4. BODA O TORTURA

1532 Words
Capítulo cuatro: ¿Boda o tortura? Me miro al espejo mientras llevo a cabo ejercicios de respiración. —Eres una mujer fuerte e independiente, Lysa —le digo a mi reflejo—. Puedes con esto y más. —¿Lysa? —escucho detrás de la puerta—. Tienes que salir ya. Estamos retrasados. —Puedes hacerlo, Lysa —repito una vez más antes de abrir la puerta. —Vamos, cariño —Abbey me toma de las manos y me guía hacia el jardín—. ¿Sabes? Siempre me hice la idea de que Oliver y tú terminaríais juntos —inmediatamente me tenso. Esa declaración es algo que no me esperaba—. Sois muy unidos y tenéis algo especial. Me hice toda la película en mi cabeza. No puedes culparme; a fin de cuentas, soy actriz y mi marido es cineasta. Pero ahora he comprendido que lo que vosotros tenéis es una amistad muy bonita y difícil de encontrar y eso es un tesoro de cuantía incalculable, cariño. Me alegra que mi hijo tenga a dos mujeres tan maravillosas en su vida y finalmente los Maxwell y los Saunders unimos lazos familiares. Nuestras sangres se mezclarán. —Eso sonó como el diálogo de una película de época —señalo. —¿Qué puedo decir? Treinta y cinco años de matrimonio dejan huella. De todas formas, recuerda que aun me queda un hijo soltero; y aunque es un Casanova sin remedio, no pierdo la esperanza. —Dicen que la esperanza es lo último que se pierde —alego. —Exacto. ¿De casualidad mi hijo mayor mujeriego pero excesivamente guapo no te atrae? ¿Aunque sea un poco? —¿Killian? —finjo pensármelo—. Noooo. Ambas reímos ante mi efusiva respuesta y es algo que agradezco porque por unos segundos, he olvidad el día, la hora y el lugar en que me encuentro. —Melysa, aquí estás —intercede mi madre—. Tu hermana y yo comenzábamos a enloquecer. ¿Por qué has tardado tanto? Ni que fueras la novia —bufa. —Sabes que no me gusta este tipo de… eventos —encuentro las palabras. El día está siendo más raro de lo que pensé; y apenas comienza—. Pero aquí estoy, mi hermana y Oliver lo valen. Ella no dice nada, pero deja ver una sonrisa llena de orgullo. —Poneros en posición —nos interrumpe la organizadora de la boda—. El show está a punto de comenzar. Me dirijo hacia mi hermana y la abrazo. Luce espectacular y resplandeciente. Kate está enamorada de Oliver, me he convencido de ello—. ¿Estás lista, Ketty? —Lista es mi segundo nombre. —Pensé que tu segundo nombre era Anne —señalo divertida. —Sabes a lo que me refiero —ambas sonreímos y me doy por satisfecha. Kate parece manejar la situación, pero a mí no puede engañarme; se encuentra nerviosa. Tal vez ni siquiera ella se dé cuenta, ya que sería algo nuevo para ella—. Catherine Maxwell siempre tiene todo bajo control. «No puedes controlarlo todo, Kate» —Alguna vez deberías dejarte llevar, Ketty —aludo. Es un consejo que le doy cada vez que se me presenta la oportunidad. —Tendré en cuenta tu consejo, pero no hoy. Hoy todo debe salir perfecto. —Señoritas —Neil aparece en escena—. Querida Kate, luces espléndida. Menudo vestido de novia. —Y no has visto la ropa de noche —mi hermana le guiña un ojo. A estos dos les gusta picarse constantemente. —Vamos, vamos —la organizadora nos apura. —Lysa —Neil me extiende un brazo—. Será todo un placer desfilar por la pasarela a tu lado. —Sabes que tu actitud zalamera no funciona conmigo —le apunto con un dedo índice—; pero no me queda más remedio. —Nos vemos en el altar, Kate. Instantes después, camino por la pasarela junto al padrino de Oliver. El novio me sonríe con un brillo especial en los ojos y le devuelvo el gesto. He imaginado esta escena muchas veces, he soñado con ella. Sin embargo, en ninguna de las alternativas me imaginé de madrina de bodas. Killian le extiende los anillos y Neil y yo envolvemos a la pareja con una especie de lazo. —Os declaro marido y mujer. Podéis besaros. Cuando sus labios se unen, mi instinto me ordena desviar la mirada y curiosamente me encuentro con la de Killian. —Oliver es mi mejor amigo —Neil comienza su discurso—, mi hermano. Cuando teníamos dieciséis veíamos revistas guarras en su habitación —el público se echa a reír—. Él veía a las modelos y me decía «algún día me casaré con una así de guapa». Y bueno, aquí estamos. Kate es la mujer más caliente que he conocido, tiene una cuenta de banco con muchísima pasta —volvemos a reír. Incluso yo me he olvidado de mis nervios—. Y es una persona extraordinario. ¡Lo tiene todo! Sí, Oliver es mi mejor amigo, mi hermano…, y un cabroncete con suerte. Me siento muy feliz por ti, compañero y me alegra ver que dos personas tan maravillosas como vosotras os hayáis unido para compartir vuestras vidas. Y creo que ha llegado el momento de dejar de hablar mierda; así que aquí os dejo con la madrina más guapa de la fiesta. Suerte —añade en un susurro. —Gracias, Neil —digo frente al micrófono—. Aunque no sé como sentirme respecto a tu comentario; debido a que soy la única madrina en la fiesta —el público ríe una vez más—. Llevo semanas con una agenda y una pluma encima, pensando muy bien lo que debía decir hoy. Y por más que lo pienso, no puedo encontrar las palabras adecuadas. Por un momento siento cómo se me cierra la garganta. »Kate, eres mi hermana mayor, mi roca, mi persona favorita y solo Dios sabe cuánto te quiero. Por tu felicidad estaría dispuesta a todo… —trago saliva para poder continuar—. Y Oliver… no puedo explicar lo que siento por ti —la voz me tiembla y debo detenerme unos segundos—. Me has ayudado a crecer en todos los sentidos. Mis logros, mis éxitos hasta el día de hoy, en gran parte son gracias a ti. Te debo mucho; os debo a los dos mucho… —carraspeo—. Pero hoy no se trata sobre mí, sino sobre vosotros. No hay gran discurso, no hay palabras aduladoras. Kate ama a Oliver y Oliver ama a Kate, eso es todo lo que importa. Solo deseo que seáis muy felices. Porque vuestra felicidad es la mía también. Así que, pido un brindis por Catherine y Oliver Saunders —un camarareo me extiende una copa y la alzo hacia el frente—. Enhorabuena. —¡Salud! —exclaman todos a coros. *** —El discurso ha sido muy emotivo —comenta mientras bailamos. Aunque seguimos la misma coreografía, no es el mismo baile de hace unos días. Desde aquella escena, he mantenido las distancias, necesito hacerlo—. Las cosas que has dicho… —Solo la verdad, Oliver —le corto. Mi voluntad comienza a quebrarse—. Solo la verdad. —Te quiero, colega. La pieza musical termina y nos detenemos. —Yo también, Oliver. Te quiero más de lo que puedas imaginar —y lo he dicho demasiado tarde. O quizá nunca tuve una oportunidad; supongo que nunca lo sabré—. De verdad os deseo que seáis muy felices. —Ten por seguro que lo seremos —mi hermana aparece en escena. —Os dejo bailar y nuevamente felicidades, chicos. Una nueva canción comienza y las parejas retoman el baile: Kate con su recién estrenado esposo; mis padres bailan juntos y los de Oliver también. Incluso Fabiola baila con su ex; lo que me sorprende momentáneamente. «Ha sucedido» «Ya ha pasado… y ahora es tiempo de salir corriendo» —¿Te vas tan temprano? —Killian me sorprende en la salida—. ¿Por qué no me sorprende? —Tengo algo que hacer —me justifico. —Por supuesto —suelta una pequeña carcajada—. ¿Vas a relamerte las heridas? —¿Cómo dices? —cuestiono sorprendida. —No debe ser nada fácil ver a la persona que quieres casarse con otra y lo has presenciado en primera fila. —¡Lo sabes! —jadeo. —Siempre lo he sabido. —Necesito salir de aquí, Killian —creo que he comenzado a hiperventilar. —Vamos, te invito a una copa. —La verdad, creo que he tenido suficiente alcohol en las últimas semanas. —Entonces a una hamburguesa y patatas fritas —insiste. —No creo que sea buena idea… —He traído mi moto —no desiste. Aprieto los labios con fuerza, meditando la posibilidad—. Vale, me has convencido. Usted lidera el camino, señor Saunders. Y aunque la ley dice que las penas deben ahogarse en el alcohol, las hamburguesas con patatas fritas son una muy buena alternativa.
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