Capítulo 4: Nunca lo amé

2269 Words
New York Rubén     -El caso de mía está un poco fuerte, no tengo porque mentirles o divagar en la información, creo que ustedes mejor que ella están más preparados para afrontar todo lo que ella ha vivido- el doctor dice mientras ajusta sus anteojos –No les voy a decir que es algo sencillo porque no lo es pero necesito mucha paciencia y atención con la niña- asentimos –La policía viene en camino- el hombre dice como viendo hacia la puerta. -Mi sobrina ya paso por mucho así que le agradezco que se abstenga a que ellos vengan, no la voy a exponer a que hable con ellos- mi voz es fuerte y el doctor mira a mi hermana buscando apoyo. Ella se para derecha a mi lado y me toma desde el cinturón y aprieta mi mano que está en la parte baja de mi espalda. -Señora Rodríguez- trata de hablar el hombre y mi hermana aprieta mucho más mi mano. -Por ahora mi hija no va a pasar por eso, ya ha sufrido lo suficiente con todo el horror que vivió y lo que ella misma debe sentir como para hacerla pasar por eso de nuevo- ella habla fuerte y claro dejando en evidencia que hará lo que yo digo. -Digo que es mejor dejar esto en manos de las autoridades- comenta el hombre y vemos como una mujer se posa al lado de él. -Señores- la mujer posa una mano en el hombro del doctor y este le cede las palabras –La niña está mal y creo que lo que sugiere mi compañero es lo más idóneo- me rio casi en su rostro. -Señorita, doctora o mejor dicho mujer- mi voz no es suave ni porque ella  sea la que este delante de mí -¿Sabes cuantos casos de violaciones quedan en carpetas en la comisaria o en las estaciones de policías a nivel mundial?- la mujer se queda muda –Miles, miles de casos están arrinconados, porque los hombres como él- apunte al doctor –Tienen más derecho que las niñas o las mismas mujeres y sabe usted doctora- estaba alterándome y sentía la mano de mi hermana apretándome -¿Sabe usted que es lo pasa cuando un caso de un latino llega a manos de la policía?- ella niega. -Nada, no somos nada para ellos- dice mi hermana ahora irguiéndose. -No soy capaz de poner a mi sobrina en todo este teatro de burla para que su expediente quede guardado en una caja y los violadores libres- me giro y me voy por el pasillo estando aún muy molesto por toda la situación. No me giro y sigo caminando hasta apretar el ascensor, entro de espaldas a todos y cuando se cierra es que me giro. Veo mi reflejo acabado y es cuando más deseo que la señora Russo llegue. Porque si ellos caen en mis manos, será la última vez que verán el sol. **     Reino Unido. Elle Russo.   Veo como estamos metiendo las maletas en el auto que está muy alejado ya de la cabaña, Emilia está un poco gruñona pero no puedo hacer mucho, tengo que resolver algunas cosas antes de volver a tenerlas en mis brazos. Mi hermana es la que conduce mientras yo voy en el asiento del copiloto, me giro un poco y veo a mi sobrina aun con los brazos cruzados. -Prometo volver- le digo suave, sé que mi hermana debe estar viendo por el espejo retrovisor porque ella alza su vista. Deja salir un suspiro y asiente soltando sus pequeños brazos. -¿Vendrás pronto?- me pregunta y quiero decir que estaré aquí lo más rápido posible pero sé que no es algo que deba prometer. -Hare todo lo que pueda para volver a estar contigo ¿Si?- ella asiente pero aun así se lanza a mis brazos. Como puedo la siento en mis piernas y escuchamos un poco de música suave el trayecto. No duramos más que una hora para poder llegar a una casa de campo inmensa, el blanco y el azul es lo que se podía ver a la distancia. Hellen se baja del auto y vamos hacia el maletero le ayudo a  sacar la pequeña maleta de Emilia. Abrimos el gran portón de madera y vamos junto a la niña, yo estoy cargando la maleta mientras mi hermana carga a su hija. A unos pasos más allá vemos a una pareja de señores que están esperándonos en la entrada con unas sonrisas en sus labios. -¡EMILIA!- dice la señora y la niña salta de los brazos de Hellen para ir corriendo a los de la señora. Vemos como se abrazan fuertemente hasta que llegamos hasta donde están ellos en la entrada. La mujer baja a la niña y esta saluda al hombre que está muy ausente mientras se detiene a mirarnos un poco. -Buenas, soy Elle Davis- me presento estirando mi mano y ellos la estrechan aun con sus labios muy abiertos. -¿Son hermanas?- nos pregunta, ambas nos miramos y sonreímos un poco en nuestro propio mundo. -Sí, ella es mi hermana- habla Hellen cuando sabe que me he quedado un poco rezagada sin poder decir algo ya que este no es mi territorio. -Pero…- la mujer nos señala y ella asiente mirándome por encima de mi hombro. -Es una historia muy larga- ellos dejan salir un suspiro como entendiendo un poco la situación. -Nosotros somos los padres de Joseph- miro a Hellen y ella sonríe hacia mí, entramos cuando el señor me ha ayudado a guardar la maleta. -Sería un placer poder hablar un poco más con ustedes, pero estamos un poco contra el tiempo- mi hermana es la que le dice mientras yo he salido un momento antes para admirar un poco todo el lugar. Es una granja y está bastante habitada, se pueden ver algunos animales muy alejados de aquí y algunos árboles frutales, es sorprendemente grande y al mismo tiempo me siento muy abrumada. Aun puedo recordar la inmensa casa que compartía con Dimitri y como cualquier persona podría esconderse en los tantos lugares oscuros que se podían habitar, aquí por consiguiente las posibilidades suelen ser mucho más altas. Trato de mirar un poco más y al mismo tiempo siento que el aire me falta, los grandes árboles y todo me está llevando a un punto que no puedo detener. -Elle- dice mi hermana sorprendiéndome. -¡¿Qué?!- suelto casi en un grito alejándome de ella, mi mano está en mi pecho y cierro  mis ojos dejando salir grandes bocanadas de aires, sentía como mi cabeza comenzaba a latir del malestar –Lo siento- le digo aun tratando de calmar mi respiración. -¿Estas bien?- me pregunta la señora, no me había percatado tampoco que estaba cerca de mí. -Disculpe, solo me altere- agito mi cabeza, me giro a la señora y asiento antes de ir caminando rápidamente hacia el auto de nuevo. Me subo en el asiento del conductor y espero que Hellen entre, la veo hablar algunas cosas con la abuela de Emilia y luego subirse al auto. -Lamento asustarte, no pensé que estuvieras tan ausente- niego arrancando el auto lo más rápido posible para alejarnos de aquel inmenso lugar. -Solo detesto los lugares amplios- le confieso mirándola un poco antes de volver a mirar el camino de tierra. -¿Por tu pasado?- ella me pregunta y asiento. -Por todo el desastre que tengo- suelto con un poco de rudeza logrando apretar fuertemente mis manos en el volante – ¡Por toda la mierda que cargo encima!- suelto con molesta pegándole al volante del auto. El movimiento del auto es un poco brusco hasta que luego de unos minutos más de carretera de tierra llegamos a una de las vías con pavimento. -¿Segura que deseas manejar?- me pregunta mi hermana y asiento un poco hacia ella. -Necesito distraerme, además este auto será devuelto pronto o por lo menos eso es lo que espero hacer- suelto una sonrisa mientras aprieto también la música. -La madre de Joseph me ha dicho que nuestro parecido es muy grande- me dice ella con una sonrisa en sus labios. -Creo que no es la primera vez que logramos que la gente se asombre- le digo y ahora es ella quien sonríe. La veo bajar su ventanilla y se apoya en ella recibiendo la brisa fría en su rostro –No hagas mucho eso, te puedes resfriar- le digo y ella asiente. -A veces el frio es lo que necesitamos- me dice un poco alejada mirando hacia los demás autos que están pasándonos por los costados –Elle- me llama y golpeo su muslo para hacerle saber que estoy escuchando todo lo que ella me quiera decir. -Dime- tamborileo en el volante mientras una de las bandas británicas suenan en la emisora. -¿Te has arrepentido de hacer algo malo?