VIII Mark terminó de recibir el reporte de eventualidades de la fiesta, que para fortuna no fueron gran cosa. Firmó las autorizaciones para hacer reparaciones y eso parecía ser todo. No obstante, ver a través del ventanal del comedor y observar a su padre perdido en unas rosas, le invadía de una inquietud, que incluso dolía. Greco siempre hacía lo mismo, sobre todo cuando era claro que no se encontraba de buen ánimo. Pensó el amable CEO, que ya tenía la edad suficiente para confrontar a su padre, y no solo ignorar lo que pensaba como si fuera un chiquillo que no podía contradecir la autoridad. —Parece que los daños no fueron tan grandes, así que no hay de qué preocuparse, padre —interrumpió Mark, la profunda observación de Greco. —Me alegra mucho. Mark sabía que eso no era lo que desea

