Inicio

2902 Words
Narrador: América —¡Mamá! —bajaba las escaleras hecha una furia. Lo primero que vi en el comedor fue a mis padres desayunando felizmente sin preocupaciones—. Mucha gracias por despertarme, no tienes ni idea de lo agradecida que estoy. ¡Por tu culpa llegaré tarde el primer día! —Linda ya estás en la universidad, debes independizarte —acotó mi padre. —¡Al menos avísame que me quieres independizar! ¿Cómo diablos se ata una corbata? Desde que me inscribí en esa maldita universidad pública, no logro entender por qué hay que llevar uniforme. Bueno, en realidad estábamos hablando de Bramson, una de las mejores universidades públicas que tiene Nueva York. No importa que no debas pagar nada, siempre habrán estudiantes de clase alta en ella dispuestos a hacer de tu vida un infierno. Yo no encajo en ese lugar, pero es lo más cerca que tengo de casa. —Me gusta el uniforme, es elegante y nos costó una fortuna —mi padre se empeñaba en atarme la estúpida corbata mientras admiraba la tela. —Papá, apresúrate. —Ya está, no te pierdas por el camino. —¿Y si me llevas en tu auto? —Lo llevé al taller hace una hora. América, sé valiente y camina —no creo que entienda que para mí esta ciudad es enorme. Soy de campo; vacas, césped, leyendas de espíritus. La ciudad y los lujos no son para mí, no señor. Nací en Oklahoma hace 18 años. Todo fue muy lindo hasta que hace tres semanas mis padres decidieron mudarse para darme una vida mejor. Ambos consiguieron trabajo en una empresa muy importante aquí llamada M&C. Los celulares que hace esa compañía son espectaculares, me considero fanatica y cada año estoy pendiente de las nuevas cosas que sacan. Para mi cumpleaños mis padres me regalaron el último DakotaE8, el teléfono que está en la cima del mercado. Le tengo un gran afecto a ese aparato. Luego de despedirme y robar unas tostadas, caminé hacia la universidad. Queda a unas diez manzanas de mi casa así que en unos quince minutos ya estaba ahí. Aquí todo es más grande y con más prisa; debo mirar cientos de veces ambos lados de la calle antes de cruzar. Y tampoco me acostumbro a los autos lujosos que se ven de vez en cuando. Siento que estoy como en otro planeta. La universidad era un enorme edificio arquitectónico en el cual se podían estudiar varios tipos de carreras. Yo cursaré artes, principalmente pintura y quizás luego haga arquitectura. Este lugar también funciona como secundaria, entonces hay algunos más jóvenes por la vuelta. Al llegar lo primero que vi fue a varios estudiantes reunidos en grupos, charlando y riendo. En verdad aquí todos parecían ser ricos y con modales, aunque se puede notar un poco de... falsedad. Lo típico. Me abrí paso entre ellos para poder entrar y comenzar a buscar mi salón. La primera materia según mi horario era la principal: arte, así que debía apresurarme. De camino no me ocurrió lo típico de libros y películas. No me choqué con un chico y tampoco conocí a una amiga que me acompañaría hasta el salón. Yo solita pude manejarme dentro de este enorme lugar, y cuando por fin estaba sentada hasta el fondo en mi salón, recién ahí pude sentirme en paz. La campana sonó minutos después y al instante varios estudiantes empezaron a entrar y acomodarse en los sitios que reclamaba como suyos por el resto del año. Nadie se sentó a mi lado para mi buena suerte, así que cuando el profesor entró, yo me encontraba tranquila y lista para comenzar mi nueva vida. —Buenos días jóvenes, soy Jackson, su profesor de arte. A la mayoría ya los conozco, creo yo. Jackson parecía no tener más de 50 años. Vestía casual y muy moderno, además de ser un hombre prolijo y bien arreglado. De cabello rubio y ojos celestes. Su aura parece buena y luce simpático. —Ella es nueva —me señaló un chico unos escalones más abajo sin siquiera mirarme. Maldito seas. Jackson me observó contento. —¿Cómo te llamas linda? —aquí va lo peor, odio mi nombre con todo mi ser. —América... Miller —respondí con un hilo de voz. Mis nuevos compañeros soltaron unas pequeñas risas disimuladas que bastaron para intimidarme. —¿América? Que nombre tan curioso, me gusta. Bienvenida, espero que te sientas cómoda. Verás que este lugar es bastante bueno —a mi me parece que no. —Gracias. Antes que alguien pudiera decir otra cosa, la puerta se abrió despacio aunque llamando la atención de todos. Allí, un chico bastante alto, de cabello n***o y ojos hermosamente azules entraba cansado con su mochila colgando del hombro. Luce como alguien sereno y tímido, aunque la fuerza en su mirada dice que es un niño mimado, de los peores. Tengo ojo para estas cosas, yo nunca me equivoco. —Perdona la tardanza Jackson —para mi sorpresa tiene una voz muy gruesa y profunda. —¿Otra vez tarde Dakota? —debí contener la risa al oír su nombre. Ja, cuál de los dos lo tiene peor—. Pasa, pero intenta no repetir esto todo el año como el anterior. —Ya entendí... —su mirada recorrió la clase buscando un espacio, cuando vio que el único vacío era a mi lado caminó hacia aquí y se sentó sin decir otra palabra. No me miró siquiera. Estoy agradecida con todas las personas de este lugar por ignorarme. —Bien, sigamos con la clase. Este año será bastante complicado para ustedes ya que son cosas nuevas. Ahora están en la universidad y el ambiente cambia, aunque algunos... —miró fijamente a Dakota— ya son más experimentados en esto porque no todos tenemos las mismas ganas de aprender. —¡Yo estoy otra vez aquí porque lo quiero profesor! —incluso yo reí ante esto. —Sé que sí Dakota, sé que sí. En cambio, si continúas así tu padre tomará cartas en el asunto —el rostro del chico cambió por completo—. Tienes suerte de que te conozca desde hace años y sepa cómo eres. —Uhhh —dijo toda la clase por lo bajo. Dakota tenía sus puños apretados y también su mandíbula, en verdad está enfadado pero creo que no es con el profesor. —Mi padre no deberá preocuparse, este año promoveré. —¡Así se habla! Estaré esperando con ansias tus buenas ganas. Bien, sigamos... El resto del día transcurrió normal. Las clases no avanzaron mucho ya que al ser el primer día usábamos las horas para conocernos. Aunque en realidad yo los conocía a ellos, porque todos ya eran cercanos desde hace años. Dakota estuvo inmóvil todo el tiempo, tanto que parecía estatua. Admito que me intimida tenerlo al lado, pues tiene un aura superior como la que lleva un líder. Es extraño decir cosas así, pero en verdad lo transmite. Se mueve con clase incluso para agarrar un maldito lápiz. ¿Por qué en este lugar son todos extraños? Los recesos los utilicé para conocer los pasillos. La cafetería era bastante ordenada y rápidamente te daban la comida a diferencia de otros lados. Conocí varios clubes de los cuales puedo formar parte más adelante. ¿Amistades? Cero; creo que era invisible. Pude localizar los típicos grupos de un centro educativo americano: los populares, los nerds y las otras clases. Dentro de los populares están obviamente las porristas plásticas y los deportistas huecos. Entre ellos pude conseguir un amor platónico llamado extrañamente Albert Denucci, el capitán. Desde que lo vi sentado molestando a sus amigos, fue como si mi corazón le pidiera a gritos que me note. La última materia era historia y la verdad ya estaba deseando irme a casa. La profesora era una anciana que lucía de muy mal humor. Encorvada y con arrugas, se sentó en el escritorio y comenzó a dar las clases sin siquiera presentarse. Algo me dice que estos chicos la han molestado por años. —Para dentro de dos semanas quiero un ensayo de cinco mil palabras sobre el renacimiento. Deberán hacerlo con la persona que tienen ahora mismo sentada al lado. Y no quieran hacerse los tontos, los estoy viendo y recuerdo dónde estaban. —¡Es el primer día de clases! —rugió una rubia en la primera fila. —Lo sé perfectamente. Es el primer día en la universidad, bienvenidos a la realidad —esta mujer ya me cae como la mierda. Nadie siguió protestando pero en el fondo todos la estábamos insultando. La campana sonó anunciando el fin del día. Todos se levantaron de sus mesas con prisa y riendo de varias cosas. Por mi parte guardé los cuadernos ordenadamente, después de todo Dakota no se movió de su asiento para que yo pudiera irme tranquila. Él miraba al suelo y jugaba con su lengua. —Disculpa... —llamé su atención—. ¿Podrías dejarme salir? —Debemos acordar cuándo nos reuniremos para hacer el ensayo —maldición era cierto, ni siquiera había asimilado que debía hacerlo con él. —Ah claro, eh... Podríamos hacerlo en mi casa pero desde hace dos semanas aún está en reparación. Nos mudamos y creo... que... —no pude seguir hablando, su mirada me intimidó de sobremanera. Es ese tipo de personas que con mirarte parecen que te leen el alma. —No hay problema, que sea en la mía. Como ya sabrás, soy Dakota Miller. —Tenemos el mismo apellido —comenté con una sonrisa. Por alguna razón me da un poco de gracia—. Yo me llamo América. —Lindo nombre... —Lo odio, todos me han molestado por eso. —Yo también odio el mío. A pesar de ser para ambos géneros, muchos suelen creer que soy mujer antes de verme. —Te entiendo. Odio a mis padres por eso. ¿Y no tienes un segundo nombre? —Athan, pero como el primero es Dakota todos deciden llamarme así. Vayamos saliendo y hablemos por el camino —terminamos de recoger las cosas y al salir, era como si la universidad fuera un desierto—. En mi caso yo no odio a mis padres por el nombre, pero mamá me contó los que tenían pensado por si llegaba a ser mujer y la verdad es que no había mucha diferencia. Seguiría llamándome Dakota —reí sin disimulo ante eso. Aquí es cuando recuerdo que yo tengo asignado un casillero que aún no visité, pero me da igual. —Si yo hubiera sido hombre, mi madre quería llamarme Lion. —¿Lion? ¿Por algún motivo en especial? —de repente parecía muy interesado. —Ella adora a Lion While, el empresario. ¿Sabes quién es, cierto? —¿Cómo no saberlo? Es el tercer hombre más rico del mundo. Jackson, nuestro profesor de artes, es su hermano. —¿¡Bromeas!? Mi madre morirá al enterarse. En fin, creo que prefería ese antes que América. Cuando llegamos al estacionamiento que tenía la universidad en su entrada, un cuidacoches apareció con un hermoso Audi R8... el auto de mis sueños. Le dio las llaves a Dakota y éste las tomó tranquilo subiéndose a la potente máquina. ¡Por Dios! Sus padres deben ser millonarios. —Puedes ir a mi casa la próxima semana. ¿Nos vemos mañana, campesina? —Nos vemos mañana —y arrancó a una velocidad increíble. Esperen... ¿Campesina? ¿Me había llamado campesina? ¿Cómo diablos sabe que vivía en una granja? ¿Tanto se me nota? Narrador: Dakota Mi cuerpo dolía a montones y sólo quería llegar a mi querida cama para dormir hasta la mañana siguiente. Los primeros días de clases siempre han sido agitadores para mí incluso aunque no haga nada. Creo que el aburrimiento me gana. Las puertas de la mansión se abrieron y al instante tenía a Orlando recibiéndome con gusto. El pobre viejo ya debería jubilarse, pero siente que se aburriría si no funciona como mayordomo. No puedo decir lo mismo de la pobre Amanda, nuestra antigua nana... Que en paz descanse. —¿Qué tal el primer día? —Bazofia. La profesora de historia ya nos mandó un ensayo. —Pero al menos este año sabes lo que quieres. —Eso es cierto, medicina no es lo mío y fue por eso que ahora mismo estoy nuevamente en primer año. Mi tío Jackson amenazó con llamar a mi padre si yo no promovía —el viejo rió con fuerza mientras tomaba mis abrigos. —Más vale prevenir que lamentar. —¿Has visto a mi madre? —Está con tu hermana en el estudio. —¿Con cuál de todas? —sinceramente, ser el menor de ocho hermanos no es bonito. Y es gracioso porque si a mis padres no se les hubiera ocurrido adoptar en un lapso de cinco meses yo podría ser el del medio. —Con Rui. Siena y Chloe ahora mismo usan el gimnasio en su sesión diaria. Mm, creo que Sky está en su habitación. Frederick aún no llega. Y los gemelos... —rascó su barbilla intentando recordar— Noha en la piscina y Nathan en la cocina. —Y supongo que papá en su oficina. Debo hablar con él. —Supones bien, nos vemos en la cena. Subí las enormes escaleras y giré a la derecha en el descanso. En la alta pared hay un cuadro de varios metros de longitud que tiene a toda la familia. Desde pequeño siempre ha estado... Lo cambian cada cinco años y la última vez fue el año anterior. Siempre sonrío al vernos, pero me siento algo intimidado. Ahí, en dos asientos están mis padres tomados de la mano con una sonrisa, mientras yo y mis hermanos los rodeamos. Debo destacar que soy el único que está hasta el frente, sentado en el suelo entre medio de la pareja. Corrí hasta el tercer piso llegando a una puerta de madera tallada acompañado de mucha fatiga. La casa es enorme y los pasillos muy largos; no creo poder acostumbrarme. Golpeé unas pocas veces mientras respiraba profundo y abrí cuando escuché un claro "Adelante". La impecable oficina de mi padre siempre me resultó agradable. Madera, espejos y cientos de libros y papeles... Aquí estaba la vida de papá, todo su esfuerzo. Es como su santuario y aquí lo encuentras la mayor parte del día mientras trabaja. El gran Lion While hoy en día es un empresario de 48 años que tiene una gran experiencia. Sabio e inteligente; sabe qué decir en el momento indicado. Un día se me dio por averiguar sobre él en su juventud y lo comparé con su actual yo, encontrándome con que había cambiado de muchas formas. A pesar de algunas canas en su rubio cabello y los lentes que siempre lleva delante de sus ojos azules, sigue tan saludable como siempre. No se dejen engañar por su edad, aún es resistente y se conserva extremadamente bien. Parece tener diez años menos de los que en verdad tiene. Y lo mismo pasa con mamá, esa mujer es hermosa y parece haber encontrado la fuente de la juventud. —¡Hey! —saludé para que levantara su vista de la laptop. —Hola campeón, ¿qué tal tu día? —Normal... No, regular. Vine para preguntarte algo. —Adelante, no tengo todo el día pero haré un esfuerzo. —Bueno, la profesora de historia nos mandó un trabajo en grupo hoy y... —me interrumpió. —Esa mujer debe ser el demonio en persona. —Sí, pero no viene al caso. El tema es que me tocó hacerlo con una chica nueva y me pidió amablemente si podíamos hacerlo en mi "casa" porque ella se mudó a esta ciudad hace tan solo unas semanas y su casa... No sé qué diablos dijo de su casa. Pero le dije que sí, así que necesito las llaves de la mansión que tienes en las afueras o mínimo las del departamento de mamá. —¿Y por qué no la traes aquí? —debí mirarlo como si estuviera loco. —¿Hablas en serio? No pueden saber que soy tu hijo o todo dejaría de ser normal. —No puedes ocultar quién eres. Te llamas Lion Athan While Junior, de 19 años, nacido en Nueva York y eres hijo de Lion y Chelsey While, la pareja más famosa y querida del país. Tu nombre está en Wikipedia y tienes suerte de que el mundo no conozca tu rostro. Debes confiar en las personas un poco más ¿sí? ¡Quiero que me traigas a esa chica! —¡Pero papá...! —Sin peros, es hora de que seas más sociable y abierto. Es por tu bien Athan, así nunca podrás formar una familia o divertirte. —¿Y esta misma charla se la has dado a mi hermano? —Frederick es más sociable que tú, con él no tengo problemas. Athan, debes entender que es por tu bien y punto. Si no te sientes seguro luego de que venga habla con ella y dile que no lo cuente, pero tráela. —En estos momentos te estoy odiando. —Amas a tus viejos, no te hagas el tonto porque eres el más mimado de los ocho —reí con complicidad y aguanté varios segundos en silencio antes de decir algo otra vez. —¿Me compras una serpiente? —pregunté de la nada con esperanza. —No —mierda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD