5

463 Words
CAPITULO 5 Esa noche, cuando Andrés fue a buscarme, no me negué a salir con él, yo tenía que ir a aquel bar para encontrarme por segunda vez en mi vida con ese desgraciado. —¿Y qué vamos a hacer? —pregunté tomando la mano que pasaba por detrás de mís hombros y la separaba un poco de mi. —¿Qué quieres hacer, princesa? —preguntó con ese tono de voz lento y que seguramente a todas gustaba. A todas menos a mí. El acento paisa, no me llamaba mucho la atención simplemente porque para mí, un hombre de esta ciudad no valía la pena, excepto por mi mejor amigo, pero él era solo eso, un amigo. —Me gustaría conocer el lugar, espero quedarme viviendo acá, me parece un barrio hermoso, pero no conozco a nadie más que a ti y a Ángela. —No necesitas conocer a ningún hombre más que a mí —dijo con una sonrisa coqueta —, pero como yo no soy hombre de una sola mujer, tampoco espero que lo sean conmigo, así que te llevaré a un lugar en donde conocerás a muchas personas y también podrías hacer dinero, acá se gana muy fácil. —¿Y qué tengo que hacer? —pregunté haciéndome la inocente, su rostro se acercó peligrosamente al mío. —Lo que te pidan —dijo con sencillez. —¿Y qué me pueden pedir? —su sonrisa se volvió un poco diabólica. —Ay, mi amor. Acá hay de todo un poco y mientras más estás dispuesta a hacer, más dinero recibes. —Necesito mucho dinero —lo miré haciendo un puchero —. Tengo que demostrarle a mi padre que puedo hacer cosas por mi misma y que puedo ganar mi propio dinero, no que me vea solo como una niña consentida y caprichosa. Él repasó mi cuerpo con su mirada lentamente desde mi cabeza hasta los pies, deteniéndose mucho más tiempo en mis pechos. —Conozco a alguien a quien no se le puede decir que no —mi corazón comenzó a latir muy rápido. —Estoy dispuesta a todo. —dije firme —A t o d o. —Me gusta tu actitud, muñeca. —le sonreí tímidamente —Le vas a gustar mucho, vamos a que conozcas al rey. Fingí que todo estaba bien, que por mis venas no corría más rápido la sangre con adrenalina y lo abracé mientras suspiraba con fuerza. —Eres un amor, de verdad —besé su mejilla deteniéndome un poco más de tiempo y alargando el beso. —Usted me encanta —me dijo acariciando mi cuello —Al rey no le importa compartir. —¿Son amigos? —él hizo una mueca. —Él no tiene amigos
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD