VII

667 Words
Dilruba: En la clínica habían revisado a Kerar, estaba saludable a excepción de sus patitas traseras; le habían colocado vacunas, dado un desparasitante y programado una cita dentro de un mes. Le compre comida, una camita pequeña y un ratón de juguete, así como una transportadora, así iba caminando cuando me llamaron del trabajo, comenzaba mañana, eso me había hecho muy feliz, aunque me había puesto triste por no poder pasar más tiempo con el pequeño. Así que aquí estaba, temprano por la mañana secando mi cabello, Kerar dormía, suponía que todo el ajetreo de ayer lo había cansado, sólo había comido y vuelto a dormir. - Te veré en la tarde –acaricio su cabecita, sus platitos estaban llenos, y mi mamá me aseguro que estaría dándole vueltas, es así que me había ido tranquila, confiaba en ella a ojos cerrados. Tras llegar, me esperaba la antigua recepcionista, estaba embarazada y por esa razón dejo el trabajo, sin embargo, debía capacitarme. Y así había transcurrido la mañana hasta la hora del almuerzo. - En la esquina hay una pequeña cafetería, el café es delicioso, y que decir de los desayunos –sonríe emocionada, me imagino que si deben ser deliciosos. - Gracias –le sonrío sincera, había estado muy nerviosa pero, Luu era muy amable, y todos en el despacho, no era tan difícil lo que debía hacer. - De nada querida –palmea mi hombro–, ese edificio de allá, es el periódico local, nuestro jefe les lleva algunos asuntos, más que nada, cuando se meten en problemas –se encoge de hombros–. Vamos a desayunar, muero de hambre –frota su barriga de ocho meses y medio, asiento. Iríamos a la cafetería que menciono antes. Me daba mucha curiosidad ver como se hacía el periódico, como se manejaba la información, me imaginaba a todos caminando de un lado a otro gritando información y presionando, quizás algún día podría saberlo.    Kaled: - Mafiruze, por favor, debes ser racional, no lo ha hecho a propósito –digo por tercera vez mientras lucha en mis brazos, hacía una rabieta descomunal ya que Helena, derramo un poco de agua en su vestido nuevo. - No, esa idiota arruino mi vestido nuevo –grita intentando zafarse de mi agarre, se remueve de manera violenta, puedo sentir sus uñas rozarme. - Por todo lo que es bueno Mafiruze, te compraré veinte más, pero calma –la abrazo con más fuerza. - ¿Y joyería a juego? –dice bajo dejando de pelear. - Sí, todo lo que desees, pero calma amor mío –cepillo su cabello, ella me abraza. - Gracias Kaled –alza la vista y, a pesar de que sonríe, su mirada parece pérdida, lejana. - Termina de comer, después iremos a dónde desees –beso su cabeza, ella asiente y comienza a comer en silencio, con esa elegancia que la caracteriza. - Mi señor, lamento molestarle, mi señora –dice Elek haciendo una reverencia–, algunos comerciantes se niegan a lo pactado esta mañana, quieren hablar con la señora Scarlett –le observo mirar a Mafiruze. - ¿Tan difícil es seguir una orden?, ¿para qué quieren a esa estúpida? Ella no era nadie aquí, de ser el Sultán, los hubiese mandado a decapitar –rueda los ojos con fastidio. - Soy diferente de un Sultán –digo serio, ¿acaso olvidaba que todo esto fue culpa de uno? - Eso me queda muy en claro, no puedes hacer que tu gente te respete, que flojera –me mira con fastidio, se pone de pie y sale, echo la cabeza hacia atrás y suspiro. - Lamento haberle dicho pero, los comerciantes amenazaron con venir hasta acá si sus demandas no eran escuchadas –dice mirando al suelo. - No es tu culpa Elek, es algo que se debe hacer, vayamos al pueblo para ver como solucionamos esto –me pongo de pie, camino hacia él, me hace una reverencia antes de salir. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD