Dakota/Athan POV
La semana había pasado muy lento, pero ya estábamos a sábado y era el día de la fiesta. Me había despertado con un fuerte dolor de cabeza pero aún así me mantuve tranquilo para no causar problemas. Con eso me refiero a que no salí de mi habitación en lo que va del día. Ya deben ser la una de la tarde y ni siquiera bajé a desayunar. La máquina expendedora que Frederick me había dado ahora está siendo bien usada.
Pasé el tiempo ordenando todo lo que tenía tirado por ahí, pues hoy vendría América y lo que menos quiero es que vea lo desordenado que soy. Y esto también me recuerda que luego debo ir a buscarla. ¿Estoy preparado para que alguien sepa de mi familia? Sinceramente no, pero no tengo salida. Hay muchas cosas que me atormentan.
Una persona llamó a mi puerta con insistencia. Por suerte pude escucharla desde la otra sala, ya que el lugar es exageradamente grande y se divide en dos: la zona donde está mi cama y mi guardarropa —el cual es otra habitación continua a la mía— y luego está mi zona "libre" donde tengo todos los caprichos que mis padres me han dado. Es como mi "zona de juegos".
Abrí despacio y allí estaba el viejo Orlando con una sonrisa fingida. Por más que parezca agradable y me trate bien, nadie en esta maldita casa es capaz de soportarme. Pero si tan solo supieran la verdad esto no pasaría. Papá se preocupa mucho por mi relación con los demás; no logra entender en qué momento me aparté de ellos. Y mamá... mamá está destrozada, así que intenta siempre estar conmigo y darme atenciones. Una vez los escuché hablar.... Temen que yo termine suicidandome.
—¿Qué pasa Orlando? —hablé despacio porque el dolor de cabeza era fuerte y punzante.
—¿Se encuentra bien? ¿Quiere que le traía una aspirina?
—Sí por favor.
—Se la llevaré a la mesa, porque sus padres lo solicitan para almorzar ya que tienen una noticia.
—Bajaré enseguida, gracias.
Siempre me da un poco de pereza bajar a comer, sobretodo porque mi habitación está en el tercer piso y el comedor en el primero. Como mi padre es uno de los más ricos, siempre quiso que tuviéramos comodidades. En esta casa viven más de 70 personas así que debía ser un lugar muy grande. Desde hace varios años la mansión es calificada como una de las cinco casas más grandes que hay en Estados Unidos. Esos tres pisos son un infierno por tener más de cinco pasillos cada uno. Una vez encontré los planos: tiene un total de 314 habitaciones contando el garaje, el establo y el gran gimnasio. Con una forma de E, es como un laberinto para cualquiera que entre por primera vez. Si no mal recuerdo tiene un territorio de 2 kilómetros cuadrados. Es así de grande porque mi padre ha adquirido una porción del bosque que la rodea.
Tardé quince minutos en llegar al comedor con el terrible mareo y dolor que llevaba encima. Cuando llegué, todos ya estaban comiendo así que me senté y comencé con lo mío. El almuerzo de hoy era... ¿Arroz con pollo? El cocinero no tenía ganas de algo más elaborado.
—¿Cómo ha estado esta semana Siena? ¿Algo que contar? —mi padre siempre quería saber lo que nos ocurría los fines de semana; es la poca parte de la semana en la que está completamente disponible.
—Ah casi nada, la galería funciona perfecto y ayer terminamos de dar puntillismo. Los estudiantes están encantados.
—¡Me alegro mucho! Pasaré por ahí un día de estos. ¿Qué hay de ti Noha? —el rubio estaba comiendo como si se acabara el mudo, así que habló con la boca llena.
—Mi canal llegó a los diez millones de subscriptores y mi libro está siendo muy bien vendido. Mañana tengo una firma de autógrafos en el centro comercial.
—Felicidades... —dije en voz baja mientras revolvía el arroz con el tenedor un tanto aburrido. Por alguna razón todos me observaron sorprendidos.
—Gracias...
—¿Y tú Athan? ¿Hoy viene tu compañera a estudiar?
—Sí, debo pasar a buscarla en unas horas —agaché mi cabeza por no poder mantenerla elevada gracias al dolor. Orlando apareció con una pastilla y no dudé en tomármela.
—¿Compañera? —empezó Frederick—. ¿Acaso es América quien viene?
—Sí, es ella —susurré. ¿Qué diablos pasa con mi cuerpo hoy?
