—Salud. —Lukas elevó la cerveza al cielo y todos hicimos lo mismo. La frescura de la noche y el sonido de los grillos nos acompañaban en la madrugada. Luego de una liberadora confesión emocional, todos estábamos en el porche con latas de cerveza, el rostro perdido y los deseos de una mañana prometedora. —Así que… ¿Cómo es que le han dejado entrar? —Alargue la pregunta. Margot soltó un profundo suspiro. —No tuvieron de otra… les amenazamos con contar la verdad. Carcajeé. —Están locos, no puedo creer que les hayan creído. —Cuando queremos podemos ser intimidantes. —Se rio Liam, apoyando su mejilla en el hombro de Margot. Alcé ambas cejas con sorpresa y picardía. —Ya extraño casa…—Murmuró Nicholas. —Ojala mi prima despierte pronto. —Despertara viejo, es una chica excepcionalme

