3. DANZA DE BURBUJAS

2270 Words
Capítulo tres: Danza de burbujas —¡Enhorabuena! ¡¿En serio?! —cuestiona—. ¿Eso es todo lo que tienes para decirme? —No sé qué más quieres que diga, Oliver. —Se me ocurren un par de cosas, colega. —Deja el colegueo, Oliver —rebato—. No es el mejor momento para tus juegos. —¡¿Mis juegos?! —su grito me sobresalta. Es bueno que las paredes sean insonorizadas; aunque por el cristal puede verse el exterior. Todo parece despejado y estoy casi segura de que Fabiola es la responsable. Mi amiga es la mejor secretaria del mundo—. ¿Estás molesta, Lysa? —¿Molesta? —río efusivamente—. Por supuesto que no. Mi socio y supuestamente amigo mantenía una relación en secreto con mi hermana. Ahora, de la noche a la mañana, las dos personas más importantes de mi vida van a casarse. Y ninguno de los dos tuvo la cortesía de decirme nada. Me habéis mentido y traicionado delante de mis narices. Ahora dime, Oliver: ¿por qué habría de estar molesta? —Vale, estás muy molesta. —¡Vaya! Deberías ser detective en vez de abogado —replico con una sonrisa forzada en mi rostro. —Dejemos el sarcasmo a un lado, ¿vale? —no digo nada; en su lugar, bufo—. Tienes toda la razón. Debería habértelo dicho; ambos debimos hacerlo. Pero debido a nuestra cercanía y la de nuestras familias, no queríamos divulgarlo antes de estar seguros. Si lo nuestro no funcionaba, habríamos pasado todos por una situación desagradable. —Tus argumentos son bastante lógicos —admito, un poco más calmada. —De igual forma, debí decírtelo. Eres más que mi socia, Lysa; eres mi amiga, mi colega —se sienta en el escritorio y une nuestras manos sobre su regazo—. Lo siento; de verdad lo siento. No volveré a ocultarte nada nunca más. Lo he entendido, ¿vale? «Te equivocas, Oliver. No entiendes absolutamente nada…» «Pero no puedo culparte» —¿Seguirás enojada conmigo? —frota mi nariz con la yema de sus dedos y consigue su objetivo, haciéndome reír. —Estás haciendo trampa —le reprocho. —Estoy dispuesto a exponer todos mis alegatos en este juicio —advierte. —¿Y cómo se declara, señor Saunders? —cuestiono. —Culpable de todos los cargos, señora —se señala a sí mismo—. Prometo compensarla con servicio comunitario. —¿Qué tipo de servicios? —le sigo el juego. Simplemente no puedo enojarme con él. A fin de cuentas, el motivo de mi molestia es otro. —Un bono gratis de tés verdes y helado de vainilla en Fifty’s, por todo un mes. —¿Incluido los fines de semana? —Dame un respiro, mujer. —No sé —le escruto con la mirada—, tengo que pensarlo. Los cargos son bastante serios, señor Saunders. Podría condenarlo a cadena perpetua. —Prometo ser un ciudadano ejemplar, señora jueza —intercede—. Incluiré un desayuno y una cena en el bono. —Vale, lo tomo —adjudico—. La sentencia ha sido declarada, señor Saunders. —Agradezco su buena voluntad en este criminal reformado. Niego sin dejar de sonreír. Es imposible enojarme con él. Oliver siempre saca lo mejor de mí. —Solo espero que no vuelva a repetirse. Ahora, necesito que tu celebro brillante sincronice con el mío y nos pongamos con este caso. —Tranquila, colega —vuelve a su trato habitual—. Te prometo que ganaremos este caso y seremos los putos amos de los tribunales en el estado. La situación se ha contenido por el momento; pero estoy segura de que lo peor está por venir. *** Observo las calles de Seattle a través del cristal. Me encanta ver a la gente caminar en la acera y al mismo tiempo, a los coches pasar a gran velocidad; me relaja. Es como si el mundo continuara girando allá afuera mientras yo me quedo quieta en mi sitio. Sin embargo, hoy nada puede relajarme. Doy un sorbo a mi copa de champán sin desviar la mirada del exterior. Flores, chocolates, pasteles, vestidos… Estoy un poco harta y siento que en cualquier momento voy a explotar. Aun me pregunto cómo me dejé convencer para hacer esto: madrina de bodas. El hombre que amo se casará con otra y yo debo caminar por el altar con una espléndida sonrisa. Dios, incluso tengo que dar un discurso en la fiesta. No quiero hacer esto, pero cómo negarme a una petición de mi hermana mayor. Ella me apoyó cuando mis padres se opusieron a mi decisión de dejar el mundo de la moda. Kate siempre ha estado ahí para mí; no puedo fallarle. Sonrío y engullo lo que queda de champán en mi copa. Mi vida parece sacada de un culebrón mexicano. —¿Lysa? —Hmmm —murmuro distraída ante el llamado de mi madre. —¿Qué te parece? Me giro para ver el motivo de su pregunta y me topo con mi hermana vestida de novia. Incluso lleva velo. «Oh, Dios; esto realmente está sucediendo» Mi madre, Kate y Abbey me observan expectantes a mi respuesta. «¿Desde cuándo les importa mi opinión sobre estas cosas?» Me pongo de pie y vuelvo a llenar mi copa con champán. —Sabéis que lo moda no es lo mío —declaro sentándome en el cómodo sofá nuevamente—; pero debo confesar que te ves preciosa, Kate. El vestido parece hecho a la medida para ti. —Lo es —repone mi madre y volteo la mirara de forma involuntaria. —Gracias, mamá —intercede mi hermana—. Gracias por este regalo —se contempla en el espejo mientras gira sobre sus pies. Kate se ve pletórica de felicidad. «¿Y quién no?» «Después de todo, se casa nada menos que con Oliver Saunders» »Realmente creo que es el vestido indicado para mí. —Secundo —señala Abbey—. Mi hijo se quedará con la boca abierta en cuanto te vea. —Ese es el objetivo, Abbey —Kate le guiña un ojo a su futura suegra y todas sonreímos; aunque mi sonrisa es un poco forzada. Abbey y Moira están más que felices con este matrimonio. Con él, nuestras familias quedan unidas legalmente. Es como su sueño hecho realidad. —Puedo darme por satisfecha como madre —interviene mi madre—. Mis dos hijas son unas triunfadoras y ahora la mayor unirá su vida junto al yerno de mis sueños. Solo espero que la pequeña de los Maxwell no se demore mucho —añade observándome de reojo—. Quiero muchos nietos. —No empieces otra vez con eso, mamá —apunta mi hermana—. Ya lo hemos hablado. Oliver y yo queremos esperar unos años; nuestras carreras se encuentran en auge ahora mismo. Además, tengo contratos firmados con prórroga de hasta tres años. —Lo sé, hija; lo sé. Abbey y yo lo hemos entendido —la aludida asiente, confirmando las palabras de mi madre—. No me refería a un futuro inmediato. Aunque si Lysa se casase, la situación sería diferente. —¿Porque no soy modelo? —salto enseguida. A pesar de que han aceptado mis decisiones, a veces mis padres no pueden evitar soltar uno que otro comentario de este tipo—. Pasaré por alto el hecho de que has valorado el trabajo de Kate por encima del mío —agrego cuando la futura novia se dirige hacia el probador a cambiarse—, porque no quiero arruinar el día de mi hermana. Pero no quiero escuchar otra de tus indirectas hoy, mamá. Abbey nos mira, pero no dice nada. Ya ha presenciado una que otra escena semejante. —Hoy estás de un humor pésimo, Lysa —replica mi madre—. ¿Se puede saber qué te pasa? —No me pasa nada. —Creo que es hora de que te pruebes tu vestido, Lysa —interviene la señora Saunders mientras señala la asistente de mi madre que viene con las telas púrpuras perfectamente envueltas en plástico—. Ahora es tu turno, cariño. Cierro los ojos e inhalo profundamente—. Mantengamos la fiesta en paz, ¿vale? —De acuerdo, cariño —asiente mi madre—. Te juro que no lo dije con mala intención. ¿Sabes que me siento muy orgullosa de ti, cierto? —Lo sé, mamá —suspiro—. Lo sé. Ahora, terminemos con esta tortura de una vez por todas. Tomo las prendas de vestir en mi mano y dejo que por unas cuantas horas, mi madre cumpla su fantasía de jugar a las muñecas conmigo. *** —¡No, no y no! —exclama el profesor exasperado—. ¡Lo estáis haciendo mal otra vez! Bella Kate, el vals es un baile suave, delicado y espontáneo. Debes confiar en tu pareja y dejar que él os lleve a los dos. La sutileza vuestra química le dará erotismo a la danza. Eres preciosa, sensual, una diosa, pero necesitas dejar la metodología