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401 Words
Capitulo 6 No se me hicieron raras las palabras de Andrés, un hombre tan despiadado, sangre fría e hijo de puta merecía no tener amigos. No seguí indagando más sobre él para no parecer sospechosa, entre yo menos atención le diera al asunto menos describirán quien soy en realidad. Caminamos por el barrio, ahora había mucha más gente afuera, varios puntos estaban con unas canecas fuera de sus casas vendiendo chorizos, mazorcas, hamburguesas, perritos calientes y toda la comida callejera. El humo y los gritos de las personas era lo que más se dejaba ver y escuchar y una que otro tiro al aire, me asusté al principio. —Un disparo al aire —dijo Andrés sin darle mucha importancia —Eso acá es normal, cada tanto suenan y no hay ningún herido. —¿No ha habido ningún herido? —pregunté. —Muchos, pero si los hay es porque ellos se buscaron ese regalito —bajé la mano por su espalda y pude sentir que él también tenía un arma. Fingí que no había tocado nada, él ni siquiera notó aquello. Por cada puesto que pasábamos, él saludaba a todo el mundo y me presentaba como “Karen”. Nadie preguntaba quién era ni que hacía en este barrio, eso me hizo respirar mejor. Me gané unas cuantas miradas mortales de unas chicas a las que Andrés ignoró por estar hablando conmigo, tuvieron que pensar hasta de qué me iba a morir. Yo era consiente de mi atractivo, es por ello que lo usaba junto a mi fingida personalidad encantadora para caer bien a todo el mundo, entre más conocidos yo tuviera allí, era más fácil conocer a las personas que por así decirlo eran la mano derecha de Jonathan. Si también me mezclaba en su entorno, con sus conocidos y no solo con él, tendría que verme mucho más seguido y mas rápido podría acabar con él. Solamente hacia falta comenzar a mover mis próximas fichas. Pero yo a él lo pondría en jaque. Nos acercamos a un lugar bastante iluminado con luces estroboscópicas, muchas motos afuera y un terrible olor a marihuana. Mientras iba pasando escuchaba que varios hombres estaban silbando llamando mi atención y unos cuantos gritaban vulgaridades, los ignoré mientras seguíamos caminando. —Bienvenida a nuestro lugar favorito —abrió sus manos mostrando con orgullo las letras neón iluminadas que decían la palabra: El diablo.
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