Me hallaba en un callejón largo y oscuro, había farolas alrededor pero no me eran de mucha ayuda, mi vista no terminaba de ajustarse a la poca luz y por ello no alcanzaba a distinguir de qué se trataban las siluetas que se marcaban al fondo. Tenía una sensación bastante extraña sobre la situación, sin embargo no era por el entorno, para ser sincera eso no me generaba ninguna inquietud, pero había algo en las siluetas desconocidas que no me agradaba. Trate de llegar a ellas, pero a pesar de los pasos que daba, no alcancé a acercarme, se mantenían a la misma distancia del inicio, incluso intente correr pero mis esfuerzos fueron en vano, no podía llegar a ellas.
No sé qué tanto tiempo pasó, pudo haber sido una eternidad o tan solo cinco minutos, no llevaba la noción del mismo, pero sentí cuando el ambiente comenzó a cambiar, había algo más, sentía una mirada posada sobre mi espalda. Me gire para ver de quién o qué podría tratarse, pero no había nada detrás de mí. Cuando volví a mirar al frente, en dirección de las extrañas siluetas, ya no estaban. Solo quedaba una, pero paso de ser una silueta desconocida a una bastante familiar para mi memoria, podía reconocerlo donde fuese. La silueta comenzó a caminar en mi dirección, a medida que se acercaba iba dejando de ser una simple sombra, comenzó a tomar forma, contextura, color de piel; el pánico se apodero de mí, ¿Qué hacía él acá?, me gire y comencé a correr, de nuevo sin éxito alguno, mi corazón latía fuertemente contra mi pecho, como queriendo huir de mi cuerpo. La poca luz que las farolas emitían se extinguió, pude sentir el grito ahogado en mi garganta cuando la oscuridad se apodero por completo del lugar.
Cuando desperté mi pulso seguía acelerado, me sentía agotada, sudada, y la sensación de temor aún estaba bastante presente. Que pesadilla tan horrible acababa de tener. No podía dejar de pensar en él caminando hacia mí, los diversos recuerdos de esa noche volvieron a mi mente, pero hice todo lo posible por dejarlos de lado rápidamente, no quería pensar en eso. Busque mi celular y cuando encendí la pantalla me di cuenta que tenía tres llamadas perdidas de Alex, mi mejor amiga, también había un mensaje de texto. Las llamadas habían sido de hace media hora, y el mensaje apenas tenía cinco minutos de haber llegado.
“-Sam, repórtate conmigo apenas puedas, tenemos que hablar.”
¿En qué momento la frase “Tenemos que hablar” se había puesto de moda?, ya era la tercera vez que la escuchaba en la semana, y ni con Andrew ni con Edward había dado resultados precisamente buenos. Pero no podía ignorar por más tiempo a Alex, así que decidí devolverle la llamada. En el fondo una parte de mí deseaba que no contestase, que estuviese ocupada, pero la otra parte necesitaba hablar con alguien, y Alex era la persona más indicada para eso. Al tercer tono considere que en verdad estaba ocupada, me disponía a colgar la llamada cuando escuché su voz a través del auricular.
-Hasta que por fin sé de ti, estaba preocupada. ¿Qué demonios paso? – Sonaba furiosa, y no era para menos, la había estado evitando durante dos días completos sin ninguna explicación previa.
-Discúlpame en serio, han sido días de mierda. Andrew termino conmigo y esta vez es definitivo. – Dije sin más. Sentí como se formaba el nudo en mi garganta.
-¿Me estas jodiendo para que te perdone por ignorarme o estás hablando en serio? – Se notaba la sincera curiosidad en su voz, sin embargo hablaba con cautela. Era entendible su duda, en algunas oportunidades le jugué ese tipo de bromas, desearía que esta vez fuese igual, desearía tenerlo acá a mi lado estallando a carcajadas por la pregunta de Alex, pero si algo había aprendido era que no todos los deseos se cumplían y lamentablemente este era uno de ellos.
-Ojalá fuese mentira… – No pude decir más, ya las lágrimas amenazaban por salir.
-Ahora tiene sentido por qué desvías mis llamadas. Y si me llamaste es porque ya estas lista para hablar al respecto, te conozco y de no estarlo no habrías llamado. – Me conocía bastante bien. Y eso era agradable, no me presionaba como solía hacer mi hermano. – Hagamos algo, vamos por un café, pero tú pagas, me debes eso por haberme ignorado, y por no haberme contado antes. –Había cambiado completamente su tono de voz, ya no sonaba molesta ni curiosa, sino comprensiva, ella sabía todo lo que había pasado con Andrew durante estos dos años. No era la primera vez que terminábamos, pero, a diferencia de las otras veces, esta era definitiva.
-Está bien, es un trato justo. –Ella tenía razón, quería salir de mi habitación, de mi casa en general, necesitaba hacerlo. Además, Alex siempre decía que la solución a cualquier problema se hallaba en una buena taza de café acompañada de una buena charla. – ¿Dónde quieres que nos encontremos?
-Nos vemos a las 3 pm en el restaurant donde tienen ese cuadro de gatos jugando a los bolos que tanto te gusta. – Dijo de manera agradable. Luego añadió con seriedad– Y por el amor de Dios, llega a la hora. Si me haces esperarte dos horas de nuevo te juro que iré a tu casa y secuestraré a tu gato.