a un lado y dejarte llevar. ¿Quién lo hubiera pensado? A la diva de la moda Catherine Maxwell le está costando seguir una simple coreografía de vals. —¿Soy una mala persona si disfruto de esto? —pregunta Killian a mi lado. —Entonces, seríamos dos, compañero —Neil no me da tiempo a responder—. Solo míralos, Kate parece regia como una tabla y Oliver fastidiado. —No sé en lo demás, pero en el baile definitivamente no tienen química —continúa el hermano del novio—. ¿Alguien más a parte de mí piensa que estos dos no pegan ni con cola? Momentáneamente me quedo estática y siento cada músculo de mi cuerpo contraerse—. Se quieren, Killian. Eso se a leguas. De hecho, no sé cómo no pude verlo antes. Veo a Oliver susurrar algo en el oído de Kate y ella automáticamente se ríe. De la misma forma en que yo… Niego con la cabeza en un intento de alejar ese tipo de pensamientos. —Cada cual ve solo lo que quiere ver, Lysita —señala Killian. —Sí. Tengo que darte la razón. —Bien —el profesor de baile interrumpe nuestra extraña conversación—. Vamos a dejarlo por un tiempo. Iniciamos el baile de los padrinos. —Vamos, Lysie —me anima Neil—. Enseñemos a esos estirados cómo se baila. —Quiero odiarte, Neil —confieso. Aun recuerdo lo que sufrió mi mejor amiga con su ruptura—. De verdad quiero hacerlo… ¡pero tienes un morro…! —Soy un idiota —admite—, pero soy adorable. Me alejo negando y sin perder la sonrisa hasta colocarme frente a Oliver. Él envuelve mi mano derecha con su izquierda; coloca su otro brazo en mi cintura y yo emito un largo suspiro antes de tocar su hombro. La habitual electricidad corre a través de mis terminaciones nerviosas y me obligo a mojar mis labios con la lengua para combatir la repentina sed. La música comienza a sonar y pierdo la noción de la realidad. No soy consciente de nada ni nadie más; solo él, la suave melodía, yo y el roce de nuestra piel. Un paso, dos, giro, toque… Otro paso, uno más, mi pierna sobre la suya y cabeza hacia atrás… Nuestros cuerpos chocan, nuestras respiraciones se mezclan… y me alejo… Vuelvo, él me envuelve entre sus brazos, su aliento golpea mi oído y giro otra vez… Un paso, dos, tres, nos inclinamos y casi toco su pecho… Vuelvo a girar y la coreografía acaba. Puedo escuchar el sonido de nuestra agitada respiración. Lo miro, él me devuelve la mirada y es como estar atrapada dentro de una burbuja junto a él. Oliver me sonríe y estoy perdida. Su rostro se acerca lentamente, demasiado y cierro los ojos para sentir la calidez de sus labios en mi mejilla. —Siempre es un placer bailar contigo, colega. Un temblor involuntario se apodera de mi cuerpo y fuerzo una sonrisa para disimularlo. —¡Ha sido perfecto! ¡Magnific! —el profesor aplaude—. A eso le llamo yo bailar. Hacéis una pareja explosiva. Podríais inscribiros en un concurso de talento. —Ya sé que si mi negocio quiebra, tengo trabajo como bailarín —Oliver hace uso de su característico humor. «Tengo que salir de aquí» —¿Ha estado bien? —pregunto al maestro. —Ha estado más que bien —responde con una pícara sonrisa. «Oh no, amigo. Deja de confundirme» —Genial. Entonces, puedo marcharme. —Pero… —mi hermana intenta protestar. —Tengo algo que hacer —añado—. Nos vemos después. —¡A las siete es el ensayo de la boda! —alcanzo a escuchar a Kate mientras me alejo. Giro sobre mis pies para observar a mi alrededor: mi hermana sonría, Oliver luce contrariado, Neil me guiña un ojo picaresco y Killian me escruta entrecerrando sus ojos. —Créeme, no lo olvidaré. Rápidamente conduzco a casa. Ni siquiera espero el ascensor; subo las escaleras hasta el octavo piso. Entro corriendo y me desnudo. Saco mis viejos leggins, la camiseta de I love rock and roll y tomo las llaves de la moto. Necesito un poco de sosiego y solo mi vieja Ducati puede dármelo. Mientras conduzco a través de la avenida principal un solo pensamiento se niega a abandonar mi mente. «¿Cómo puedo olvidarme de Oliver?»
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD