—¿¡Trescientos mil!? —chilló Indira con su celular en la mano. Se encontraba caminando hacia la feria de comida del campus, y aquel mensaje de texto indicando la transacción monetaria la hizo detener de manera abrupta. Salió y volvió a entrar en su cuenta bancaria y seguía apareciendo el exagerado monto en las cantidades recibidas. Indira miró su estado de cuenta una vez más y lo consideró una prueba de confianza, pues habían acordado en que solo serían treinta mil por los trabajos escritos, y a cualquiera se le podía escapar un cero de más. Así que muy nerviosa, llamó a Eduardo, pero el móvil no fue respondido. Insistió un par de veces más y el sistema la enviaba al buzón de voz, entonces Indira prefirió tomar asiento en una de las mesas más alejadas de la feria y revisó su horario es

