RESACA

1200 Words
La cabeza me martillaba, la luz calaba en mis ojos igual que dos hogueras, mi garganta estaba más seca que el desierto del Sahara, la combinación de esas tres cosas solo podía significar una cosa, resaca. Me arrastre por las sábanas rosadas que adornaban la cama hasta alcanzar mi teléfono 10:00am por suerte es sábado o de lo contrario en este momento estaría metiendo todas mi pertenencia dentro de una caja con una hoja de despido inmediato en mi mano. Reconocí inmediatamente el color rosado y la decoración alegre, por razones que desconozco amanecí en casa de Marion. Un gruñido escabroso se escuchó proveniente del cuerpo de mi amiga tirada sobre la cama justo a mi lado en una posición bastante incómoda. — Creo que morí y acabo de resucitar. — Susurro con un sonido aguardientoso. — Ni siquiera recuerdo lo que pasó. — Dije colocando una almohada sobre mi rostro para resguardarme de la luz. — Necesito cafeína. Levanté la mano en acuerdo con mi amiga, si lograba levantarme de la cama me serviría una gran taza de café. Con un esfuerzo sobre humano salimos de la comodidad de la cama y logramos llegar a la cocina y preparar tanto café como para vender. — ¿Recuerdas algo de anoche? — Pregunto un zombie parecido a mi amiga con una taza de café pegada a los labios. — No mucho, lo último que recuerdo es a Jake llegando con más bebidas, nosotras bailando y después mágicamente aparecimos en tu cama, Creo que soñé con Rhys. —Dije después de un rato. No sé que salió de mi boca porque mi amiga de pronto de pronto levanto la vista, alejando cualquier rastro de resaca de su rostro. — Por dios ¿fue un sueño humedo? dime qué si. — Pregunto con genuina curiosidad. — Dios, Marion no. — Negué con la cabeza y le regale una sonrisa. — Estaba tan sexy anoche, con ese estilo tan relajado. — Mmmh no está mal supongo. — Vamos, no tienes que fingir conmigo. — ¿De que hablas ?no estoy fingiendo — Se que te parece tan sexy igual que a todas las mujeres con un par de ojos, es imposible negar lo apuesto que es. — No estoy ciega Marion, se que es apuesto, pero no tiene ese efecto en mi, no me pone loca con una mirada ni muero por estar con el. O al menos eso pensaba antes de aquel sueño, era borroso pero recordaba algunas partes, él cerca de mi soteniendome de la cintura, él acomodando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, él hablándome al oído, su aliento golpeando mi mejilla mientras susurraba: eres hermosa less. — Tierra llamando a Alessandra. — dijo mi amiga tronando los dedos frente a mis ojos. — lo siento creo que me quedé dormida.— mentí. — Si, claro, ¿estabas recordando tu sueño humedo? — Basta Marion, no fue ese tipo de sueño, ya ni lo recuerdo. Puso los ojos en blanco en seña de que no me creía ni una sola palabra. No era del todo mentira, si bien no fue un sueño humedo logro provocar algunas sensaciones extrañas en mi entrepierna. Arrastrando los pies me levanté de la silla y sin ánimo camine por la habitación hasta encontrar mi bolso y mi portátil, de golpe lo solté sobre la mesa y comencé a revisar correos, costumbres adquiridas, después de trabajar un año para un jefe adicto al trabajo, me acostumbre a revisar mi correo cada mañana, incluso los fines de semana, y aquí estaba un sábado al medio día con una resaca de muerte revisando mi correo para asegurarme de no tener alguna tarea por realizar. Un correo en especial llamo mi atención, en los últimos días había estado enviando correos a distintas editoriales para intentar publicar mi libro, después de dejarlo sobre el escritorio de mi jefe y no obtener respuesta decidí buscar en otra dirección, era la primera en responder, me mordí el labio antes de revisar el contenido, por un momento olvide que la cabeza estaba por explotar me. De: apublicaciones@bbeditorial.com Para: ardz@outlook.com Asunto: Re: Amor en guerra. Buen día señorita Rodríguez, lamento informarle que la publicación de su libro ha sido denegada, ya que no pertenece al género que manejamos para nuestras publicaciones, le deseo mucho éxito. Saludos cordiales. Bob Ben editorial. Cerré la computadora y me recargue contra la silla soltando todo el aire de mis pulmones. — ¿Todo bien linda? — Pregunto mi amiga, preocupada por mi reacción. — Si, no, no lo sé, una de las editoriales respondió mi correo y bueno, no lo publicarán. — Son idiotas, la historia es increíble, lo digo yo que me masturbe con las escenas candentes. — Basta Marion, no quiero esa imagen en mi mente. — Aún tienes más opciones, no te desanimes. — Apretó mi mano en un gesto de empatía. — Estaré bien. — Asegure a pesar de no sentirme tan confiada en mis palabras. — Puedes publicar independiente. — Es imposible que pueda pagar el costo. — Tengo algunos ahorros..... — No Marion, no lo digas, jamás aceptaría. — Por lo menos déjame ayudarte a conseguir el dinero. — Pedirle un aumento a mi jefe no es una opción. — Sonará algo extraño pero, tengo una idea. — Se levantó de su lugar y corrió hasta la credenza, abrió uno de los cajones o revolvió todo en su interior hasta encontrar una hoja de papel arrugado.— Toma. — Me entrego la hoja. — ¿Evento de caridad? creo que no me has entendido Marion, no tengo dinero y tú quieres que haga una donación. Mi amiga soltó una carcajada antes de arrancar la hoja de mis manos. — Cada año hacen estos eventos donde se subastan cosas y las ganancias, las donan a distintas fundaciones o causas, tengo una amiga que es parte del comité de organización y este año la subasta será de solteros. — ¿Puedes repetir eso? — Pedí incrédula por lo que acababa de escuchar. — No, se que me escuchaste, bien como te decía, a los solteros que participen les das un porcentaje de la cantidad que oferten por ellos, normalmente ellos eligen a los participantes, se les envía una carta para pedir su apoyo y participación bla bla bla, pero se que si le explicó a mi amiga la situación podrá incluirte en la subasta. — No, no, no, es una locura, no lo haré, no pienso venderme. — me levanté de mi lugar y camine por la habitación. — No te vas a vender, no del todo, solo son veinticuatro horas. — No, eso es... no lo haré. — Pues solo pensarlo, la última vez que se hizo algo así ganó como diez mil dólares. La cifra no sonaba nada mal, con esa cantidad podría publicar mi libro sin necesidad de que alguien lo aprobara, yo podría correr con los gastos de impresión. La idea dió vueltas por mi cabeza durante algunos minutos hasta que la obligue a desaparecer, no lo haría, no me vendería por unos cuantos dólares, aunque fuera Miles de dólares, no hay manera de que lo haga.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD