Adkik subió a la piscina del mirador justo a las once de la noche. Lo que fuese a contarle Viktor valía la pena, sin embargo, cuando vio el agua oscura moverse y la luna abrillantar las olas, el recuerdo de Milán resurgió como el fantasma que se acostaba a su lado en la cama cada noche. Por más que quisiera olvidarla y arrancar las huellas de su piel, nadie jamás lo haría, ni él tenía ese poder. Esa mujer se incrustó en su cuerpo como un veneno, destruyendo sus células, carcomiendo su carne, llegando a su corazón y alterando su mente. Aunque apretara los puños y destruyera los huesos de sus perros, nada destruiría su recuerdo. Viktor giró cuando sintió su presencia. En todos los años que llevaba conociéndolo, después de la muerte de Milán algo dentro de Adkik se rompió. No volvió a ser el

