LIV No se negó que estaba auténticamente asustada, más al ver cómo el automóvil se alejaba tanto de la ciudad. Las luces de los altos postes y los complejos de casas empezaban a desaparecer, dando formas aterradoras a los árboles del camino. Tomó muy fuerte la mano del chico, convencida de que él no podía hacerle daño, tenía fe en sus intenciones, además que debía aclarar todas sus dudas y no había otro remedio que ir a una de las fuentes. No tendría mucho tiempo, además debería volver a casa pronto, tal como lo prometió. —Es acá —dijo Ian, señalando una enorme entrada metálica. La niña bajó una vez el auto se estacionó, pero no se esperaba para nada lo que estaba viendo. Una casa casi calcinada, un jardín muerto y muchos vidrios hechos pedazos. Contrastaba esa miseria con la mucha segu

