—Chicas, les presento a Karen, mi chica —enarque una ceja antes ellas, me miraron como si fuera la peor peste del mundo. —Hola —no me devolvieron el saludo, tomé la mano de Andrés y señalé el bar con la cabeza. Él sonrió de oreja a oreja y se despidió de aquellas mujeres dándoles un beso en las mejillas. —Entremos pues, te va a encantar el lugar. Estaba lejos de encantarme, el lugar por dentro era lleno de música inentendible, ruidosa, el ambiente estaba lleno de olor a droga fuerte y todo el mundo parecía estar más en otro mundo que en el planeta tierra. Perdí a Andrés nada más entrar a aquel lugar, estuve buscándolo por todo el lugar durante un buen tiempo, no lo veía por ningún lado y ya me estaba agobiando el no verlo, choqué con varios cuerpos tratando de buscarlo, algunos hombres me tocaban y me los tenía que quitar de una manera brusca. Llegué a unas escaleras y comencé a mirar hacia abajo, tratando de encontrar a Andrés, entrecerré mis ojos para enfocar bien, cuando de repente sentí como olvidada respirar. Unos malditos ojos verdes me miraban desde abajo, sentí que el mundo estaba alineado a mi favor, aquellos ojos verdes que ahora estaban en un cuerpo mucho más grande, musculoso y para nada mal, me miraban fijamente