3. Querer de verdad

1429 Words
Sostuve su mano con firmeza. Sintiendo la piel ligeramente fría y rozando con los dedos las líneas que la trazaban, haciendo el mismo recorrido una y otra vez. Estuve estancado en el banquito de relleno duro por más de media hora, atrapado en el silencio cortado por tu respiración y la mía. Chequeando mi reloj, vi que faltaba una hora para irme. Regresé la vista a ella, posando con suavidad mi mirada en su sereno rostro moreno, y en sus entreabiertos y gruesos labios pálidos y escamosos. Se veía como una muerta, aunque su piel y sus latidos le delataran lo contrario. Su cabello –una vez azabache y brilloso- que como recuerdo, solía acariciar su espalda y menearse dulcemente al caminar, estaba opaco y quebradizo. Ahí postrada, me parecían ver solo restos de la Linn que con tanta admiración me había detenido a observar. Mentiría si digo que no lo recuerdo. No fue espontaneo, pues supongo que me lo busque. Pero lo hice, porque vi en ella algo que me hacía querer conocerla. «—Soy Lukas Hunt y él es mi hermano menor Thomas. —Mi hermano se presentó con aires de grandeza, y ese tintineo travieso que le personalizaba. Yo en cambio me mantuve al margen, analizándola profundamente. Me preguntaba quién era y porque rondaba su nombre en las reuniones de la manada. Ella se veía como nosotros –a excepción de los ojos-, y nos miraba recelosa. Pude notar el disgusto en su rostro al ver mi poca amabilidad. Mi desconfianza no me permitía abrirme aunque se dijera que ella formaría parte del grupo. ¿Por qué? Porque notaba la molestia y el deseo ferviente de desligarse de todo bajo la oscuridad de sus ojos. Era la misma que alguna vez yo tuve, y que con gran experiencia podía identificar. —Discúlpalo, él es así con todos, le tiene un odio irracional al mundo. —Dijo mi hermano con una mueca. Ella no dijo nada, pero continúe viéndola, aunque haya pasado de mí por completo.» Conforme el tiempo pasaba, más me daba cuenta de la persona que era Linn Olson y por más que mi fe nunca existido –a comparación de mis hermanos- por recibir un día la aceptación de la chica, no me tomo desprevenido su huida. Me lo venía venir, Linn Olson era una mujer inestable y desenfrenada, de ojos desorbitados y potentes. Su presencia gritaba lo caótica y abrumadoramente intensa que era, y todos esos sentimientos se expresaban hasta en su mínimo movimiento. Sin embargo, pese a lo esperado que era para mí, no pudo evitar molestarme. Ella hacia lo que yo anhelaba hacer desde que me convertí, esa chica había llegado para romper con los límites de todo y de todos, y ponerse a ella misma como la gobernante de su propia vida. Linn no entendía nada de ese mundo y por eso me irritó su decisión. No fue hasta que volví a verla, cuando reconocí algo distinto en ella. Vi a través de las capas de su enfurecida y destructora bestia, una chica vulnerable, delicada y serena. Y no es que me haya maravillado su debilidad en ese momento, lo que en realidad cambio mi parecer, fue el haberme dado cuenta yo de lo injusto que estaba siendo con ella. El que Linn haya abierto esa ventana esa noche y que –por pura coincidencia- este yo para presenciarlo, fue la revelación que me dio el universo para decirme que nosotros dos éramos más parecidos de lo que yo quería negar, y que por esa causa naciera mi desprecio a su persona. Vi que al final tanto Linn como yo, queríamos hacer de ese mundo del que somos parte, un lugar menos oscuro y solitario. Y justo ahí, cuando pude entenderla y entenderme, fue donde mi perspectiva cambio. A partir de ese momento todo fue en picada y mi afán por querer saber más me llevó a enamorarme. Poco a poco fui descubriendo ciertos atributos que me gustaban, como el sonido de su risa, su preocupación por su familia, su determinación, su fortaleza, su cabello, sus ojos… y cuando me vi parado