Arsen:
Había pasado más de un mes, un mes en el que no había sabido nada de Scarlett, al ir al laberinto me había encontrado con que no la habían visto, lo peor de todo es que no le sentía, no podía sentir su alma.
Estaba en el laberinto cuando alguien entra, me pongo de pie y miro con sorpresa a una de las sirvientas personales de Scarlett.
- Te he visto con Scarlett, ¿sabes dónde está? –pregunto sin esconderme.
- No, hace más de un mes que no ha vuelto, mi señor dice que esta con la Diosa Ilesha pero, no le creo, en su lugar sirvo a una horrible mujer, prefiero renunciar a seguir así –me mira y puedo ver la tristeza que siente por no saber nada de Scarlett.
- Investigaré que ocurre y vendré a traerte la noticia –digo solemne, ella sonríe.
- Ella le gustaba venir aquí, mi señora siempre volvía más tranquila cuando estaba en este lugar, pensé que podría ayudarme también –se sienta en la orilla–, mi señor no parece extrañarla, mi pobre señora –frota su rostro y seca sus lágrimas.
- La traeré de vuelta, como esposa de ese idiota o como su ex-mujer –digo antes de desaparecer.
Me quedo fuera de la entrada de Ilesha, no era bienvenido desde que la rechace, pero siendo sincero, ¿cómo podría estar con una mujer como ella? Era frívola, mimada y malvada, si no se hacía lo que ella quería, explotaba, arruinaba el lugar dónde estuviese, la muerte me había hecho ver todo desde otra perspectiva.
- Majestad, ya le informo a mi señora de su visita –dice uno de sus hombres, hace una reverencia y se aleja corriendo. Miro el lugar, lo único por lo que podría darle crédito era por lo hermoso que era, rodeado de las flores más bellas, de múltiples colores y olores.
- A qué debo tu honorable visita –rueda los ojos una vez que se acerca, su insufrible voz me saca de mis pensamientos.
- He venido a verte a ti, cariño –sonrío coqueto, ella da un respingo por la sorpresa–. Lamento eso pero, se me hizo fácil –me encojo de hombros, puedo ver la irá en sus ojos café claro.
- Eres un grandísimo imbécil, ¿te lo han dicho? –dice con furia contenida.
- Más veces de las que puedo recordar –me encojo de hombros–. He venido a ver a Scarlett, su odalisca me ha dicho que estaba aquí –me cruzo de brazos.
- Ah, ella –rueda los ojos–, no está aquí, ni en ningún lado, salvo en el cuerpo de Mafiruze –sonríe con retorcida satisfacción.
- ¿Qué has dicho? –doy un respingo por la sorpresa, eso no era verdad, sólo había una manera y era magia antigua y peligrosa, los libros–. Fuiste tú, ¡tú robaste los libros antiguos! Debí suponerlo, nadie más que tú podría pensar en traer a un muerto de mi mundo –digo bajo, apretaba los puños con fuerza–, pero dudo que funcionase, ella debió aceptar el sacrificio –niego, no iba a dejarle el camino a Mafiruze, había visto en los ojos de Scar el inmenso amor que le profesaba a ese idiota, era un amor puro y desinteresado, un amor que todos quisieran poseer al menos una vez en sus miserables vidas; era eso, lo que me orillaba a molestarlo como lo hacía.
- Ella lo hizo, debiste verla –sonríe con retorcida diversión–, diciéndole a Kal que lo amaba, fue tan asqueroso –escupe con asco.
- Puedo ver que nadie te ha amado en la vida, que triste tu caso Ilesha –sonrío con sorna, eso la hace enfurecer, siento la tierra temblar bajo mis pies.
- ¡Pues ella no te amará nunca!, porque no está, no quedo nada de ella que puedas salvar –dice antes de girarse y caminar dando grandes zancadas. Suspiro frotando mi rostro, ese grandísimo imbécil había cambiado un amor real por un sueño efímero, lo único que podía desear es que Scarlett no estuviese en el cuerpo de esa mujer.
- Mi señor –dice Nasuh apareciendo frente a mí, si lo había hecho es que era algo importante.
- ¿Qué ocurre? –pregunto confundido, él me mira serio.
- Ha llegado un alma nueva, es la abuela de la señora Scarlett –dice bajo, me froto el rostro y peino mi cabello, seguro que presintió que su nieta no estaba. Suspiro mirando al cielo, quería ir con Elyse, seguro estaría devastada, no estaba su hermana y su amada abuela había fallecido.
Dilruba:
No sabía porque razón seguía en el hospital, me sentía bien y el doctor había dicho que mis heridas estaban casi por sanar, incluso que las enfermedades que me aquejaban se habían ido, aun así, debía seguir haciendo estudios para descartar cualquier cosa.
Mientras mi madre va al baño, aprovecho para caminar un poco, tiro del porta-suero y camino mirando a todos lados, casi al final del pasillo escucho a una mujer rezando, su dolor es demasiado intenso, siento como me golpea con fuerza. Sus suplicas suenan alto y claro, logrando que me detenga en el lugar.
- (Le suplico a un ser divino me escuche, suplico por la vida de mi pequeña, tiene sólo cuatro años, por favor sánenla, a cambio tomen mi vida, por favor) –suplicaba de rodillas junto a la cama de su pequeña, se encontraba conectada a varios tubos, su cabeza vendada. Con cautela camino a ella, me daba pena verla así, casi podría creer que así se veía mi madre.
Estarás cerca de la gente y escucharás sus necesidades, una voz resuena en mi cabeza una vez estoy dentro.
- Lamento molestar –digo bajo, ella se vuelve y me mira con sorpresa–, escuche tus rezos desde el pasillo y, creo que puedo ayudarte, si me permites –digo con cautela.
- ¿Eres un ángel o un Dios? –pregunta con sorpresa–, porque no estaba rezando en voz alta, rezaba en silencio –dice logrando que de un respingo por la sorpresa.
- No, no creo serlo pero, te escuche –niego, voy a ayudarte y tú harás lo mismo por mí, vuelvo a escuchar esa voz. La mujer se pone de pie y me deja pasar, miro a la pequeña, y sin que la madre me diga algo, sé que tiene un tumor maligno en el cerebro, en un lugar que es difícil y riesgoso de operar. Me acerco y toco su cabeza, me imagino como aquel tumor comienza a volverse pequeño hasta que desaparece.
- ¿Tomarás mi vida? –pregunta cuando retiro mi mano.
- Toda niña necesita a su madre –le sonrío–, más si es una amorosa capaz de dar la vida por ella –comienzo a alejarme–, no sé si lo hice o sólo creí hacerlo, igual podría hablar con el doctor y que le hagan un estudio –miro a la mujer, ella mira con detenimiento a su hija, con sorpresa veo como abre los ojos, la pequeña parece confundida hasta que ve a su madre, rompe a llorar.
- Tenía más de dos semanas que no despertaba –dice antes de abrazar a la pequeña, la niña no comprende que pasa, luce confundida ante el comportamiento de su madre.
- Me siento mejor mamá, ¿es hora de volver a casa? –me mira y hay una chispa de vida que hace mi corazón saltar, sí, quizás está era la razón de estar aquí, ayudar a otros como creo, alguien me ayudo a mí.