—¿También la conoces? —preguntó mi madre quien antes estaba muy entretenida con su comida.
—Sí, la conocí el otro día. Es una chica muy bonita y genial, parece ser de clase media a diferencia de los otros estudiantes. Su sencillez es cautivadora, muy agradable.
—Me extraña viniendo de ti Athan —ahora era Chloe la que interfirió—. Por lo general o eres solitario, o te juntas con los "mejores". —¿Y yo en qué momento les di a entender algo así? La miré con desinterés por unos segundos mientras comía. No dije más nada luego de eso. Papá quiso cortar la tensión cambiando de tema.
—En fin, tengo algo para contarles junto a su madre.
Cada vez que ellos quieren decirnos algo, por lo general no suele agradarme. Se miraron entre ellos con una sonrisa, y yo me preparé para salir del lugar apenas digan una palabra. Todos los observaban atentos, sin embargo, esta vez me importaba más el dolor de cabeza. Y como esperaba, lo que dijeron sólo me atormentó más.
—¡Vamos a adoptar otra vez!
Mis hermanos gritaron de emoción, pero yo... yo nunca me había sentido tan mal como hoy. Me sentía traicionado con lo que han dicho. No son capaces de ocuparse de ocho y quieren integrar otro m*****o; eso no está bien. Me siento solo, abandonado... No quiero que dejen de darme la poca atención que tenía, no lo quiero. ¡No quiero que adopten! ¡No quiero otro maldito hermano! ¡¡No!! Ni en un millón de años estaría contento con esta noticia; no van a conseguir que me agrade. Ahora mismo quiero mandar todo a la mierda y romper lo que se me atraviese. No pienso permitir que alguien más ocupe MI lugar. Soy el hijo menor y no van a cambiar eso.
Mientras mis padres estaban rodeados por mis hermanos, quienes los atacaban a preguntas, yo aproveché para escabullirme a mi habitación y poner las tres trancas que tenía. Al instante supe que eso fue mala idea, porque comencé a marearme. Me acerqué a la pared para intentar mantenerme de pie, pero el cuerpo me pesaba y poco a poco perdía las fuerzas. ¿Qué está pasándome? Intenté llegar hacia un pequeño botón de emergencia que mis padres colocaron por si algo ocurría, pero... no... pude.
Todo se volvió n***o antes de que mi cuerpo cayera al piso.
Frederick POV
—¿Crees que se lo haya tomado muy mal? —mi madre estaba angustiada desde que nos percatamos de la falta de Athan en el comedor.
—Conociéndolo, creo que sí. Vayamos a su habitación para ver qué podemos hacer...
Ambos salieron apresurados hacia las escaleras mientras el resto nos quedamos algo confundidos y emocionados. La idea de un nuevo hermano era... rara pero agradable. No importa qué, sería bienvenido.
—Athan otra vez lo logró. ¿No se cansa de llamar la atención? —Rui fue la que dijo eso para mi sorpresa; ella siempre ha sido la que nos ha unido en los momentos difíciles.
—¿A ti qué te picó? —preguntó Nathan molesto.
—Tiene 19 años, es hora de que madure. ¿Será así toda su vida? Lo quiero porque es mi hermano pero su personalidad a veces no es agradable.
—Lo hemos apartado toda la vida, es obvio que tendrá una personalidad así. Piensen un poco, el único cariño que recibe es el de nuestro padres y muy pocas veces, porque llenan el vacío dándole cosas caras. A veces siento que ustedes no lo quieren.
Salí corriendo de ahí en busca de mis padres para intentar ayudar en la situación. Soy el más cercano a Athan de todos, y ahora entiendo por qué. Él no es malo, de hecho es un gran chico que se siente muy solo. Corrí y corrí hacia el tercer piso, y me encontré una escena extraña.
—¡Athan abre la puerta! —mi padre golpeaba desesperado mientras Orlando y mi madre intentaban abrir la cerradura. Es electrónica y en eso ella es una experta.
—¿¡Qué pasa!? —pregunté asustado al ver el rostro de los mayores.
—Athan no responde desde hace mucho, no hay movimiento dentro. El sensor de calor ni siquiera detecta un cuerpo —mamá parecía querer llorar.
—¿No está en otro lado?
—¿¡Y por qué está trancada desde dentro!? ¡Athan!
—Córranse —no podía esperar más, tomé carrera e hice que mi cuerpo impactara contra la gran puerta doble de madera. Se abrieron de par en par dejándonos ver algo terrible.
Athan estaba en el suelo, inconsciente. Mamá corrió hacia él entre llantos mientras lo abrazaba y comprobaba que estaba vivo. Orlando, papá y yo comenzamos a llamar a la emergencia y avisar a los demás por si acaso. Él respiraba, pero sin duda algo tenía...
—Mi amor reacciona, bebé por favor... ¡Athan! —movía su cabeza tratando de despertarlo pero no había caso—. Está muy frío. ¡¡Lion apúrate!!
—Tranquila, el médico ya está en camino —aunque no lo parezca, papá es el que más nervioso se encuentra.
—¡Bajaré a recibirlo!
Salté de a cuatro escalones las malditas escaleras hasta llegar a la entrada. Mis seis hermanos al verme así fueron a buscarme, pero simplemente los ignoré mientras buscaba con la mirada alguna ambulancia. Siempre llegan rápido. En la entrada habían varias personas ingresando las cosas para la fiesta, pero creo que hoy no la harán.
Luego de unos cinco minutos al fin habían llegado los médicos quienes corrieron junto a mí y mis ignorantes hermanos hasta la habitación del menor. Todos los que recién llegaban para ver la escena soltaban gritos de sorpresa. Las chicas no tardaron en llorar y los gemelos simplemente observaban preocupados consolando a mamá, buscando respuestas.
—¿Pulso? —le preguntó un médico al otro.
—Está estable por ahora. La presión es muy alta y aún sigue sin reaccionar. Debemos llevarlo.
—¿Ha visto algún cambio repentino en él? ¿Algo fuera de lo común? —mamá pareció pensarlo por muchos segundos. El otro hombre preparaba lo que sería un traslado al hospital.
—Siempre luce cansado y ha bajado de peso este mes.
—¿Tiene mucha sed y hambre?
—Casi siempre está comiendo —ahora me doy cuenta de lo atenta que es mamá con Athan.
—¿Falta de concentración o interés?
—Demasiada, parece estar en otro mundo. Todo eso ocurrió de la noche a la mañana. ¿Qué es lo que tiene? —el hombre ojeó un poco una libreta que traía y observó a mis padres un tanto dudoso.
—No es muy claro, pero puede ser diabetes. Debemos llevarlo para hacerle estudios y diagnosticar qué le ocurrió. No se preocupen, el chico está bien aunque no debemos bajar la guardia.
Athan POV
Me desperté un tanto mareado y confundido sin saber bien dónde estaba. Mucho color blanco adornaba la habitación y dos pares de ojos me observaban atentos. Mamá y papá estaban a mi lado muy preocupados, y aquí es donde me pregunto qué ocurrió. Me percato de que posiblemente estoy en un hospital. Los colores claros y la intravenosa en mi brazo me lo confirman.
—Mi vida, al fin despiertas... —la voz de mamá apenas fue audible. El llanto le estaba ganando.
—¿Qué pasó...? —debí detenerme, pues mi boca estaba seca y no podía hablar.
—Has sufrido un desmayo —comenzó papá mientras se acercaba para acariciar mi cabeza—. Campeón, ¿por qué no has dicho nada? Sabías que algo estaba pasándote y lo ignoraste. ¿Por qué? —debí guardar silencio mientras cerraba mis ojos para no enfrentarlo—. Athan...
—No quería preocuparlos, eso es todo.
—¿Y tu solución fue dejarlo pasar? ¡Pudiste haber muerto! Sabías que eras diabético y no fuiste capaz de contárnoslo o al menos ir al médico. Se acabó Athan, no te dejaremos solo a partir de ahora. Tú madre y yo todos los días tememos que tú... —se detuvo abruptamente dándose cuenta de su error. Sé lo que quiso decir—. El punto es que deberás estar acompañado y controlado por todos en casa.
—Papá, estoy bien, no me morí. ¡Hola! Nadie en casa querrá estar conmigo, no los obligues a hacer algo que no quieren.
—¿Pero de qué estás hablando? —ah, me olvidé: papá no sabe lo que ocurre con su hijos y sus empleados.
—Nada... —agaché la cabeza sintiendo una rara opresión en el pecho que no es causada por ninguna enfermedad—. Estoy bien, eso es todo.
Sentí sus firmes brazos rodearme con necesidad. Me abrazó tan fuerte que fue capaz de quitarme el aire, pero me gusta que lo haga. Papá no duda ni tiene vergüenza cuando se trata de mostrar amor a sus hijos ya sean hombres o mujeres. Para otros a veces parece algo extraño e incómodo, pero para mí... para mí significa mucho. Desde que era un bebé he dormido apoyado en su pecho. Cuando crecí eso ya no lo volví a hacer, al menos hasta hoy. Se había sentado a mi lado, mientras mis brazos buscaban atraerlo para que al menos cayera en los brazos de Morfeo mientras acariciaba con lentitud mi cabello.
—Los quiero... —susurré.
—Y nosotros te amamos.
******
Me sentía como la mierda por muchas razones. Por mi culpa la fiesta fue cancelada y la visita de América también. No le dije exactamente qué había pasado, pero quedó para el próximo fin de semana tal y como habíamos acordado al principio. Mamá y papá tenían también compromisos que cumplir, pero cancelaron cada uno de ellos con tal de estar a mi lado. Por otra parte, mis hermanos pasaron a saludar, pero la mayoría a excepción de Frederick, Sky y Noha, se fueron por tener que trabajar.
Los doctores le habían explicado a mis padres todo lo que yo debía hacer y comer a partir de ahora. Nada de azúcar, eso era terrible para mí. Por "suerte" la diabetes que tenía no era la crónica, sino la de tipo 1 que la regularizaba con un poco de insulina cada tanto. Sólo fue un susto y por la noche ya me estaré yendo a casa.
—Con permiso... —alguien interrumpía mi momento de soledad haciendo que dejara de leer mi libro.
—Hola tío —Jackson entró con una sonrisa y se sentó a mi lado no sin antes darme un abrazo.
—¿Cómo te encuentras? Vaya susto me has dado. Tu padre me llamó hace tan sólo diez minutos, casi lo asesino por haber tardado tanto en decírmelo.
—Me desmayé hace cuatro horas —comenté divertido.
—¡Exactamente! —su mano golpeó su frente con frustración—. El lunes no se te ocurra ir a clases.
—Creí que estabas cansado de que faltara o llegara tarde...
—Sí pero ahora es otro tema. Tómate unos días de descanso, yo me encargo de tus faltas con la dirección.
—¡Menos mal que te has hecho profesor! —chocamos nuestros puños y reímos con fuerza. Fuera de la universidad él es el mejor tío que alguien pueda tener.
Minutos más tarde mis padres entraron con una bandeja de comida. Obviamente debo destacar que al ser de hospital nada tenía sal y todo era horrible, pero aún así lo conseguí tragar. Papá y el tío se habían subido en ya conversación sobre deportes mientras mamá estaba atenta a su teléfono, de seguro hablando con los empleados de casa para que quitaran toda la decoración que ya estaba armada.
De la nada me invadió otra vez esa sensación de malestar. Había recordado lo que ellos dijeron en el comedor y sin duda no puedo dejarlo pasar. Ahora más que nunca necesito lograr que esa adopción no se concrete y todos los que me conocen saben que voy a lograrlo. No por nada me gané el odio de los empleados en casa. Ellos no me molestan mucho y sé que son muy útiles y buena gente, pero de alguna manera tienen miedo de que yo consiga que los echen. Sí, suena estúpido pero es lo que ellos mismos me han dicho. Una vez logré que cambiaran la temática para mi fiesta de cumpleaños a última hora sólo porque la organizadora me había llamado niñato. Sé que es malo, pero me encanta ver molesta a la gente.
—¿Está todo bien? —mamá me miraba de una manera extraña. Por lo visto me había quedado con la mirada perdida mucho tiempo.
—Sí, sólo estaba pensando.
—¿Pensando? ¿En qué? —ella se acercó a mí y comenzó a jugar con una de mis manos mientras los dos hombres paraban la oreja como viejas chismosas.
—En cómo sería tener otro hermano —dije entre risas. Una sonrisa preciosa apareció en su rostro. Fue como si su corazón se hubiera hecho más grande.
Oh, creo que no me ha entendido.
—¿Te agrada la idea? ¿Sería lindo?
—Sería terrible.
Ella calló, mordiéndose las uñas y observando a papá un tanto nerviosa. El hombre estaba serio, pensando de seguro en qué decir para tratar de convencerme. Todos aquí ya tienen grabado en lo más profundo de su cabeza que nunca, nunca conseguirán hacerme cambiar de opinión en algo. Lo han intentado durante años sin éxito.