- su pregunta me deja un poco descolocada y aquello sí que no sé cómo respondérselo. -¿A qué se debe eso? O mejor dicho ¿A qué se de esa pregunta?- vuelvo a preguntar un poco insegura de saber que responder,  porque cada cosa que pueda decir puede ser usada en mi contra, sonara tonto porque es mi hermana pero mis secretos han estado guardados muy profundo de mi como para irlos soltando rápidamente a diestra y siniestra. -Vamos, dilo ¿Te has arrepentido antes?- vuelve a preguntar mientras ahora se vuelve a sentar derecha para mirarme. -Dime ¿Por qué estas preguntando eso?- contra ataco ahora yo pero ella se encoge de hombros -¿Has hecho algo de lo cual te arrepientas?- pregunte pero ella me mira con una ceja alzada. -Aun no lo creo, no lo sé-  sus palabras son un poco misteriosas pero aun así no creo que yo esté en buenos términos para andar diciendo algo referente a ello –Quizás aún no, pero puede ser- se encoge de hombros y le palmeo el hombro. -No hagas algo estúpido ¿Si?- le dedico una sonrisa pero ella se queda ausente y luego me sonríe un poco alejada de todo lo que estamos diciendo. -Ya lo he hecho y la amo- dice con gracia y me quedo pensativa sobre eso y luego asiento. -¿Cómo conociste a Joseph?- le pregunto un poco suave para poder cambiar un poco el tema, pero aunque quisiera decir que es un buen tema para sacar a relucir, la postura tensa de mi hermana me está dejando claro que no es la mejor opción de tema –Solo que nunca hemos hablado de eso- me encogí de hombros restándole importancia. -¿Importa?- suelta, sabía que diría algo así, pero dejo el tema en el aire. -¿Qué tal el clima?- le pregunto de nuevo pero ella suelta una carcajada mientras niega. -Eres mala sacando temas de conversación- escucho mientras baja un poco el sonido de la música en el estéreo. -Siempre me sacan los temas, no tengo que hacerlo- alza su ceja alejándose con una mueca de sonrisa. -Yo trabajaba en la empresa textil, se supone que con eso ayudara a nuestros padres a salir adelante y todo eso, pero un día una de las señoras de la recepción hacia pedido su tiempo de baja, buscaron una cara bonita para que ahora se encargara de recibir a los compradores- niega con una sonrisa –Yo no me postule porque al final era más fácil lidiar con telas que con personas- giro mis ojos y asiento entendiendo lo que ella me decía –Así que sin yo postularme el dueño del lugar me dijo que él me quería a mi atendiendo la tienda, yo me había negado pero el insistió que sería buena y la paga aumentaba por tener que atender, y para mí un aumento de sueldo siempre me venía bien- -Entonces acepte y tal como él dijo,  a la semana siguiente era yo quien recibía a todas las personas en la tienda. Por mi todo iba bien- alza sus manos jugando con ellas –Dentro de lo que cabe- ladea su cabeza –Entonces un día llego el, estaba vestido de militar y parecía como un toro en una tienda de porcelana, parecía muy perdido hasta que se acercó a mí, que obviamente lo estaba viendo de reojo, creo que por eso se acercó- -¿Fue amor a primera vista?- pregunte un poco asombrada. -Podría decir que si, podría decir que no, lo ayude hasta que hizo su compra y luego de pasarme su número se había marchado- se encoge de hombros –Lo demás llego por si solo- -¿Por qué dices eso? Sobre que puede que sí o no ¿Estabas enamorada de él o no?- volví a preguntar por la confusión que me había dejado su respuesta. -Allí dejaremos el auto- me dice y entre al lugar pero no deje que se bajara tan rápido, ella se suelta y abre la puerta. -¿Amaste a Dimitri?- su pregunta me deja un poco fuera de lugar, cierra la puerta y yo salgo detrás de ella para ver a un hombre esperándonos –Sacaremos nuestras pertenencias y todo estará listo- dice ella y el hombre nos mira de un lado a otro. -¡Wow!- murmura –Son parecidas- comenta con una sonrisa. -Quizás eso es lo que necesitamos cuando lleguemos, parecernos mucho más- se gira y va a sacar nuestras maletas. Estoy más que segura que no ame a Dimitri, es decir, ella nunca amo a Joseph.
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