Capítulo 7.
Entrar a la discoteca – bar, fue todo un reto. Tuvimos que pasar por una especie de revisión y yo creyendo que Andrés tenía forma de entrar con facilidad, si se daban cuenta de que tenía una navaja escondida en la cinturilla de mi short, me iban a quemar viva y eso no podía pasar. Al menos no el primer día.
—Oye —me acerqué a Andrés lo más que pude y le susurré al oído —debo hacer una llamada primero, iré a esa esquina.
—Con cuidado, mi amor. Yo me quedo aquí cuidando el puesto.
—Vale, no me tardo —él me guiñó un ojo y yo salí prácticamente corriendo de aquel lugar.
Me fui un poco más allá de dónde le había dicho y cuando no había nadie cerca, metí rápidamente mi mano en mi short y saqué la navaja, la escondí entre un muro para luego poder volver por ella, había sido la única arma que había podido esconder. De las pequeñas, porque en mi mochila seguía estando mi arma favorita y la que Caliche me había dado como herencia de mi hermano.
Miré las casas de alrededor grabándome en la mente las fachadas para luego poder buscarla sin olvidar donde la había dejado y cuando me aseguré que me sabía el lugar de memoria, volví con Andrés.
Él ya estaba al lado de dos chicas más, cuando me vio las empujó un poco, rodé los ojos mentalmente.