en la misma línea que ella, cuando descubrí la unión que me vinculaba peligrosamente a su corazón, entendí que ese algo se convirtió en un todo. Pese a lo que me hacía enojar de ella, pese a no entenderla por completo, no podía dejarla ir, no quería dejarla ir. Aun si su corazón latiera por otro, aun si la competencia pareciera muy grande, aun si la muerte le corría, aun si debía enfrentar a los enemigos más fuertes. Aun y aun y aun, no la dejaría ir. —Estas aquí. —La voz de Jacob, suave pero casi disgustado de verme ahí, me hizo alzar la mirada. Aunque sus ojos se posaron en mis manos sosteniendo la de Linn, y vi la ráfaga roja cruzar con ellos, junto a minúsculo fruncido de su entrecejo, no me separe de ella. —Y tu estas aquí. —Le dije. —He venido a verla, como cada tarde. Es cierto, ambos sabemos nuestros horarios. Vengo en la mañana y a la noche, y Jacob por las tardes, no fue un acuerdo, nunca cruzamos palabras y nos sentíamos cómodos con eso. —Olvide que venias. —Le respondí con total sinceridad. Mi honestidad también, me decía que me quedara más tiempo, pero esa misma voz me recordaba que yo era el estorbo en este momento. —Tranquilo, ya me iba. Con pesar tuve que soltarla y dejar su mano en el mismo sitio donde la encontré. Jacob me siguió con la mirada cada paso que hacía, hasta que me paré y di un paso a la salida. —Thomas. —Me llamó antes que avanzara más. Lo vi girando sobre mi hombro, y sus ojos intranquilos me reflejaron un poco de su preocupación. —Tú y ella…—Apreté las manos. — ¿Están juntos? Me giré sobre sí mismo. — ¿Por qué debería responderte? —No quiero que la hieras. —Su honesta preocupación me hizo hervir la sangre. Jacob Denson era un maldito hipócrita.  — ¿Cómo tú lo has hecho? —Me reí de forma seca y alce una ceja. —No bromees conmigo. —Ella no es tu compañera. Perdí el aire. Mis ojos recordaron un viejo rostro que había enterrado y mi corazón se sumió en la angustia, en el antiguo dolor y las profundas heridas. Fue como caer de rodillas frente a Jacob, llorando como un niño, solo que esa representación no fue más que ilusión. Pese a que la verdad estuviera en mi alma desmoronándose por la ventana de mis ojos. Guiado por la rabia y el dolor, me abalancé a Jacob y lo tome del cuello de su camiseta y lo sacudí. — Tú no sabes una mierda de mí. —Mi voz quebrantada no lo inmuto, así que hice más presión en mis manos y los temblores crecieron. —Solo eres un idiota inseguro, estas desesperado por tenerlo todo, y ella no es un maldito trofeo, ¡Maldición, no lo es! —Me altere. Estaba realmente agitado. —Así que no juegues conmigo como lo haces con ella. Porque al contrario de ti Jacob, yo si se querer de verdad. Una lagrima broto de mi mejilla y de la sorpresa lo solté. —La perdiste…—Por primera vez, vi a Jacob demostrar algo más que odio hacia mí. Pero no me quede para comprobar hasta donde llegaba su empatía. Hui con mi propia miseria a un lugar donde nadie me vería desesperado por volver a unir las piezas de mi corazón. Jacob era un idiota, un idiota y un hipócrita. Yo jamás amaría a la mitad, nunca jugaría tan cruelmente con el amor de alguien. Resbalé por una roca húmeda y resbaladiza mientras bajaba por la pendiente en medio del bosque. Si perdía el control, mi lobo sufriría y sentiría el doble, y se haría insoportable. «Es la última vez que te metes en problemas» Cuando caí vi en un destello la sangre en mis manos, más propiamente, en todo mi cuerpo desnudo. La consecuencia y la marca de una acción, guiada por la agonía y la venganza. Me escondí en un ovillo del monstruo que me atemorizaba. El aire frio se volvió gélido y el tronco atrás mío me raspaba la piel como si tuviera filo. La humedad de la tierra mojaba mis jeans y mis lágrimas mis rodillas.  Dolía, dolía tanto… haberla perdido.    
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