Dilruba:
- Me alegra mucho estar en casa –digo tras suspirar, sonrío al ver que todo sigue igual.
- Lo sé cariño, a mí también me da gusto, sobre todo que estés mejor –dice caminando a la cocina, a decir verdad, muero de hambre. La comida del hospital no era tan buena como la de mi madre.
- Mami, quiero pedirte una disculpa por las preocupaciones que te he dado, por haberme ido en esa manera en aquella ocasión, el haberte gritado, no tenía derecho después de todo lo que has pasado –digo apenada, ella niega y camina hacia mí, me abraza.
- No tienes por qué disculparte, entiendo que nada de esto fue fácil, me imagino que para ti fue mucho peor, pero los dioses fueron benignos y te devolvieron a mí –cepilla mi cabello, lloro bajito–, hablando de eso, me pareció extraña la mujer que no dejaba de agradecerte, seguro se confundió con algún sueño, aunque con todo lo que has pasado, no dudaría que tuvieses algún don –me separa de sus brazos y seca mis lágrimas, le sonrío, no podía decirle que esa mujer tenía razón, porque no sabía con exactitud qué había pasado.
- Prometo que todo será diferente, y ahora que estoy mejor, podría buscar un trabajo y quien sabe, retomar mis estudios –digo mientras caminamos a la cocina, le ayudaría a cocinar y después buscaría algo que hacer.
Tras terminar la comida, tomo el periódico para ver el clasificado, muchos trabajos eran en cafeterías, restaurantes, secretaria y/o recepcionista, sería divertido trabajar en la cafetería, pero estoy muy segura que mi madre preferiría que trabajase de recepcionista, subrayo algunos y comienzo a marcar, de los cinco, sólo dos me habían citado para una entrevista mañana, eso me emocionaba y, por si algo pasaba, iría a las cafeterías a preguntar sobre las vacantes, nunca estaba de más.
Suspiro, esa casa se sentía demasiado vacía, quizás es porque no había pasado mucho tiempo en los últimos doce años, quizás podría preguntarle a mi madre si me dejaría tener un perro, no, mejor un gato, uno pequeño que durmiera conmigo y me siguiera a todos lados. Sonrío ante la idea, voy al computador y comienzo a buscar gatitos en adopción, la mayoría estaban algo lejos de la ciudad. Continúo bajando, todos eran tan pequeños y hermosos, me detengo cuando veo un gatito gris humo, sus ojos eran de colores diferentes, uno verde y el otro azul, en definitiva, quería a ese bello gatito.
- Ya me preguntaba que te mantenía tan ocupada para no ir a cenar –dice mi madre tras mi espalda, me giro y sonrío.
- ¿Podría tener un gatito? –sonrío inocente, le muestro al minino–. Trabajaré para cubrir sus gastos, además, en sus patas traseras no tiene fuerza, se arrastra, y nadie le adopta por eso, yo sé lo que es que nadie te acepte por no estar bien –sonrío de lado, muchas personas creían que era frágil como el cristal, muchas veces no me incluían en las actividades escolares o en cualquier cosa que implicara un esfuerzo, por años me había molestado eso, supongo que eso causo mi momento de rebeldía, y me llevó a fracturarme cada hueso de mi cuerpo.
- Jamás te vi de esa manera, y estoy segura que tu padre te habría amado sin importar nada –me sonríe triste–. Puedes adoptarlo, baja a cenar –me señala con su cabeza, cierro la computadora y corro a ella feliz, le abrazo emocionada, mañana iría por el gatito.
Arsen:
Había pasado varios días leyendo e investigando los libros sumerios, había llegado a la parte del sacrificio y la aceptación por amor, sin embargo, no me quedaba claro cómo podría transferir la energía.
- Encontré esto mi señor –Nasuh entra y coloca un libro un poco más antiguo, lo tomo curioso, aunque más que libro, parecía un cúmulo de pergaminos–. Me lo dio Nara, ella acompaño a sus señores a la casa de Ilesha, al parecer Mafiruze no puede vivir sin que la atiendan –dice con tono de burla, casi podía imaginar como rodaba los ojos por la molestia, la mayoría del tiempo Mafiruze le ordenaba cosas, pero claro, ese idiota jamás creería que su amada era una mimada.
- Gracias Nasuh, ¿ese idiota se dio cuenta? –comienzo a revisar los pergaminos, casi al final encuentro lo que busco.
- No mi señor, Nara entró para evitar que me descubrieran, accedió a quedarse para darme información –dice serio, sonrío, era bueno tener la ayuda de alguien de adentro, y si algo salía mal, sólo debía usar el medallón para traerla aquí y ponerla a salvo, ventajas de ser un Dios principal.
- Fue gracias a eso que pude saber sobre el otro objetivo, ahora debo investigar si funcionó –miro serio los grabados, para Ilesha traspasar la energía de una persona a otra le resultaría muy fácil, los grabados mostraban que sólo necesitaba la raíz de un Tejo Llangernyw, para ser más exactos, uno en particular que crecía en un viejo cementerio, un lugar dónde habían enterrados en tiempos antiguos, a gente importante de la magia más antigua, suponía que eso ayudaría a sus planes. Esto se estaba volviendo más turbio con cada cosa que descubría, y eso era decir mucho teniendo en cuenta que manejaba la muerte.