—Athan... —empezó papá tratando de persuadir—. Entiendo que es difícil para ti pero debes entender que no te dejaremos de lado. ¿Lo hemos hecho? Tú eres el que más atención tiene. Un hermano pequeño te ayudaría mucho a que dejes de apartarte, debes crecer y ser independiente de nosotros.
—¿Desde cuando yo dependo de ustedes? Soy mayor, hago mis cosas. Que quiera estar siempre a su lado no significa que yo... —por primera vez en mi vida, papá me interrumpió molesto.
—¡Basta! Quieras o no te hemos criado mal. Eres un mocoso arrogante y caprichoso que hace cualquier berrinche con tal de obtener algo. Somos estúpidos en hacerte caso. Se acabó Athan, ya no más. Tienes 19 años y toda una vida por delante, hazme el favor y madura.
—Lion...
—Déjame hablar Chelsey. Te amamos hijo, y queremos ayudarte. El primer paso es hacer que entiendas que nosotros no duraremos para siempre y en algún momento deberás mantenerte tú solito. ¿No te parece estúpido estar celoso de un niño? ¡Va a ser tu hermano y lo que más querrá es que lo trates bien! Tu madre y yo haremos esos trámites, así que no podrás impedirlo. ¿Quieres algo? Entonces gánatelo haciendo algo útil —suspiró con pesadez antes de seguir—. Quiero verte bien Athan. Cuando naciste... creímos que te perderíamos y nunca tuvimos tanto miedo como en ese momento. Luego de eso seguí cuidándote temiendo que de un momento a otro tu murieras sin que pudiera hacer algo. Fue difícil y el temor continuó por muchos años; ese fue el error. Eres mi hijo, mi mocoso malcriado. Si debo hablarte así para que entiendas entonces lo haré porque aún no comprendo cómo es que no fuiste capaz de ir a un puto médico.
—No me di cuenta... —susurré. Siento que lloraré y eso no me ha pasado nunca.
—¿No te diste cuenta? ¿Bromeas? ¡Lo sabías perfectamente! No eres idiota, recuerda que hablas con tu padre. ¿Qué debo hacer contigo jirafa?
—¡No me digas jirafa! —sabe que odio ese sobrenombre.
—Acabo de darte un sermón y lo único que dices es "No me digas jirafa". ¿Qué problema hay con ser alto? —reí por el estrés mientras cubría mi rostro con mis manos.
—Ser poderoso que está ahí arriba llévame a una casa lejos de esta gente y que nunca más vuelvan a molestarme, te lo suplico —murmuré por lo bajo mientras a mi alrededor escuchaba carcajadas.
******
Llegué a la mansión a las dos de la madrugada porque según las enfermeras los papeles "aún debían ser firmados por el médico" el cual había terminado su turno hacía ya tres horas. Bastó que papá lo llamara por teléfono para que yo pudiera irme, después de todo, no paga un hospital privado para que luego no le hagan las cosas.
Ignorando a todos subí hasta mí habitación para darme un baño relajante y jugar videojuegos toda la noche. Con eso del desmayo y que dormí varias horas ya no tenía sueño. La insulina sirvió de mucho así que me siento bien.
Rui entró con una bandeja de comida sana mientras me daba sermones de cómo debo llevar mi vida a partir de ahora. Puse los ojos en blanco mientras continuaba jugando sin prestarle atención. No de hasta que sentí un fuerte golpe, que debí mirarla molesto.
—¿Qué quieres? Es de noche, vete a dormir.
—¡Las cosas que digo son para ayudarte! Athan debes preocuparte por ti, anda. Mañana por la mañana quiero esa bandeja vacía.
—Puedo dársela a Kai.
—¡Ni se te ocurra llamar a ese león! Es peor que Kianga —sonreí al recordar la leona de mi padre; era preciosa y muy cariñosa. Como todos sentimos un gran vacío al perder una mascota de nuestra infancia, adoptamos un cachorro que había sido rescatado en Africa igual que ella. La casa tiene espacio y ambiente para poder cuidarlo.
—Está bien Pi, ahora déjame que me distraes.
—Aw, hace tiempo que no me decías así.
