Era el día más esperado de la semana, donde en muchas oficinas podían ir con ropa casual, y cuando Eduardo presenciaba más gente enloquecida en el local nocturno donde trabajaba. Estaba consciente que, para algunos comenzaba el fin de semana de fiesta y diversión sin límites, y para él era casi igual, pero con ciertas restricciones o podía ser despedido. Fue temprano a la universidad —algo raro, porque en las últimas semanas había llegado tarde a casi todas sus clases—, como si esa vez tuviese verdaderos ánimos de ir, y se dirigió a la cafetería para beber el segundo café del día. «¿Qué clase de dieta es esta? Mucho sexo con desconocidas, mucho café y poco descanso» pensó, pero eso no evitó que dejara su café en la barra, y esta vez añadió una empanada. Se dirigió a una de las mesas apart

