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Tropecé con mis propios pies al encontrarme con aquellos ojos, no supe reaccionar, no me moví, me quedé totalmente pasmada, hice exactamente lo contrario a lo que dije que haría.
¿Cómo puede estar parado tan tranquilo cuando mi hermano estaba muerto por su culpa?
Sentí la ira recorrer por mis venas y bajé corriendo las escaleras para llegar a donde él y gritarle todo lo que había estado guardando por años, pero cuando estuve más cerca me detuve. No podía hacer aquello, tenía que seguir con mi plan y hacerlo infeliz, no la podía cagar en el primer momento.
Fingí estar borracha y le pasé por el lado mirándolo seductoramente, él siguió mi mirada durante un tiempo hasta que di vuelta en una esquina y lo perdí de vista.
Me pegué contra la pared y suspiré profundamente.
—Tienes que hacerlo bien —me repetí una y otra vez a mi misma en voz baja cuando sentí que alguien me tomaba del codo.
—El patrón quiere verla —un hombre de tez oscura, extremadamente grande llevándome.
—¡No, suélteme! —grité soltándome de su agarre.
—Son órdenes de arriba —fue lo único que dijo.
—¡No sigo las órdenes de nadie! —le di un fuerte golpe en la rodilla y otro más en la entrepierna, se hincó adolorido y yo aproveché para huir de él.
Si el patrón deseaba verme, pues que me buscara él mismo. Lo iba a estar esperando