Narrador: Dakota
A la mañana siguiente un gran estruendo hizo que me levantara abruptamente. En todo el pasillo sonaba una música capaz de reventarte los oídos. Intenté ocultarme entre las sábanas y colocarme una almohada en la cabeza, pero fue imposible. Esto pasa desde hace ya dos años y me está volviendo loco.
—¡Chloe! —gruñí entre dientes.
Me levanté mandando todo a la mierda y con la furia saliendo por mis ojos caminé en ropa interior hasta la última habitación del lugar. Allí, mi hermana tenía en su habitación un estudio de grabación. Saltó a la fama como DJ luego de que mi padre le mostrara una de sus producciones a un amigo suyo de Holanda. Hoy en día está en el puesto número 13 en la lista de DJ mag de los mejores DJs del mundo. Ha hecho colaboraciones con grandes cantantes y... bueno.
Abrí las puertas para encontrarme con una rubia que bailaba mientras su nueva mezcla sonaba a los cuatro vientos. Al verme la pausó con rapidez y me mostró una sonrisa cómplice.
—¿¡No tienes alguna presentación por ahí en un festival!?
—Tengo dos semanas libres. Luego de eso debo viajar a Las Vegas.
—¡Perfecto! Estás libre, deja de trabajar y lo más importante: ¡¡Deja a los demás dormir!!
—Athan, no seas malo —quiso acercarse para darme besos en la mejilla pero la aparté. Cuando me molesto no recibo cariños de nadie—. Saluda a tu hermanita a la cual no ves desde hace meses.
—¡Vienes los fines de semana! Estoy harto, debo ir a estudiar en... —observé el gran reloj de la pared— ¡Dos horas! Hija de puta, me levantaste a las seis de la mañana.
—¡Cuida tu boquita! ¿Qué ha pasado contigo? ¿Dónde está el Athan tierno e inocente de siempre?
—¡Se fue a la mierda porque lo levantaron temprano!
Ya me encontraba de muy mal humor y tuve el presentimiento de que hoy sería un terrible día. Sin siquiera vestirme bajé los tres estresantes pisos de la mansión y entré a la cocina en busca de helado como desayuno. Todos los empleados de la casa ya estaban levantándose, pero ni siquiera tengo ganas de pensar en la vergüenza de que me vean casi desnudo. Ya he tenido suficiente en menos de una hora.
—¡Hola mi amor! ¿Cómo est...? —mi madre se calló al verme con cara de póker—. Ay, el príncipe se levantó de mal humor —los cocineros que estaban atentos a mi llegada rieron por lo bajo y se alejaron sin saludarme.
Bien, puede que tenga fama de caprichoso e insoportable dentro de la casa... De hecho creo que no le caigo bien al personal, a ninguno, ni siquiera a Orlando.
—Hola —respondí seco. En verdad me siento mal, estoy irritado y sé que irrito fácilmente a los demás por eso.
—¿Qué ocurrió?
—¡¡Chloe ha colmado mi paciencia!! ¡Me ha despertado temprano con su maldita música y se cree la gran cosa por...!
—¡No grites! —cuando mi madre se molesta, sabes que es el fin—. ¡No me pongas de mal humor o juro que la pasarás mal mocoso!
—¡Fue su culpa!
—Me da igual de quién es la culpa —sacudió un cucharón frente a mí cara—. Ya estás despierto y no puedes arreglarlo, sopórtalo. Ve a pintar y quítate el estrés.
—Sabes perfectamente que estaré así todo el día.
—Y por eso mismo te quiero evitar.
—¡Mamá! —alargué la palabra fastidiado—. Sube y dile algo.
—¿¡Ya empezó a golpear el suelo y hacer berrinches!? —gritó uno de los cocineros desde el congelador.
—¡Ya casi! —respondió mamá entre risas—. ¿No te da vergüenza que hablen así de ti? Compórtate.
—¡Me da igual! ¿No harás nada?
—No, no ha hecho nada malo —esto es increíble. Sentía impotencia, tanta que gruñí sonoramente entre dientes mientras la observaba amenazante. No hay efecto, se me ríe en la cara. Recién me percato de que había cerrado mis puños.
—No es justo... —jadeé.
—Ah, no te pongas así, ven cosita de mamá, dame un abrazo —sus brazos me rodearon y no pude evitar apoyarme en su hombro mientras acariciaba mi espalda desnuda—. Ya está, ve a vestirte. ¡Y deja de hacer pucheritos!
—De acuerdo...
Luego de hacer mis necesidades, vestirme y desayunar, la hora para ir a la universidad se hizo presente. Como todos los días me subí a mi vehículo y conduje rápidamente hacia allí, en donde todos ya estaban amontonados en la entrada hablando de sus vidas. Al apenas llegar el cuidacoches me pidió las llaves y se llevó el Audi al lugar que tengo comprado sólo para mí. Nadie puede saber eso.
—¡Dakota! —un chico castaño de ojos oscuros se acercaba a mí seguido de varios gorilas estúpidos.
No es más que Frederick, mi hermano, pero aquí se llama Albert Denucci y es el capitán del equipo de fútbol americano. Él fue adoptado en Australia unas semanas antes de que yo naciera así que básicamente tenemos la misma edad. Los otros que fueron adoptados son Rui, en Japón y los gemelos Noha y Nathan, en Alemania. Dos y un año mayores que yo respectivamente. Las más grandes son las trillizas Siena, Sky y Chloe, quienes son hijas biológicas de nuestros padres al igual que yo.
—¿Qué quieres? —pregunté con molestia. Quiero a mi hermano, pero aún sigo de mal humor. Se supone que aquí apenas tratamos.
—Ayer te vimos con una linda chica nueva. Está en tu clase. ¿Cómo se llama?
—¿Por qué no le preguntas directamente? El ligue será más efectivo así.
—¡No la compliques! Sólo dinos el nombre —puse los ojos en blanco y continué caminando no sin antes responderle.
—América Miller.
Ingresé al edificio ignorando todos los saludos y fui hasta mi clase, entrando antes que los demás sin que siquiera haya tocado la campana. Al menos llegué en hora. Minutos después apareció América un tanto cansada. Sé analizar a las personas y veo que ella está teniendo un problema.
—Hola... —saludó tiernamente mientras golpeaba sus libros contra la mesa.
—¿Te encuentras bien? —me observó con sus ojos avellana por varios segundos acompañada de sorpresa.
—Yo... Bueno, no para ser sincera.
—¿Qué ocurrió? Claro, si es que puedo saber.
—La empresa en la que trabajan mis padres vio que mi papá tenía capacidad más altas que las necesitadas para su puesto, entonces decidieron darle un "ascenso".
—¿Y qué tiene eso de malo?
—Bueno, en sí el sueldo ahora será más del doble que el actual, pero hay un problema: sólo hay puestos para la fábrica que la empresa tiene en Inglaterra. A pesar de que él puede declinar la oferta, el dinero nos viene bastante bien y...
—¿Debes mudarte? —rápidamente negó.
—Sólo se irá él. Mamá también tiene un buen trabajo aquí y yo continuaré mis estudios. Supongo que vendrá en época de fiestas...
—Comprendo... Lo siento, pero debes pensar que tu padre quiere lo mejor.
—Lo sé... —susurró mirando a la nada.
—¿Y cuál es esa empresa de la que hablas?
—M&C —ay mierda, es la empresa de mi madre y mi tío Mathew.
—Ah, la conozco. Mis padres siempre me compran productos de ella.
—¡A mí igual! Mi teléfono es el último Dakota —sacó felizmente el aparato de su bolsillo para enseñármelo—. ¿Cuál tienes tú? —no sabía qué hacer. El teléfono que tengo es un nuevo diseño que aún ni siquiera ha sido anunciado... A la mierda, se va a enterar tarde o temprano.
—Yo tengo un Nl89.
—¿Eh? ¿Es de M&C? —ya me sudaban las manos.
