Prólogo En el infierno arderemos
El día era gris. El cielo parecía reflejar el estado de ánimo de nuestros enemigos. No seré hipócrita. No me dolía en lo absoluto.
El campo estaba lleno de cuerpos con mirada perdida o al menos una parte de ellos, porque la otra había sido rebanada o ya ardía en la pila de cuerpos que se volvían carbón, dejando en el aire la sensación de estar en el infierno, pero yo estaba feliz.
¿Sería suficiente cubrirme con el manto de la victoria a costa de vidas inocentes, a las que podía ver desde lo alto de mi posición, mientras sus cuerpos entraban ya en descomposición? La respuesta era no. Quería más, aún tenían que pagar aquellos que me lo quitaron todo.
- ¿Lo disfrutas? - Dijo con su voz profunda y grave, la misma que me traía de la muerte para hacerme sentir viva.
—Sí—contesté sin mirar a verlo.
- ¿Pero quieres más verdad? - Dijo mirándome a los ojos y riéndose de manera ligera, y lo miré por primera vez desde que se diera el grito de guerra. Yo también sonreí:
—Sí, quiero más, pero para un hombre de su importancia, que no hace nada sin recibir algo a cambio, supongo que espera una retribución —dije de manera segura y llena de orgullo ante mi conocimiento de ese hombre alto y corpulento, de pocas palabras, pero sumamente letal.
- ¿Tú qué crees? -, dijo haciendo su sonrisa más grande, mientras me tomaba de la cintura; solamente atiné a preguntar si sería en ese lugar, lleno de fuego y sangre, el infierno mismo en la tierra de los vivos, su respuesta no necesitó de palabras, de un solo tirón rompió mi corsé, mi falda fue hecha añicos y un segundo después, el imponente hombre me desnudó en pleno campo de batalla, nuestros hombres prefirieron retirarse o dar la espalda para dejarnos a solas con los cuerpos que se quemaban, los que estaban a medias y llenos de sangre, porque solo él podía desnudarme cómo y cuándo quisiera, pero solo él podía verme desnuda.
Y no encontró mejor lugar…
Que recostarme sobre un charco de sangre, junto al cuerpo caído del rey y su heredero.
Fue así que me embistió una y otra vez hasta dejarme sin fuerzas, pero poco le importó. Estaba en medio de su frenesí, llevándome por el camino más oscuro, pero no me importaba. Lo necesitaba a él y su brusquedad dentro de mí, lo necesitaba para sentirme viva una vez más.