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1684 Words
CAPÍTULO 3 Salí de mi barrio en las horas de la mañana, debía admitir que acá casi nadie madrugaba y todo comenzaba a abrirse un poco más allá de las nueve de la mañana, por esa razón, decidí que irme a las seis en punto era la hora perfecta, pero aun así me puse una sudadera con capota y escondí mi rostro. Mi cambio era bastante notable, mis ojos color ámbar estaban ocultos por unas lentillas grises, mi cabello que antes había sido largo y castaño claro, ahora me llegaba a la altura de los hombros de un color rojo brillante. Lo odiaba. Sentía que me veía como una mujerzuela y yo estaba lejos de eso. En la maleta llevaba ropa corta y escotada, tenía que mostrar toda la piel que pudiera y me hacía sentir demasiado expuesta, pero era lo que debía hacer, aunque estuviera en contra de mi persona. Así que ahí iba yo, con un cuerpo de infarto que dejaba la mirada de los hombres pegada, me había ejercitado durante mucho tiempo para conseguir un gran trasero, piernas firmes, abdomen plano y una cintura de avispa que me gustaba mucho. Mi cuerpo me gustaba, me encantaba en realidad, pero no me gustaba ser observada y allá iba yo directito a mostrar mi cuerpo solo para matar a un hombre. Tuve que salir de mi barrio, ir al centro de la ciudad y tomar el bus para volver al barrio, en cuestión de tiempo y kilómetros había sido una estupidez, pero yo simplemente no podía haber pasado de barrio en barrio sin recibir una bala en la cabeza y si fingía que llegaba del centro, ¿Quién preguntaría acaso si era cierto o no? Nadie lo haría. Durante el trayecto en bus, iba repasando el plan en mi cabeza: Llegaría y fingiría haberme escapado de casa porque mi papá me había hecho estudiar una carrera que no quería y prácticamente tenía mi futuro escrito. Había escuchado tantas veces esa misma historia en las chicas del bar, que seguramente pasaría muy creíble que yo dijera aquello. Tenía que decir que quería libertad, hacer lo que quisiera y lo que nunca me atreví, que quería ganar dinero por mi misma y todo sería muy creíble, la entrada a ese barrio estaba más que asegurada. Me tomó dos horas hacer ese viaje, pero cuando llegué, me di cuenta de que aquel lugar era horrible, las calles estaban sucias y llenas de basura, había grafitis por todas las paredes y había fachadas destruidas, ventanas rotas y lo que parecía n***o en la pared de quizás algún incendio. Nunca había imaginado este lugar así, creí que era parecido a mi barrio, limpio, colorido y bonito, esto parecía un lugar abandonado. Quería salir huyendo, pero me obligué a permanecer y seguí caminando. Caminaba mirando el suelo cuando de repente choqué con una persona. —¡Mira por donde caminas idiota! —me gritó furioso, levanté mi cabeza y retiré la capota revelando mi cara, el tipo que me había gritado me miró de arriba abajo dejando sus ojos mucho más tiempo en mis senos y es que llevaba el buso abierto y tenía un crop top que lograba que mis senos se vieran aun más grandes de lo que son en realidad —Vaya, vaya… Pero por fin se me cumplió mi deseo de cumpleaños. Lo miré con el ceño fruncido, pero terminé regalándole una sonrisa coqueta. —Hola, lo siento mucho, no te había visto —lo miré también, él sonrió y se paró mas derecho. Idiota. —No pasó nada, mi amor —evité rodar los ojos con todas mis fuerzas y sonreí nuevamente. —¿Y por qué estabas tan distraída? —Soy nueva, no conozco a nadie y estaba pensando a donde podía ir. —Pues te chocaste con el indicado —me tomó de los hombros y abrió su otra mano mostrándome la calle —. Bienvenida a mi barrio, acá el que manda soy yo. Si, como no. —¿De verdad? —pregunté a cambio de decir lo que pensaba —¡Eso es genial! ¿Podrías decirme un lugar en el cual pudiera pasar unos días mientras encuentro trabajo? —Por supuesto —bajó la mano de mis hombros y la pasó lentamente por mi espalda acercando su rostro al mío —Mi casa. —No quiero molestar —dije tratando de salir de aquella situación, esperaba no terminar en un mal lugar el primer día. —No molestas ni un poquito, podríamos divertirnos nunca —retiré su mano de mi espalda cuando sentí uno de sus dedos tocando mi trasero, me alejé. —De verdad no quiero molestar, conseguiré algo por ahí —caminé un poco —. Hasta luego. —¡Espera muñequita! —me gritó, paré de caminar tomando una respiración fuerte y volteé a mirarlo. —Dime. —No intentaré nada malo —levantó sus manos rindiéndose —, te lo prometo, pero de verdad te puedo ayudar, conozco buenos lugares y no cuesta mucho, también hay diferentes formas de pago. —Bien, me interesa —él sonrió mostrando que tenía uno de sus dientes quebrado. No era un chico muy guapo y su actitud me repelía un poco, pero si podía ayudarme iba aprovechar al máximo conocerlo. —¿De donde vienes? —me preguntó. —Del Poblado. —Ah, una niña rica —me encogí de hombros. —Mi padre es el rico —él rio un poco. —¿Y qué estás haciendo tú en un lugar como este? —levantó una de sus manos —con todo el respeto que te mereces, pero es que no todos los días llega al barrio una nena tan linda como tú. —Problemas familiares, ya no quería estar en casa y me escapé —, él asintió varias veces comprendiendo —unos amigos me dijeron que acá nunca me encontrarían porque la policía no entra. —¡Y dijeron lo correcto! —río a carcajadas como si yo hubiera dicho el chiste más gracioso del mundo —Acá no entran esos tombos, la ley la tenemos tomada por los huevos y acá nunca nadie te encontrará. —¿Me lo prometes? —¿Cómo te llamas? —preguntó. —Soy Laura —ese era el nombre que ya tenía ensayado desde hace mucho tiempo atrás. —Pues ahora eres Karen y si preguntan por una Laura tan hermosa, diremos que no hay nadie como tu en este lugar. —¿Y tu como te llamas? —le pregunté, aunque poco me importaba. —Andrés, princesa. Me llamo Andrés. —Gracias, Andrés. —me acerqué y le di un beso en la mejilla, me limpié los labios cuando no me veía. —Ay mi amor, déjeme decirle que me he enamorado. —Que tierno. —Venga, vamos de una vez. Caminamos hasta llegar a una casa de varios pisos, tenía una puerta blanca y toda la fachada estaba cubierta de una baldosa color verde, él dio tres toques en la puerta y pronto una mujer que reconocí al instante abrió la puerta. Abrí mis ojos sorprendida, intenté fingir que nada pasaba y que todo estaba bien, que esa mujer no era aquella policía que me había engaño y dejado pasar la muerte de mi hermano como si no importara. Perra. —Mi amor —dijo la mujer a Andrés —. No esperaba verte sino hasta la noche. —Te he traído una nueva nenita, busca un lugar para quedarse por un tiempo —la mujer me miró de arriba abajo. Que no me recuerde, por favor. —¿Traes dinero? —moví la cabeza asintiendo, no tenía voz para hablarle. —Bien, cinco mil el día, hay baños compartidos, habitaciones compartidas y si compartes cama con un hombre, no pagas nada. —Te lo dije, hay otros métodos de pago y ese ultimo es el que casi siempre escogen —comentó Andrés sonriendo orgullosamente. —Tengo dinero para varios días —respondí. —Pero como el dinero no es infinito, puedes llamarme a mi para cubrir la primera noche —fingí una sonrisa y bostecé. —Perdón, es que salí de casa desde muy temprano y estoy muy cansada. —Pues no se diga más, dale la mejor habitación que tengas, Angela. Que ella hoy es mi invitada especial. —Lo que tu digas. —Gracias, de nuevo —señaló su mejilla y me acerqué colocando mis labios sellados allí. —Nos vemos pronto, amor —asentí con una pequeña sonrisa. Entré tras la mujer detallando cada parte de la casa, seguía en obra negra, había un juego de sala de color rosado chillón en el lado derecho de la casa, frente a la puerta estaban las escaleras y aquella policía corrupta comenzó a subir por ellas, la seguí. Arriba no había nada interesante, solamente varias puertas a los lados del pasillo, algunas cerradas y otras entreabiertas, Angela abrió una puerta con el pie, me hizo una seña con la cabeza para que entrara. —Es una suerte que mi mejor habitación este desocupada este día, pero no te acostumbres mucho, Andy cambia de mujer cada día. —Por hoy es más que suficiente —, comenté entrando a la habitación, creí que sería una habitación agradable, pero estaba lejos de serlo. Las paredes estaban pintadas de un rosa claro que no me gustaba nada, quiero decir, mi color favorito es el rosa, pero justo este color era feo… O quizás mi actitud estaba atrofiada hoy y todo me parecía más feo de lo que en realidad era, quizás podía ser eso. La cama era en forma de círculo con varios cojines en forma de corazón junto con un tendido de animal print, el techo tenía varias luces led, algo destacable para esa habitación, y una pequeña ventana con reja que no se podía abrir. No baño, no espejos y las luces led eran lo único que alumbraban la habitación, también en una esquina había un mueble en forma rara, sabía para que se usaba.
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