IX La luz tan blanca que se proyectaba del techo la molestaba demasiado. El murmullo de tantas voces, el movimiento constante de su cuerpo, las punzadas por todos lados, la mascarilla en su rostro, el dolor, el insoportable dolor que no podía expresar más que con lágrimas de sus ojos. Un gentil hombre decía insistente que le pusieran una medicina para que no sintiera, Emma no entendía muy bien el qué, pero agradeció en el alma poder dormir luego de eso. Vulnerable, a merced de lo que esos que hablaban en términos tan confusos quisieran hacer, así se sentía. Ella no podía moverse, si quisieran matarla lo podrían hacer sin ningún problema, no obstante, ahora parecía que deseaban salvarla. No se podía mover, había algo en su pecho que parecía la atravesaba por completo, pero que su mascaril

