—Has estado muy callado.
Deje la cucharita de plástico en la mesa roja, y lo miré.
—Thomas es callado. Casi no habla si no es lo necesario. —Dijo Peter con las comisuras manchadas de vainilla.
Kange inclinó su cabeza ligeramente y se haciéndome sentir como un pequeño niño con la intensidad de sus ojos. Agache la cabeza y la lleve a mí helado nuez y dulce de leche.
— ¿Puedo verla? La marca.
Subí la mirada, y asentí con algo de duda. Estiré mi brazo suavemente y Kange la observó.
—Esa niña…lo dio todo incluso hasta en la casi muerte. —Kange sonrió entristecido. —Te dio la última reserva que tenía.
Mordí mis labios y deslice mi brazo devuelta a mí. Roce la marca con los dedos, la acaricie como si fuera un objeto de valor, un regalo único.
—Pudo haberse salvado si no lo hacía. —Dije amargamente.
Kange chasqueó la lengua y alargó el brazo para estirarme del cabello. Hice un sonido de queja y sorpresa y vi al hombre mirarme con molestia.
—Vuelve a repetirlo y cavaré tu tumba. ¿Te estas escuchando? Linn no podría vivir sabiendo que moriste por haberse salvado ella misma. Esa niña moriría contigo.
Peter se rio por lo bajo. —Eso es cierto.
Sentí un extraño revoltijo en el estómago.
El tintineó de la puerta y la llegada de Jacob, Oliver y Nicholas guio mi atención a la entrada. Oliver y Nicholas me saludaron con un movimiento de mano y se acercaron a mí, mientras que Jacob me miraba ¿Arrepentido?
“Idiota.” Solté en mi interior.
—Hey amigo. —Choque manos con Nicholas, y el tomo lugar en el asiento vacío a mi lado.
—Hey. —Dijo como saludo Oliver a su vez que asentía con la cabeza. Se la devolví con una sonrisa de labios y lo vi correr la silla del extremo de la mesa para sentarse.
Miré a Jacob, el aun dudaba en la entrada. Suspiré, no podía ser tan idiota todo el tiempo.
— ¿Te vas a quedar ahí? —Le pregunté.
— ¡Ven Jake! —Dijo Peter con entusiasmo.
—Hace días no te veíamos. ¿Dónde estabas? —Nicholas reposo su brazo en mis hombros e hice una mueca de lado.
—No son buenos días.
—Te traje algo de la farmacia. —Dijo Oliver con su usual tono indiferente y grave. De su bolsillo saco una pequeña caja blanca y la hizo deslizar por la mesa hasta chocar con mi mano. —Delsy nos dijo que no has estado durmiendo bien.
Leí la caja. Era una medicación para el insomnio. Los miré a los dos con las cejas alzadas.
—Creí haberle dicho que no dijera nada. —Dije con cierta irritación.
—No lo hizo, leímos tu expediente. —Me sonrió Nicholas y dio unas palmadas en mi espalda para continuamente soltarme. —Te has alejado mucho, estábamos preocupados.
Miré a Oliver. El chico era un tipo inexpresivo, pero al verlo asentir y ser testigo de esa mirada preocupada que me lanzaba, no pude evitar considerar si alejarme de ellos había estado bien. Tenía la mala costumbre de hacerlo, como manada siempre cargábamos con las situaciones y emociones de los otros, nuestra conexión lo hacía imposible de ignorar. Y como lo que sentía era tan fuerte, no quería transmitirles eso, no quería hacerles sentir la decadencia en la que estaba sumido.
—Tienes buenos amigos Thomas. —Comentó Kange. —Valóralos.
¿Era una reprimenda?
Oliver y Nicholas se rieron. Justo a tiempo para cuando Jacob llegó con una silla nueva, y se colocó entre Oliver y el hombre.
—Somos los mejores. Pero Thomas siempre anda ocupado.
Oliver estiró una sonrisa ante lo dicho por Nicholas.
—Okey, lo entiendo. Estuvo mal haberlos dejado de lado. —Suspiré resignado.
—Oye. —Dijo Oliver. Lo miré. —No cargues con esto solo. Somos una familia, ¿Lo recuerdas?
Nuestro vínculo con la manada era fuerte y profundo, uno de los lazos más poderosos que los metamorfos teníamos. Lo buscaras o no, esa unión es inquebrantable, no puedes negarlo porque de ti nace el instinto de protegerlos, de acompañarlos, de quererlos. Para los humanos podríamos decirle “familia, hermanos” pero ni las familias eran perfectas ni la sangre hacia amar a todos. Había padres, hermanos y parientes, que dañaban más agudo que cualquier persona con la que no compartieras este vínculo innegable. La sangre que te une a la familia no se niega, existe el parentesco aunque te alejaras, pero tu amor no es leal a ellos. Nunca lo seria.
La manada era una unión que por más que tuvieras diferencias, no puedes evitar sentir amor por ellos ni la lealtad de proteger sus vidas por sobre la tuya. Entre nosotros, todo lo compartíamos, los dolores, las alegrías, las buenas cosas y las malas, lo busques o no… nuestro amor a la manada existe para toda la vida.
Aun así.
Decirlo desde el fondo de tu corazón, con completa honestidad y sin la línea que inevitablemente nos hacía sentirnos como familia, era distinto. Porque una cosa era amar a tu manada porque no tienes de otra, porque tu lobo lo reclama. Como mi relación con Jacob, que pese a nuestras discordias, ten por seguro que el mataría por mí y yo por él. Oliver y Nicholas lo decían desde la sinceridad no solo como lobo, sino como humano.
Y huir de ellos, es como huir de mí mismo.
Sonreí. Quizás con tristeza por haberlos alejado, quizás con felicidad por dejar de sentirme tan solo.
—No quise que sintieran… No quise que vieran… —Les confesé.
—No importa que tan fuerte sea Thomas. —Nicholas me sonrió y apretó mi hombro. —Siempre estaremos para ti.
—Siempre. —Repitió Oliver.
—Siempre. —Siguió Peter.
—Siempre. —Continuo Kange.
—Siempre. —Jacob sonrió de lado.
“Siempre” Me recordé.
Al final era inevitable huir de las buenas personas. Uno se siente indigno de ser parte de sus vidas, quizás demasiado poca cosa como para dibujar un espacio en el lugar donde se hayan sus preocupaciones. No quieres que se preocupen, no por ti. Te aferras a eso pensando que será una mejor idea, ahí es cuando ellos te encuentran y sabes que debes rendirte, porque te lo mereces. Mereces ser escuchado y acompañado, ¿Podía aceptarlo? ¿Podía aceptar que no debía ni tenía que estar solo? La soledad al fin al cabo era otra decisión que tomar, una de las tantas para definir el cómo quieres vivir tu vida.