—Sí, pero aún no ha salido en venta —se lo mostré y ella lo tomó fascinada. Comprobó mil veces que era un producto de la marca y luego me observó confundida.
—¿Cómo es que tienes esto en tu posesión?
—Mi padre es amigo de Mathew Lincon, el presidente de la compañía. Me lo regaló en mi cumpleaños —y no estoy mintiendo.
—¿¡Quién es tu padre!? —sonaba tan sorprendida que me daba miedo.
—Lo sabrás cuando vayas a mi casa.
Narrador: América
¡Increíble! Le tengo un poco de envidia a Dakota ahora mismo. Sin duda era un niño rico que vivía rodeado de la clase alta. Todo en él gritaba "Mírenme, mi papá es millonario y yo tengo todo lo que le pido". Pero incluso aunque su apariencia diga eso, admito que luce un poco... vacío. Creo que ha crecido en las sombras, sin mucha vida social y sin saber nada de la vida. Eso es lo más triste que puede pasarle al ser humano.
Las horas de clase terminaron rápidamente y ya estábamos listos para irnos. Me despedí de Dakota y con rapidez salí al pasillo, donde un chico alto y fornido me impidió el pase. Cuando levanté la vista me di cuenta de que era Albert. Dios, es tan guapo... No puedo evitar tener amores platónicos.
—¡Hola! —dijo con simpatía—. ¿América, verdad?
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Las noticias vuelan por aquí —tiene una sonrisa encantadora—. ¿La estás pasando bien en esta universidad?
—No es como si ya tenga cientos de amigos, pero me gusta.
—No pareces sociable chica. ¿Quieres que mañana te de un tour y te presente algunas amistades? Creo que te van a caer de maravilla.
—No caigas en sus encantos, es un patán —Dakota había aparecido de la nada con una sonrisa torcida. Olvidé que él aún seguía en el salón—. Te olvidaste tu libro de historia.
—¡Eh, eh! ¿Cuándo he hecho algo malo?
—Gracias... ¿Puedo llamarte Dake? —el lindo pelinegro asintió sin interés.
—Albert, siempre estás cagándola. ¿Qué haces en la entrada de mi clase?
—Necesito que me dejes en mi casa, mi auto se descompuso.
—Que viva cerca de ti no significa que deba llevarte, tómate un taxi.
—No seas malvado, llévalo —Albert apoyo su mano en mi hombro y ambos lo observamos suplicantes.
—¿Y tú para qué te metes? ¿Qué? ¿También quieres que te lleve? —cada vez que habla suena muy prepotente y bromista.
—Bueno, si no es molestia... —puso sus ojos en blanco y reí—. Estoy bromeando.
—Iba a llevarte, pero como no quieres entonces no.
—¡Ay no! Por favor llévame, vivo cerca de aquí.
—Ya ves, vamos todos juntos —acotó Albert mientras aplaudía.
—A ti no te llevo, a ella sí.
—Si me llevas te regalo mi máquina expendedora de dulces —Dakota lo miró atento.
—No sé para qué la tienes si odias lo dulce. Acepto, la quiero hoy en mi casa.
—¿Ustedes son buenos amigos?
—¿Estás loca? Si me ven mucho con él comenzarán a molestarme.
—¡No seas tonto Denucci! Cállate y camina.
—¡Esperen, esperen! —los chicos se detuvieron ante mi pánico—. Dakota, tu Audi sólo tiene dos asientos y somos tres.
—Ah, tienes razón —por un momento se había olvidado de ese asunto—. Lo siento Albert, te vas caminando.
—¡Son 35 kilómetros hasta casa! No seas malvado, por favor. El taxi me cobrará caro, no tengo dinero ahora.
—¿Caro? ¡Es barato para ti!
—Chicos, creo que seré yo quien camine. Soy la que vive más cerca y además llegaré en unos 10 minutos. No se hagan mucho drama.
—¿Segura? —sinceramente, a Dakota todo le da igual.
—Muy segura.
—Bien. Tú, estúpido, ve subiendo. Las cosas que debo hacer por dulces...
Se despidieron de mí no sin antes asegurarse que me iba por buen camino. A mitad del recorrido, me los crucé en un semáforo. No sé si me seguían o si por ahí iban a su casa, pero los saludé divertida. Rápidamente llegué a casa, donde mis padres estaban preparando las maletas antes de la cena.
—Hola cariño —saludó mi padre con una sonrisa mientras cerraba la última maleta y la dejaba a su costado.
—Hola pá.
—¿Qué te ocurre?
—¿A mí? Nada ¿por qué lo dices? Es decir, sí estoy mal porque te vas pero... fuera de eso, nada.
—No, creo que te sientes sola. ¿Has hecho amigos en la universidad?
—¿Amigos? —¿Dakota es mi amigo? No, creo que es más bien un compañero de clases con el que hablo— No, no tengo amigos. He hablado con algunos pero en ese lugar es algo complicado.
—¿Son muy egocéntricos?
—Bastante, con solo verlos te das cuenta. Hay excepciones pero gana la mayoría y los juzgas sin saber. Terminaré mi carrera y me graduaré, sólo eso quiero.
—Mantente fuerte.
El siguiente día fue terrible para mí. Papá estaba en sus últimos aprontes para irse y mi estado de ánimos no era el mejor. Me levanté temprano y desayunamos en familia. Charlamos de cosas sin importancia por varios minutos. Es gracioso ver cómo tratan de fingir que esto no duele. Hace varias semanas pasé por el mismo sentimiento cuando tuve que dejar todos mis amigos de lado para venir a esta ciudad que parece ser habitada por humanos artificiales.
Llegué a la universidad algo cansada debido a mi falta de sueño. No pude pegar un ojo en toda la noche. Hoy tenía un poco de tiempo libre a primera hora, así que aproveché para ir y unirme en uno de los clubes que había visto el primer día. Si no estoy mal, estos clubes funcionan a toda hora y puedes ir cuando se te plazca. Para anotarte debes escribir tu nombre en la lista que hay en la entrada en una enorme pizarra. Lo pensé por varios segundos, pero creo que hice una buena elección cuando escribí mi nombre en el club de escritura.
—Eso estaría mal, no es correcto decirle que puede hacerlo y luego que no —dos chicas venían caminando por el pasillo, acercándose a donde me encontraba.
—Vamos, ya forma parte de tres clubes, no creo que le afecte.
—¡No Ariana, no lo haremos! Oh, hola América. —¿Me está hablando a mí?— Sé tu nombre porque estoy en tu misma clase. Me llamo Clarie y esta es Ariana, estudia derecho.
—Hola, un gusto —dije con una sonrisa.
—Desde que llegaste no te he visto hablar con muchos. ¿Te has unido a algún club? Eso es genial, sirve mucho para quitarse el estrés y no estar preocupado por las notas.
—Sí de hecho me inscribí en el de escritura —estas chicas me caen bien.
—Clarie es la presidenta de los clubes, ya sabes, la que los regula y también es la delegada de primero. Por mi parte, yo soy la presidenta del club de música. Si algún día tienes dudas, ven a preguntarnos, de lo que sea. Para comenzar el de escritura debes ir a su salón cuando gustes y ahí te recibirá su presidente, que es... ¿Dakota? —le preguntó a la chica de baja estatura y piel morena.
—Sí, es Dakota Miller —ay por favor, estas coincidencias son raras—. Es el chico que se sienta a tu lado, supongo que ya lo conoces.
—Un poco, no creí que fuera alguien con... —la más alta y de apariencia rebelde me interrumpió.
—¿Responsabilidades? Sí, dicen lo mismo de mí. Siendo sincera todo el mundo lo subestima, es un chico realmente inteligente y lindo.
—Mm, creo que alguien está enamorada —Claire alargó esa última palabra con un tono dulzón y coqueto. Yo empecé a reír al ver la cara roja de Ariana.
—¡No me gusta! ¿Que ya no se puede hablar bien de alguien? Ay, es horrible estar con otras chicas y tocar estos temas.
—Dejaré esta discusión y me iré lentamente sin que se den cuenta —les avisé mientras me iba caminando de espaldas—. Veré cómo funciona mi nuevo club.
—¡Mucha suerte linda! Y bienvenida —creo que Clarie siempre sonríe.
—¡Gracias!
Según la lista en la que escribí mi nombre, el salón del club se encuentra en el tercer piso. Subí las escaleras con prisa y rápidamente empecé a buscar algo que pudiera guiarme por aquí. Este pasillo parecía ser dedicado a todas las actividades recreativas, así que tenía un ambiente juvenil y artístico.
Canté victoria al instante, porque en la segunda puerta habían varios dibujos de libros, palabras y plumas. Llamé no muy fuerte hasta que alguien me abrió. Una chica de lentes y muy menuda me observaba con sus ojos saltones. Se hizo a un lado para dejarme pasar con una sonrisa y al entrar, tres pares de ojos más de posaron en mí.
—Bienvenida, veo que te gusta estar conmigo —Dakota estaba sentado en un escritorio frente al resto de los chicos con una sonrisa torcida. Sé que fue un comentario bromista, pero me hizo sentir incómoda.
—Me gusta escribir, eso es todo. No sabía que eras el presidente hasta que unas chicas me lo dijeron.
—Tranquila, siéntate —bajó el libro que tenía en su mano con brusquedad y miró a los demás con suma tranquilidad. ¿Cómo es eso posible?—. Chicos, ella es una nueva compañera mía llamada América.
—Bienvenida al club, soy Fran. En total somos más de 20 miembros pero ahora algunos están en clase —Fran era un chico con unos años más que yo, de apariencia intelectual y amistosa.
—Yo soy Natasha —dijo la chica que me había abierto la puerta.
—Yo Loana, y este chico a mi lado es Sam, pero me temo que no podrá hablarte porque es mudo —el pobre me saludó con un movimiento de manos y una sonrisa.
—Un placer conocerlos a todos —dije sonriente mientras me sentaba—. ¿Qué es lo que estaban haciendo?
—Dakota nos leía poemas y debíamos adivinar de qué estilo era, el que gane de lleva un libro gratis —comentó Natasha con entusiasmo.
—¡Bien! Yo juego.
—A ver... «En crespa tempestad del oro undoso nada golfos de luz ardiente y pura mi corazón sediento de hermosura si es cabello deslazas, generoso. Leandro en mar de fuego proceloso su amor obstenta, su vivir apura; ícaro en senda de oro mal segura, arde sus alas por morir glorioso.» —la voz de Dakota es perfecta para estas cosas porque su monotonía resulta atractiva— ¿Quién lo sabe? —Sam levantó la mano y luego de eso comenzó a hablar en lenguaje de señas con él. Es increíble que sepa hacerlo—. Muy bien, es poesía barroca. Se caracterizaban por estar muy adornadas en las palabras y estaba dirigida a un público culto que pudiera entenderlas. Obras destacadas de este estilo sería por ejemplo Don Quijote de La Mancha, aunque el autor también tiene características manieristas.
—Suenas igual a un profesor —y no me equivocaba, iba de un lado al otro hablando mientras los chicos anotaban lo que decía.
—Es parte de mi trabajo. Los que vienen a este club generalmente piden que yo les dé clases de literatura. No se lo digas a nadie más, ni siquiera lo saben mis padres.
—Lo prometo.
La campana sonó anunciando el comienzo de clases. Todos salimos con tranquilidad yendo casa uno por su lado. Dakota decidió ir conmigo porque según él debía hablarme sobre el ensayo.
—Escucha... Este fin de semana y mis padres harán una fiesta en casa y me han pedido que te invite, no me preguntes por qué.
—¿Tus padres...?
—Eres la primera persona que conocerán por mi parte —me detuve en seco frente a él.
—¿¡Nunca has llevado a nadie!?
—Ni una sola vez —estaba realmente serio—. En realidad vendrás para hacer el ensayo, pero puedes quedarte un poco y socializar. Sé que es raro, incluso me siento patético y estúpido diciéndote esto pero... me amenazaron así que aquí estoy.
—Bueno... —realmente no sabía qué decir, esto era muy extraño—. ¿Qué clase de fiesta es?
—No debes ir de gala si es lo que te preocupa. Sinceramente no... no dejaré que muchos nos vean o nos molestarán a cada rato sin permitirnos trabajar —lucía nervioso, como cuando invitas a quien te gusta a una cita por primera vez. No me miraba a los ojos y jugaba con sus manos mientras se tambaleaba. Va a sonar raro, pero de esa manera luce tierno y muy lindo. De hecho, Dakota es guapísimo.
—Me parece bien siempre y cuando no llegue tarde a casa. Mis padres estarán encantados de saber que al menos he tratado con alguien —el sonrió mientras su labio inferior era víctima de sus dientes.
—Pasaré a buscarte si quieres. Puedes mandarme un mensaje con tu dirección y yo iré con gusto —me tendió un trozo de papel con un número de teléfono en el—. No necesitas llevar nada, en casa hay una biblioteca bastante extensa.
—Bien, entonces... quedamos así —por alguna razón me sentía nerviosa frente a él; como si fuera alguien más importante que yo. Me costaba mirarlo a los ojos, pero me gusta cuando me habla porque ha sido el único que lo hizo el primer día y sí, su voz es como la de un ángel.
—Bien —el silencio que siguió luego de eso fue más que incómodo. Parecíamos dos adolescentes enamorados, pero sabemos que no es así.
—Creo que deberíamos... No sé... ¿Entrar a clases?
—Maldición, es artes, Jackson va a matarme.
Corrimos por la segunda planta bastante agitados mientras íbamos al salón de clases. En estos momentos maldigo que la universidad sea enorme. Nos tomamos unos segundo ante la puerta para calmar nuestra respiración y luego entramos. Allí, el profesor hablaba con gracia y entre bromas con los demás alumnos. Todas las miradas se posaron en nosotros al llegar.
—¿Debo decir algo al respecto? —he notado que a Jackson parece molestarle Dakota. Llegar tarde para el chico debe ser rutina diaria, porque el pobre profesor ya está harto.
—No, discúlpenos —a veces lo tutea y otras lo trata como un desconocido.
—Si digo "Que no vuelva a pasar" sé que contigo no servirá, pero para la señorita América es algo nuevo. Siéntense rápido.
Entre risas ambos conseguimos sentarnos en el fondo. Era tedioso que todos nos observaran pero... ¿Qué más da? Dake era divertido a su manera. Estuvo toda la clase mandándome cartas y dibujos mal hechos para que riera y hablara con él porque se aburría. Quizás al principio lo juzgué mal.
Si observas a Dakota, a simple vista verías un chico de 19 años de apariencia tranquila y perfil bajo. Su aspecto es bastante suave y tierno, pero que no deja de ser agresivo con los tonos oscuros y ropa cara. Eso es a simple vista: un niño mimado que luce caprichoso e insoportable, mas eso no es verdad, porque cuando lo oyes hablar encuentras en él al alma más pura del mundo. Su voz transmite tristeza y soledad, como si realmente no fuera feliz o tuviera un problema que lo atormenta desde hace años. Esos ojos de un intenso color azul muestran lo vacío que está.
Nadie merece algo así y lo diré cientos de veces.
La campana sonó anunciando el receso y lo aproveché yendo a la cafetería. En este lugar no se juntan muchas personas, sólo las necesaria como para que siempre hayan lugares vacíos. Ver cómo funcionan las clases sociales y los grupos aquí adentro me cohibe. Las porristas huecas se menean de un lado al otro seguidas de idiotas a los que se les cae la baba. Del equipo de fútbol ni siquiera hablo, son tan huecos que no merecen atención. Aunque cierto chico logró dejarme embobada... Luego está el otro extremo: los "nerds" como les dicen, sólo por tener una gran inteligencia. Tampoco olvidemos a los bravucones. Y claro, luego está la clase media que ni siquiera existe, están de relleno en este lugar; como yo.
