Grisa le quitó la mano a Adkik de la botella. Adkik no advirtió los movimientos de su perro, así como tampoco peleó con él por la botella. No quería beber más. Solo quería que el dolor terminara, al igual que la soledad. No quería estar solo nunca más, ni en ese momento ni el resto de su vida. Milán era la persona que él pensó que lo acompañaría para siempre, sin embargo, el maldito de su hermano se la quitó antes de siquiera tenerla en sus manos. —El alcohol no te ayudará —afirmó Grisa—. El alcohol solo sirve para alivianar el dolor, no te lo arranca. Por primera vez él no estaba comportándose como un perro, sino como un hombre que era su mano derecha. Nunca antes tuvo esa clase de conversaciones profundas con él. Ni siquiera conocía a Grisa. Era un hombre que ante todos no tenía un se

