CAPITULO 1
No creí que volvería a este punto, y sin embargo acá estoy nuevamente, preguntándome: ¿Cómo comenzar mi vida desde cero luego de todo lo que ha sucedido?, no fue algo fugaz, al menos no para mí, fueron dos años junto a Andrew, tuvimos altos y bajos, quizás más bajos que altos, pero pensé que los habíamos sabido superar, pensé que al fin había dado con el indicado, ¿Por qué él no lo ve de esa manera? ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Acaso no signifique lo suficiente en su vida que me dejo a un lado de esta forma?, Infinidad de preguntas invadían mi mente, estaba absorta en ella hasta que tocaron a la puerta de mi habitación.
-¿Samantha? ¿Estas despierta? – Era Edward, mi hermano, quien se hallaba al otro lado de la puerta.
-Sí, ¿Qué sucede? – Respondí de mal humor, ya le había dicho que me dejara sola. No quería hablar con él, no quería hablar con nadie realmente, necesitaba despejar mi mente, y la única manera de hacerlo era estando sola.
-Tenemos que hablar, no puedes encerrarte de esta manera. ¿Puedo pasar? – Su tono de voz era bastante cauteloso, pocas veces lo había escuchado hablar de esa manera.
-Está bien –Dije resignada, sabía que volvería en un rato si no lo dejaba pasar, ya era la cuarta vez que llamaba a mi puerta- Entra. – Hice todo lo posible para que el tono de mi voz dejase bastante claro que estaba cansada de su insistencia.
Abrió la puerta, vi entrar su figura larguirucha y delgada, su cabello desaliñado que ya pedía a gritos un corte, tenía puesto un short deportivo y la sudadera negra que le había regalado mi padre la navidad anterior, se recostó en el marco de la puerta, sus ojos café claros se posaron sobre mí con esa mirada juzgadora, ¿En qué momento creció tanto?, ya no es el niño pequeño con el cual solía correr en el parque, al cual solía darle la mano para cruzar la calle, y mucho menos es el mismo niño al que le daba miedo la oscuridad. Ya me pasaba en altura para ser cinco años menor que yo, y la mirada que se hallaba en su rostro denotaba ciertos rasgos de madurez que antes no existía.
-¿Crees que con estar ahí acostada lograrás algo? –Dijo de manera pausada.- Debes salir de esa cama, y hablo en serio, él no volverá, te lo dejo saber bastante en claro, debes superarlo de una vez por todas. – Auch, fue un golpe bajo y él lo sabe, noté la intención de sus palabras en su mirada. Esperaba con calma mi respuesta.
-¿Querías entrar para hablar o para hacerme sentir peor? – Dije con cansancio y obstinación.
-No puedes negar lo obvio, ni encerrarte en estas cuatro paredes por el resto de tu vida, sinceramente sería algo deprimente. – Dijo con un tono algo burlón mientras miraba las paredes. Ahí estaba el adolescente que conocía, la pizca de seriedad que demostró al inicio había desaparecido, y tomo su lugar aquel característico sarcasmo que posee.
-Ed, en serio no estoy de ánimos para tus comentarios. – Lo peor es que, por muy cruel que haya sido su comentario, sabía perfectamente que él tenía la razón, ¿Qué hago con estar acostada llorando por alguien que ni siquiera fue capaz de darme la cara para decirme lo que realmente sentía? Nada, solo sentirme aún más miserable, y por la insinuación de Ed, debo verme peor de lo que imaginaba; no salía de mi habitación desde que recibí aquella llamada la noche anterior, comí poco en el transcurso del día y no había descansado absolutamente nada, debo estar demacrada.
-Solo te digo que al demonio con él, Sam, debes seguir con tu vida quieras o no y lo sabes. – Dijo con un tono neutral mientras encogía los hombros y se daba media vuelta para ir de regreso a su habitación.
Aunque no era la conversación más larga que había tenido con Edward, ni siquiera la más profunda, sus palabras hicieron eco durante toda la noche en mi mente, sin embargo, “¿Cómo comenzar de nuevo mi vida luego de esto?” era la pregunta que más me atormentaba, la que menos podía ignorar y a la cual no le encontraba respuesta. Sencillamente no sabía cómo hacerlo, luego de pasar por tantas cosas a su lado me era bastante difícil replantearme qué hacer con mi vida ahora. Los planes a futuro, todos aquellos viajes que habíamos decidido para las vacaciones de verano, el piso que queríamos comprar, y tantas cosas que nos habíamos planteado, ahora no quedaba nada, solo amargos recuerdos de lo que no fue, ni será. Las lágrimas volvieron a rodar por mis mejillas, y mi mente no paraba de decirme que se había marchado por yo no ser suficiente, que le pude haber dado más de mí y quizás él no me habría dejado, quizás, tan solo quizás, seguiría a mi lado.
Desperté con un dolor de cabeza terrible, aunque era de esperar ya que no había podido descansar en lo absoluto, además, mi madre llevaba bastante rato gritando mi nombre desde la cocina, y conociéndola bien, no iba a dejar de hacerlo hasta que saliera de mi habitación. Como pude reuní las fuerzas necesarias para salir de mi cama, al abrir la puerta de mi habitación me golpeo el aroma a café recién colado, al menos eso me reconfortó un poco.
Luego de hacer la rutina matutina de ir al baño, lavar mis dientes y cepillar mi cabello, me senté a desayunar junto con mi hermano y mi mamá. Aunque mi relación con ella no fuese el modelo perfecto de relación madre e hija, debo admitir que me conocía (era eso o Ed le había contado lo sucedido) de no ser así no habría preparado panques para el desayuno pues era algo que solía hacer cuando yo me sentía mal.
Me dedique a comer en silencio mientras ellos hablaban de los entrenamientos de fútbol de mi hermano, acababa de inscribirse en un nuevo equipo y estaba bastante entusiasmado ya que se venía su primer partido. Me alegra que al menos él éste teniendo buena suerte con lo que le gusta.
Como pude termine de desayunar, aunque no tenía hambre sabía que debía darle algo de energía a mi cuerpo. Mientras le daba el último sorbo a mi café, la polémica pregunta volvió a invadir mi mente y con ella llegaron una gran cantidad de recuerdos que solo me hacían sentir más desconcertada. No alcanzo a comprender como hay personas que un día dicen que te aman, y al siguiente se van como si nada, ¿Qué clase de lógica se le encuentra a eso?
Al volver a mi habitación me percaté de que estaba vuelta un caos, la cama estaba desastrosa, había un montón de ropa que para ser sincera no sabía si estaba limpia o sucia, los platos de las comidas del día anterior se hallaban encima de mi mesa de noche. ¿Así de desordenada estaba mi vida?, pensé.