3. Un café

1156 Words
Ariadna: Vi el mensaje en la pantalla y trague grueso, definitivamente esto no me lo esperaba, entonces no noto mi presencia en la oficina y eso me dejaba un poco tranquila, esperando a no ser la próxima en trabajar junto con él, no por ahora. Borre el mensaje de mi buzón de entrada y Edward carraspeo a lo cual, supuse era en señal de atención. Gire mi cabeza hacia el lado del piloto y le dedique una sonrisa. —En un futuro, ¿cómo te visualizas? —¿Cómo me veo? —Si, ósea, lo que esperas de esta carrera, este trabajo y eso. Suspire y vi mis sueños apañados con un velo, y detrás de ello, el rostro de mi bello amante de la noche anterior. —Pues me veo desempeñando mi carrera bien, ya sabes. Él sonrió y siguió viendo su camino, luego de unos minutos, aparcamos en un café, me quedé asustada pensando en que significaba esto, pero no dije nada y espere a que él hablara. —Sé que no le aceptarías un café o algo más, pero aquí estamos, me agradas y quiero conocerte más, como amigos claro—espeto. Esto me ayudaría a no pensar en Taki, por lo menos un tiempo más. Son más que decir, acepte, bajamos del auto y entramos a la cafetería, era muy mona y el olor del grano me molaba bien, así que me fui a sentar a una de las butacas y él se sentó frente a mi, sonriendo. Es un chico demasiado dulce y atractivo, pero no es mi tipo de hombre, no podía sacar de mi mente a mi bello japonés con cuerpo escultural, solo de recordar lo que hacíamos hecho anoche, me mojaba las bragas y mi ser se prendía. Mis mejillas se pusieron con colorete, así que mejor espabile y me concentre en lo que estaba actualmente; conociendo a un amigo. —¿te encuentras bien Ari?—dijo, mientras la mesera seguía esperando mi pedido. —Cla, claro. Perdón es que no dormí mucho, quiero un americano y unas magdalenas, gracias. La chica se me quedó viendo y Edward le tradujo lo que le había pedido, mi japonés no era tan bueno y, aunque amaba la cultura, aún no me adaptaba del todo. Estuvimos conversando, comimos y reímos, para todo eso ya eran las ocho de la noche, el tiempo se había ido volando. —¿Te llevó ahora a casa?—preguntó, mientras asentí con la cabeza. Él se levantó y fue a pedir la cuenta, en cuanto gire mi rostro hacia el vitral grande de la cafetería, iba él, Taki… pasando como si nada, hablando por teléfono y enfundado en un blazer color beige, le se taba de maravilla, todas las personas ml veían, su porte imponente, su virilidad al caminar tan seguro de si mismo como si fuese el dueño del mundo, derrochando testosterona en cada paso… él simplemente no se daba cuenta de lo que ejercía cada que caminaba o se le veía pasar por otro lado, definitivamente era un hombre deseable en todos los sentidos. —¿Te gusta lo que ves? —¿cómo? —Viste pasar a Taki Nakamura San ¿te gusta no? Sonreí y asentí. —si me gusta, pero obviamente jamás se fijaría en una mujer como yo, aparte que veo que no es como lo pintan. —¿Cómo un tirano cruel y amargado? No, no lo es, pero debe tener esa imagen con todos, supongo. Eso me dejó pensando, porque el Taki que yo conocí no es ese hombre que va caminando, prefiero el hombre amante, el salvaje en la cama, al que me beso hasta los sentidos y me hizo sentir una verdadera mujer. —Obvio, no creo que sea así de cruel, pero bueno. ¿Me llevas a casa? —Claro, vamos. Nos fuimos hacia el carro, mientras que a lo lejos vi a Taki subirse al camaro n***o, y en ese momento decidí ya no pensar más en ese tema. Llegamos por fin a mi loft, me despedí de Edward y entre a mi nido, con la contestadora llena de mensajes de mamá y mis hermanos, pero, en este caso, León era el que me preocupaba por su situación con la chica malagueña, tome el teléfono y le hice una video llamada por w******p, la cual contesto, empezamos a hablar de todo y llegue a donde necesitaba… desahogarme con mi hermano mayor. —Ariadna Montserrat, ¿te acostaste con tu jefe?, ¿pero en que pensabas? —¡No grites!—exclame nerviosa—, no sabía que era mi jefe, lo juro León, es que lo conocí en el avión y luego se cruzo en el Izakaya, yo no he hecho nada malo, solo enterarme al otro día que era mi jefe. —No pues, que vamos a creer que esto te esté pasando, ¿él ya lo sabe? Yo leí un poco sobre ese tío, y ¡joder! Dicen que no acepta relaciones en el trabajo, mucho menos con empleados, es hijo único y ya es mayor, tiene 31 años… —La edad no interesa sabes, tu lo sabes bien, tu novia es menor que tú —Pero es mi novia y la futura madre de mis seis hijos, lo quiero todo con ella y es diferente la situación, Montse. Reímos y me puse en modo serio, otro mensaje de Taki llegó a mi celular. —Hermano, te hablo luego vale, nada de decirle a mamá lo que está pasando y a papá peor, ¿me lo prometes? —Claro tonta, descansa. Terminamos la llamada y me metí al mensaje de texto de Taki, no entendía porque no me escribía por w******p, le sería más fácil. “—¿Hasta cuando me seguirás ignorando Ari? Debo verte, dime donde encontrarte, por favor—“ Taki—. Solo leer eso, mi corazón se estrujo, así que me decidí por llamarle. ¿Estaba actuando bien? No lo creo, pero en serio quería verlo y comérmelo a besos, sentir su piel y continuar con lo prohibido. Al primer timbrazo respondió —¿Por qué me evitas? —Hola, estuve ocupada, no había visto tus mensajes… ¿Por qué no usas w******p? Sería más fácil por ahí. —Odio la tecnología en ese sentido, me gusta mucho estar en mensajes de texto, pero por ti, podría hacer una excepción. —Te mandaré mi ubicación, a mi loft… te invito un café. —Instalare eso y en ocho minutos estoy donde sea que estés —Claro, debemos hablar. Colgué la llamada y en menos de cuatro minutos ya me estaba escribiendo el dicha red social, le envié mi ubicación y ese café, sería el inicio de mi tortura, porque la mentira de no decirle dónde trabajaba estaba a días de caer por mis pies, dejándome vulnerable ante él y mi trabajo, el de mis sueños.
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