Capítulo treinta y dos: Secretos de familia Como siempre, mamá no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar. —¿Qué pasa con Oliver y contigo? —¿Qué pasa de qué? —me hago la inocente. —Es evidente que no estáis juntos —prosigue—. ¿Habéis tenido vuestra primera pelea de novios? —Oliver y yo no somos novios, ahórrate el sarcasmo —replico molesta—. Y no es nuestra primera pelea, es la definitiva. He cortado con él. Tenías razón en todo, mamá. Existen demasiados impedimentos entre nosotros. —Lysa, yo… «Lysa», son pocas las veces que me llama de esa forma. Sin embargo, no dejo que continúe. Estoy cabreada con ella y con el resto del mundo; porque aunque arruiné todo con mi estupidez y mis equivocaciones, lo intenté. En cambio, mi madre ni siquiera vio la posibilidad de que funcionase;

