Me apoyé en el capot del impala. Un amenazador calor corría por mis venas, advirtiéndome que un paso en falso desataría mi otra forma.
—Pudieron haber causado un accidente. Vengo con un niño, de suerte que los sentí llegar. —Les dije con un aire despreocupado.
El alfa de la manada Dagger, un hombre alto y musculoso de finas facciones dio un paso adelante, siendo seguido por el tercer al mando, un hombre mayor que el por muy poco, de apariencia ruda y atractivo intimidante.
—No jugare contigo Hunt. Iré al grano ya que ambos despreciamos las vueltas innecesarias. —Me dijo Frederic, deteniéndose a tres pasos de distancia entre nosotros.
—Pues hable. —Dicte.
—Te necesitamos para una misión. —Me alejé del capot, con disimulado desconcierto. —Linn Olson no vivirá más de diez días, te seleccionamos a ti y a un grupo especial para ir en busca de un elemento que le salvara la vida a tu novia.
Presioné mis manos y tense la espalda. Su franqueza me irritaba, odiaba de sobremanera que hablara de ella con tanta ligereza. Creí que vendrían a hablarnos de lo visto en el museo, pero al parecer intentaban despistarnos con una situación que sabía que nos ponía de lo más fastidiosos. Pero mi charla con Delsy me decía que esto no era algo improvisado, aun así, podía ver la maliciosa manera que osaron usarlo, para no hacerme escrudiñar en ese asunto por más tiempo.
—Sea más específico. —Prometí arriesgarlo todo. — ¿Qué clase de misión hablamos?
—Existe una flor sagrada que se nos fue robada hace trecientos años, está protegida en las paredes del castillo de los Lilithsson. Cada pétalo suyo puede sanar hasta el condenado a muerte. Si logran recuperar nuestra flor, podemos salvar la vida de la loba roja.
Anthony Black, un hombre de más acciones que palabras, me extendió un pergamino amarillento. Lo abrí con cuidado, temiendo porque se destrozara entre mis dedos. Era el retrato de una flor naranja, de pétalos grandes y alargados que se inclinaban a un lado como si algo las atrajera, con un tallo lleno de espinas y un “corazón” azul fosforescente. A leguas se notaba la rareza de la flor, su forma era un tanto extraña pero aun así se veía bonita. Abajo, en una esquina del pergamino con una delgada caligrafía y ya un poco gastada, decía “Gota del desierto”
—Los Lilithsson vigilan la zona sin descanso, no será fácil, es lo que digo.
—Es sin duda una decisión suicida, ¿Arriesgará la vida de su pueblo por una mujer que no es de su gente? —Inquirí, volviendo a girar el pergamino. Si lograban responder la razón, tendríamos la verdad.
— ¿Por qué traerla a Sawel si luego la dejaría morir? Hice una promesa muchacho. El padre de la chica confía en mí junto a toda tu manada. Y te aseguro que si tú haces lo mismo, saldrás más que beneficiado.
Fruncí el ceño. ¿Qué trataba de decirme?
—Quiero ir también.
Me di la vuelta estupefacto. No, de ninguna manera.
—No puedes…
—Hay una entrada con poca vigilancia. Un túnel de entrada y salida que mucho tiempo atrás era protegido, pero con las reformas del castillo fue abandonado. Mi tío me dijo que seguía estando ahí, pero habrá que ver si aún tiene un acceso fácil o fue bloqueada. —Dijo Peter, y cerré los ojos al ver el brillo de curiosidad que Frederic transmitió con tan buena información.
— ¿Y sabes cómo llegar? —Indagó el alfa.
—No pensara hacerlo parte de esto. Su bienestar es importante para mí, perjudicare al equipo si algo le pasara. Velare por el antes que por nadie y no será benéfico para nadie. —Quería que ambos se sacaran el absurdo de la cabeza. Peter seria mi talón de Aquiles si iba, cualquier porcentaje de triunfo se reduciría a nada si mi mente viajara constantemente en protegerlo.
—Tienes razón. —Me dijo y suspiré. —En cuanto a ti niño, nos darás toda información que sepas.
—Bien, pero no me diga niño.
— ¿Qué?
—Solo mi hermana puede.
Frederic me lanzó una mirada como si yo supiera el porqué del comportamiento tan repentinamente borde de Peter. Solo suspiré y aparte la mirada al bosque. Su hermana… Linn. Era agotadora la angustia que me corría de solo pensar en ella.
— ¿Y qué hay de la reunión de la cinco? —Pregunté, devolviendo la atención a ellos.
Poco me importaba su reacción, o si se preguntaba de donde había sacado yo esa información. La pesadez en el cuerpo que sentía desde percibí sus presencias se volvía mas fuerte con cada segundo, y solo quería irme de ahí y poder respirar. La misión era un mandato al muere, no solo para mí, sino para los lobos de su manada, y tal arriesgada decisión me había hecho preguntar una vez mas ¿Qué tan importante era Linn para ellos? En definitiva no saberlo me agobiaba y me cerraba el pecho, hacia crecer en mi la necesidad de ir a verla, de saber si estaba bien, y si no peligraba bajo las manos –que en algún momento- creí confiables.
—Delsy te lo ha comentado, ¿No es así?
— ¿Hablaran de la misión? —Quería irme, me picaban las manos por hacerlo. —Estaré ahí, puntual.