Rui se fue un tanto ofendida mientras yo esperaba a que desapareciera de mi vista. ¿Para qué? Pues tengo galletas y nadie puede verme comiéndolas. La noche la pasé despierto y entre juegos; ya casi terminaba uno que quería sacarme de encima hace rato y se me estaba haciendo muy largo. Después de todo, al amanecer sería domingo.
A eso de las cuatro de la madrugada recibí un mensaje de voz de América. Esta chica es extraña hasta cierto punto, pero en esta semana que llevo de conocerla puedo decir que se ha ganado mi confianza. Es de esas personas que transmiten felicidad y apoyo a cualquiera. Pero... ¿Un mensaje a las cuatro? Eso sí que es raro.
«Dakota, de seguro estarás durmiendo cuando te llegue esto pero... espero que te mejores. Cuando me llamaste me di cuenta rápidamente de que algo te había pasado, y como soy una persona que no le gusta quedarse con la duda decidí hablarle a Frederick quien me dio su teléfono el otro día. La vez pasada dijeron que vivían cerca entonces supuse que algo sabía. Siento mucho que te hayan diagnosticado diabetes, y también siento que sea tan atrevida como para meterme en tu vida o hablarte así al apenas conocerte. Me siento muy sola en esta ciudad y quería simplemente hablar contigo porque me inspiras confianza a pesar de tu aura egocéntrica. En fin... No vayas a la universidad, mejor descansa unos días. ¡Te estaré esperando!»
Sus palabras hicieron que dejara de hacer todo lo que antes estaba haciendo. Había quedado un poco confundido, pero aún así no pude evitar que me pareciera tierno. No le respondí, prefería que mejor se quedara con la duda.
Ya en la mañana decidí que debía hablar con mi padre de algunas cosas. Lo que me había dicho en el hospital fue duro, pero debo dejarle claras algunas cosas. De seguro no tenga tiempo y esté repleto de papeles, pero al menos haré el intento de llamar su atención. Voy a destacar que a las seis otra vez comenzó a sonar la música de Chloe.
Caminé por los largos pasillos hasta llegar a la puerta tallada, llamando con insistencia. Un tranquilo "Pase" me dio la señal para entrar a la oficina y comprobar lo que antes venía diciendo. Él iba de un lado a otro entre las estanterías repletas de libros buscando papeles y notas. Siempre tiene todo muy bien organizado así que es cuestión de que recuerde el orden en el que están.
—¿Que necesitas Athan? —preguntó sin mirarme. Me acerqué hacia el escritorio para sentarme sobre éste y así permitirme hablar con claridad.
—Veo que estás ocupado —observé el escritorio con rechazo, pero algo me llamó la atención en el—. Podría venir en otro momento si gustas —comprobé que aún no me miraba y me lancé hacia los papeles como si mi vida dependiera de ello. Aquí están los trámites de adopción.
—No, háblame ahora porque luego estaré peor.
—No, no es importante. Hablamos en el almuerzo —quité lo que sería la carátula y la rellené de papeles vacíos para dejarlo donde estaba y así no sospechara. Aún no se giró, por lo tanto metí los papeles dentro de mi chaqueta.
—Athan, no estaré en el almuerzo. Estoy así porque ha surgido una conferencia en Italia y preparo un pequeño discurso.
—Quería hablarte sobre todo lo que me dijiste en el hospital. Si quieres esto puede esperar ya que va a ser algo largo.
—Me temo que sí... —por fin se había girado hacia mí—. Vuelvo en dos días, cuídate mucho ¿sí?
—¡Está bien! —me levanté tranquilamente dispuesto a irme pero me detuvo.
—¿Quieres ir conmigo? Irá Nathan.
—No sientas lástima, estoy bien. Oh voy a mostrarte algo muy lindo —saqué mi teléfono del bolsillo y le mostré una foto que había sacado—. Son erizos, los vi en la gran manzana. Cuestan cien dólares y me han dado mucha ternura.
—¡Que bonitos! —los miró con entusiasmo pero luego volvió a su semblante serio—. ¿Qué pasó con la serpiente que querías?
—La sigo queriendo...
—Bien, te compraré los dos.
—¿¡De verdad!?
—Sólo si ayudas a Glen a limpiar las piscinas —de repente todas las ganas desaparecieron como por arte de magia.
—Papá... —lo miré fastidiado.
—Te dije que debías ganártelo. Hazlo antes de que me vaya y te deposito el dinero en tu tarjeta.
—Ya entendí.