajo comunitario. Son sólo unos meses. De cualquier manera no tienes nada más que hacer, ya que...ya sabes, no trabajas ni nada por el estilo. Y no pienso manchar mi reputación y arriesgar mi carrera por esto. William se arriesgó a tomar su mano y entrelazar sus dedos. No sintió nada. ¿Qué había pasado con el chico que conoció en la Universidad y del cual se enamoró perdidamente? —Lee el expediente y llega puntual, por favor —y entonces, con una mueca demasiado evidente, liberó su mano—. Después —dijo cuando William se inclinó por un beso. Se puso de pie y Will creyó escucharlo murmurar “No con el primer aliento. Ni siquiera se ha duchado o lavado los dientes, por Dios” mientras tomaba su portafolio y salía de la habitación sin mirar atrás. Sin besos, abrazos, sonrisas o un "Buenos días”. Todavía ni siquiera se casaban y la magia ya se había acabado, ¿qué podía esperar de la maravillosa vida de casados? William estuvo tentado a tirar el sobre o volver a dormirse, pero sabía que Joseph no se lo perdonaría. Quizá hasta sería capaz de retrasar o cancelar la boda. Así que sacó el expediente y comenzó a leerlo: «Lance Dux, "Azul". 22 años. Invidente. Área 22, habitación 15». Sintió su ceño fruncirse. ¿Se supone que esto era un expediente? ¿Qué demonios? Joseph había dicho que aquí explicaba todo, ¡y no decía nada! Ni cuál era exactamente su trabajo. Por qué el chico estaba ciego. No había una foto de él. Y, más importante, no había una fecha indicando cuándo terminaba su servicio comunitario. William resopló y arrojó el sobre y la hoja después de haberla hecho una bola arrugada. —Maldito Lance —ya lo odiaba, no importa que nada de esto fuera su culpa. ¿Y qué demonios significaba ese "Azul"? ¿Era su segundo apellido o algo así? Estúpido chico ciego. Sólo eso le faltaba. ***** Así que aunque no tenía ganas se levantó, se duchó —aunque él no se quedó ahí horas ni uso montones de productos y salió directo a la librería. Recordaba que en una de sus clases se Literatura un día le hicieron leer un cuento muy famoso, decía algo de que lo esencial es invisible a los ojos. Seguramente al tal Lance le alegraría que le leyera eso, lo haría sentir mejor. No como alguien incapacitado o limitado, aunque sí lo era. William se estremeció sólo de pensar en no poder ver. Eso debía ser horrible. Y sólo por eso se dijo que intentaría no ser grosero con el chico, ya suficiente tenía con ser ciego. Llegó a la librería y lo atendió una bonita chica morena con el cabello rizado y los ojos verdes. Sólo por esa razón Will aceptó sus coqueteos, los ojos verdes eran su debilidad. Ella le dijo que el libro que buscaba se llamaba El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. El coqueteo se llegó a su fin cuando ella comenzó a explicarle sobre la historia. No, gracias; suficiente tenía él con tener que leerle al chico ciego. No iba a escuchar las divagaciones literarias de la empleada de la librería. Así que llegó incluso quince minutos antes al famoso centro "Un lugar mejor". Minutos que perdió buscando el área 22, ¿por qué rayos este lugar era tan grande? ¿de verdad había tantos ciegos en la ciudad?, y después la habitación 15. Estuvo frente a la puerta quizá un minuto entero. Miró a su alrededor por ayuda, pero todos parecían pasar rápidamente al notar el número de la habitación. Qué extraño. Tocó suavemente. Quizá demasiado suave porque nadie contestó y mucho menos abrió. Hizo una mueca y empujó la puerta, casi esperando que tuviera seguro y eso le diera un pretexto para irse. No tuvo suerte, se abrió inmediatamente. Lo primero que vio fue al chico acurrucado en una mecedora junto a la ventana. Se veía demasiado frágil y pequeño. Tanto que Will dudó que tuviera 22 años. Quizá se había equivocado de número... Estaba por salir y verificar cuando una voz dijo: —No te equivocaste. Es aquí donde debes estar, Will. Su ceño se frunció por dos razones: nadie lo llamaba "Will" y la voz del chico lo hizo estremecerse. Un escalofrío lo recorrió, su estómago se llenó de una sensación extraña y los latidos de su corazón se aceleraron. No entendía nada y su confusión fue mayor cuando el chico volvió su rostro hacia él. Y sabía que era ciego, pero se sintió como si lo estuviera mirando fijamente. Tragó y no supo qué decir. Quería irse. No le gustaba como el tal Lance lo hacía sentir. —Soy William —dijo, demasiado tardíamente. Los labios del chico se torcieron. No era exactamente una sonrisa, pero fue interesante cómo su rostro se transformó. Usó su dedo índice para ajustarse las gafas oscuras y luego volvió su rostro hacia la ventana. —Lo sé. —Tú eres Lance. Yo vine a... —Sé a qué vienes —el chico lo cortó—. Espero que hayas tomado un buen libro de la biblioteca. No tengo preferencias, pero no quiero escuchar nada religioso. ¿Biblioteca? ¿Así que no debía comprar él los libros? ¿Por qué nadie se lo dijo? —Sí —dijo, sintiéndose estúpido e inseguro de repente—. Tomé...uno. ¿Quieres que te lea desde el inicio o...? —Elige tú un fragmento, Will. Ok. Eso era fácil. William sabía cómo arreglar este inicio incómodo, le leería esa frase cursi, quizá el chico lloraría y le contaría su historia. Él se sentiría todavía más incómodo, pero intentaría consolarlo y hasta podría irse antes de la hora. | Así que le leyó la famosa cita y ni siquiera dice segundos después Lance se estaba riendo. William estaba por preguntar qué era lo gracioso, cuando el chico cambió su voz por una más tierna y pidió: —¿Me lo repites, por favor? Y por supuesto que lo hizo. Quizá hasta era el libro favorito del chico: «He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos». Y entonces el chico volvió a reírse, molestando a Will. ¿Qué demonios le pasaba? ¡Era un grosero e infantil! El aire en la habitación pareció volverse más frío, igual que la voz del chico cuando volvió a hablar: —¿De verdad? ¿Eres tan poco original? Porque, por supuesto, como soy ciego elegiste El principito para leerme. Y esa cita simplemente le dio el toque. Ay, will. ¡¿Qué?!

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