-Vamos Alex – Lance una carcajada. Se sintió bien, no lo había hecho desde la última visita de Andrew, el viernes por la noche. – No puedes secuestrar a mi gato, tú y yo sabemos que el Señor Bigotes no tiene la culpa, además, ya te había explicado que ese día encontré demasiado tráfico en el camino.
-Sam, que tu hermano se haya tardado en la ducha no cuenta como tráfico. – Dijo riendo.
-No solo se tardó, te juro que pensé que hasta se iba a mudar. – Continué riendo, así era cuando hablaba con Alex, me hacía olvidar los malos momentos y despejar mi mente. Al apaciguar la risa, añadí. – Pero bueno, dejando de lado eso, iré a arreglarme, nos vemos allá.
-Claro, claro, tú sigue manteniendo esa pésima excusa.- Ella seguía riendo. Continúo diciendo – Perfecto, quedamos así, hasta entonces. Chaito. – Luego colgó la llamada.
Alex era mi mejor amiga desde que tenía memoria, fue mi vecina un tiempo cuando éramos pequeñas, pero luego del divorcio de mis padres tuve que mudarme al otro lado de la ciudad con mi madre y mi hermano. Sin embargo nunca perdimos el contacto, asistimos siempre a las mismas escuelas, incluso desde inicios del octavo grado habíamos decidido que iríamos a la misma universidad para poder pasar aún más tiempo juntas. Tenía varias amistades, pero sin duda alguna ninguna era tan sólida como la que mantenía con ella.
Mire el reloj, eran la 10:30 am, aún tenía tiempo. Sin embargo, decidí comenzar a arreglarme, no quería ser impuntual esta vez. Necesitaba hacer cambios en mi vida, iba a comenzar por ese. Salí de mi cama, hice mi rutina matutina, me duche y me puse ropa de estar en casa mientras desayunaba, al entrar a la cocina vi sobre la mesa mi desayuno junto con una nota de mi madre.
“Salí a hacer unas compras, tu hermano esta en clases.”
Me dispuse a desayunar y luego volví a mi habitación para decidir que me iba a colocar. Ya mi cuarto estaba un poco más ordenado, me había dedicado a eso la tarde del día anterior, la loza sucia ya se encontraba limpia y en la cocina, había clasificado mi ropa limpia y había enviado la sucia a su respectiva cesta. La cama seguía algo desordenada, pero eso ya era un poco más aceptable en comparación. Abrí las puertas de mi closet y me quede observándolo un rato, ¿Qué mierda me iba a colocar?
Luego de, lo que quizás fue, una eternidad, y tomando en cuenta que el pronóstico del clima anunciaba lluvia para el día de hoy, decidí colocarme una sudadera de color gris claro, pantalón n***o y zapatos deportivos blancos, deje mi cabello suelto. Busque el paraguas y lo metí en mi mochila, no iba a ningún sitio sin ella. Mire el reloj, eran las 12:20 pm, aún me quedaba bastante tiempo así que me dispuse a holgazanear un poco, coloque música, me acosté, jugué un rato con el Señor Bigotes, el reloj parecía no tener prisa por moverse, ya como última opción para que el tiempo pasará rápido opte por calentar mi almuerzo. Mientras comía mi última conversación con Andrew se apodero de mi mente.
“-Andrew, esto no es justo –Dije llorando.
-Lo siento Sam, pero no puedo seguir engañándome, ni engañarte. –Dijo con seriedad, nunca antes lo había escuchado hablar con tanta serenidad, no era algo común en él.
-¿Entonces pretendes dejar lo nuestro hasta acá, así sin más?, eso no es ni siquiera una maldita explicación. – Mi mente seguía procesando lo que acababa de decir, mis sentimientos estaban a flor de piel, las lágrimas desbordaban por mis mejillas, tenía una sensación horrible en el pecho.
-Ya esto que tú llamas ‘lo nuestro’, no tiene sentido para mí. – Sus palabras eran cortantes, cada palabra hería más que la anterior.
-¿No tiene sentido para ti?, –La tristeza se detuvo y, por un momento, me invadió una irá indescriptible. ¿Acaso había escuchado mal?, no, por supuesto que no, había dicho exactamente eso. – ¿Cómo puedes decirme eso cuando hace tan solo un par de horas estuviste acá, acostado a mi lado, diciendo que me amabas?, ¿Acaso eso no significo nada para ti entonces?
-Desde hace semanas que a esas palabras no les encuentro significado. –Dijo, y luego de un suspiro añadió –Si te sirve de algo, te pido disculpas. Pero estamos viviendo una mentira y ya estoy cansado de eso.
Mi mente no terminaba de asimilar sus palabras, ¿Semanas? ¿En qué momento él comenzó a verlo de esa manera? ¿Por qué no me di cuenta de lo que estaba pasando por su mente? ¿Era por esto que me había pedido que lo abrazará fuerte antes de irse, era esa su despedida?. Luego de un silencio prolongado, añadió:
-Te deseo lo mejor Samantha, hablo en serio. – Y colgó.”