Esto es una maldita película americana cliché y patética. ¿Por qué la vida me odia?
—Hola linda —una chica castaña y alta se sentó frente a mí con una sonrisa.
—Hola. ¿Cómo te llamas?
—Dhary, estoy en tu clase. Me siento contigo porque te me haces curiosa y al ser nueva quiero conocerte —de la nada todos tienen interés en saber cómo soy.
—Ah sí, te recuerdo ya que hablas mucho —ella rió divertida.
—Sí, así es. ¿Cómo te va con todo por aquí? Como m*****o de las porristas es nuestro deber conocer a todos los que llegan a este lugar —íbamos bien hasta que dijo eso.
—Oh bueno... Me va bien, eso es todo.
—¡Vamos! Debe haber algo más profundo. Te he visto con Dakota ¿te gusta?
—Apenas lo conozco, eso es imposible.
—No es imposible si te gusta su apariencia —comenzó a buscar algo con la mirada, hasta que lo encontró y señaló—. Allí está el equipo de fútbol. Algunos son un tanto tontos pero dan buen sexo.
—¿Y tú cómo sabes eso? —levanté una de mis cejas mientras comía mi almuerzo.
—No preguntes. El más lindo y el más experimentado en eso es Albert Denucci; es como un dios —no pude evitar sentirme mal, como si en mi estómago todo hubiera dado vueltas—. Si no quieres salir herida será mejor que no te juntes con él. Después, un chico muy bonito es el presidente del club de ciencias, Martin Ainsworth. Él entró a la universidad hace dos años, allí está.
Giré mi vista esperanzada por haber escuchado ese nombre, y cuando comprobé que era la persona que esperaba, mi corazón de aceleró. Martin es mi ex novio, con el cual terminé hace dos años ya que debía mudarse... ¡A Nueva York! Mis esperanzas de encontrarlo eran nulas pero aquí está y más hermoso que nunca. Él es dos años mayor que yo y tiene una inteligencia sin igual. Está más lindo de lo que recordaba, con sus ojos claros igual de brillantes y su cabello castaño un poco más largo. Está alto y fornido... Muero por hablarle.
—Tierra llamando a América —Dhary agitaba sus manos frente a mis ojos evitando que vea al chico de mis sueños.
—Lo siento, ¿qué me decías?
Cuando la campana volvió a sonar, todos los estudiantes se levantaron para correr a sus salones. Por mi parte, decidí quedarme unos segundos mas debido a que Martin no se había movido, sino que estaba en su mesa arreglando algunos papeles que parecían apuntes. No dudé en acercarme.
—Hola —dije vacilante. Él no me había visto llegar, así que levantó su vista y al observarme, fue como si se le hubiera aparecido un fantasma.
—¿Amé... América? —tartamudeó.
—¿Cómo has estado? —de lo nerviosa que me encontraba, presioné fuertemente en mi pecho un libro de matemáticas que traía.
—Nada de cómo he estado. ¿Qué haces aquí? —dejó de hacer lo que hacía y caminó hasta estar frente a mí, comprobando que era real.
—Mis padres decidieron mudarse ya que obtuvieron nuevos empleos.
—¡No puedo creer que te haya vuelto a ver! No sabes la falta que me has hecho América —creo que por reflejos él se abalanzó sobre mí para abrazarme. Se lo correspondí sólo porque estaba emocionada de volver a verlo. Es un chico genial.
—Martin, también te he extrañado —entre medio del abrazo, escuché los pasos de alguien resonar por toda la cafetería.
—¿América? —Dakota me llamó un tanto incómodo. Cuando me separé de Martin, vi que este último observaba a Dakota con odio. ¿Qué pasa aquí?— Recuerda que tenemos otra hora de artes y Jackson es estricto.
—¡Ah sí! Lo siento Martin, debo irme.
Me hubiera ido tranquila si tan solo las miradas que estos dos se lanzaban no fueran asesinas.
Debo averiguar qué pasa aquí.