Abrió sus ojos y pidió ir a casa, aún tenía mis dudas de lo que pasaba y que le impedía entregarse, sospechaba que había pasado por una triste situación amorosa y algo así.
Yo que soy de los hombre de buenas intenciones respetaba lo que ella pensaba, pero realmente esperaba comer sus labios rojos jugosos, deliciosos a mi vista, ver como dormía en mis brazos despertaba mis deseos internos de hacerle el amor, de bajar o subir ese vestido blanco y llevarla a la cima.
Cada vez hacía más frío, y yo más quería acurrucarme, pero era la hora de ir a casa, era ya tarde y el tránsito seguía complicado, y fue aquí cuando ella me dijo que me deseaba, extendió su mano y tocó mi cremallera entonces fue ahí cuando nos besamos ardientemente, ella siguió con su mano en mi cremallera, era ardiente, era insistente.
A pesar de haberme dicho que yo iba muy deprisa ella hizo esto, no lo esperaba realmente, pero fui sorprendido y le dije:
—¿No que iba yo muy deprisa?
_ Sí, pero mi deseo de entregarme a ti es mucho — respondió.
Fue allí cuando de repente vi una autopista solitaria y le pregunté:
— ¿A dónde llegaríamos por aquí?
— A una zona rural muy lejana — respondió Rosa.
No lo pensé dos veces e hice un giro por allí, estaba muy oscuros y la carretera en malas condiciones, solo veía árboles y carretera, hasta que vi una pequeña entrada en dirección a un sembradío a 7 kilómetros de allí. Luego de ver lo que había pasado entre nosotros, esos besos y lo de mi cremallera era totalmente claro y seguro lo que quería yo estaba como fuego y al detenerme continuamos con los besos, yo no daba crédito a esto, pero si, se estaba dando lo que quería, hacerla mía.
Eché mi asiento hacia tras y luego la traje sobre mí, la devoraba lentamente y ella mí, el vestido blanco de perdió de nuestras vistas y mi cremallera no estaba, y si llegamos a la cima.
— Eres un tornado— me dijo Rosa, susurró a mis oídos cuánto me deseaba y beso mi cuerpo, la besé con gran pasión y me dijo:
— ahora sí, puedes llevarme a casa.
— Yo estaba feliz como un niño el día de los reyes magos, creo que había conseguido lo que hace tiempo buscaba, una verdadera relación, la persona indicada.
Encendí mi coche y salí a toda velocidad, muertos de risa, y yo, bueno, desde que murió mi esposa no había sido tan feliz, ilusionado porque alguien me amara y tan de pronto había llegado.
Destapamos una botella de vino que había sacado del restaurante e íbamos bebiendo y brindando por nosotros, cómo dos locos muertos de alegría, como si todas nuestras ansias y ansiedades se habrían descargado en el asiento del Mercedes.
Eran las dos de la mañana y ella tenía que llegar a su trabajo a las 6 am ya nada importaba, pero decidió ir a casa.
—Adiós amorcito, doctor complaciente— dijo.
Adiós — y llené de besos el aire
Al dejar a Rosa volví al hotel, allí estaba Joel preocupado porque no sabía dónde yo estaba, pues había armado tremendo show en el hotel porque no me veía hizo que se reuniera toda la seguridad del hotel para buscarme como si estuviese prófugo de la justicia.
—Joel ¿estás loco? ¿Acaso no sabes qué puedo moverme e irme donde quiera?
Las cosas de Joel no tienen explicación más que decir que él me amaba como buen amigo y solo estaba preocupado.
— Julián— hice que vinieras aquí para divertirnos y sobre todo para que te relajes y botes un poco de estrés del tanto que llevas en esa clínica, al menos ten la bondad de decir a dónde te diriges en un lugar como este. — ¿Conoces este país? Los niveles de delincuencia son muchos y no debería salir solo además te vas y ni me invitas eres un tremendo imbécil.
— Lo lamento amigo, pero esta noche era solo de dos— respondí.
— Cuéntame más — me pidió Joel.
— No voy a contarte idiota.
Y le susurré al oído que había hecho el amor con Rosa, y que los tipos que ahí estaban para buscarme eran sus compañeros, así que como hombre que respeta su dama y calla lo que se hace en lo secreto no debía decirle.
Lo entendió así que fuimos a mi habitación a desglosar la gran historia. Joel destapó un gran vino blanco, celebramos una vez más el triunfo y lo que parecía ser una nueva etapa.
Lo más difícil para mí esa noche fue pensar qué podría hacer si mi relación con Rosa continuaba, estaba pensando en cómo estaríamos juntos si yo soy ciudadano estadounidense y ella dominicana, las relaciones a distancias son difíciles, pero bueno, no era el momento de robar problemas al futuro así que a dormir.
Mis vecinos en el edificio del hotel me dejaron dormir poco con una extraña bachata, se me retorcía el estómago del hambre y decidí ir a comer unos exquisitos plátanos maduros que tenían en el comedor de la playa.
Joel me llamo y al poco tiempo decidió acompañarme. Estuvimos conversando toda la mañana y viendo los paisajes cercanos, el mar, los músicos de merengue que regularmente están en las playas y me obligaron a bailar.
Joel recibió una llama de Sara su esposa mientras yo bailaba, o al menos eso intentaba pues nunca en mi vida había bailado esto.
Al ver al Joel hablar sentía que comenzaba a sudar y su rostro le cambió, luego lo vi irse lejos de los que bailaban y de las chicas que estaban ahí, entones pude comprender que Sara estaba Celosa y que Joel estaba en problemas.
Cuando terminó la conversación se acercó a mí con sus manos sudadas y me dijo:
—Creo que estoy en aprietos, Sara piensa que bailo con alguien, y es que el hecho de confíe en mí, no evita que esté celosa.
Los nervios de mi amigo me hicieron enviar una foto a mi amiga Sara, su esposa tal vez así le perdonaba la vida, y su injusta condena.