VI Por mucho que Hunter insistió en que esos documentos debía entregarlos en las manos del señor Saint-Jaien, no le permitieron la entrada a la mansión. Luego de bajarse de la limusina, fue llevado de inmediato a una entrada alterna que parecía el lobby de cualquier edificio de oficinas. Ahí, un mayordomo le dijo que no podría pasar y que él llevaría los papeles al señor. El muchacho explicó y explicó, pero todo fue en vano. El Mayordomo le hizo firmar un comprobante en el que indicaba que su trabajo estaba terminado y que no debía preocuparse por nada. A regañadientes accedió, ya que los hombres de seguridad lo empezaban a mirar de más. —Joven, tengo entendido que ya le fue asignado un monto para su regreso. —Es cierto —respondió Hunter. Ahora entendía el porqué la cantidad exagerada,

