XXI La puerta estaba entre abierta, por eso solo dio un empujón a esta y todo el aroma de Hunter le inundó las fosas nasales. A diferencia de lo que fue su departamento por semanas, el del muchacho perdido irradiaba una fabulosa luz, como si de alguna manera todo le indicara que estaba bien, que sí había un futuro. Dio dos pasos dentro, miró hacia el pequeño comedor y se encontró a Marie sentada mirándolo directo a los ojos. Sabía que ella debía estar ahí, era la única que tendría llaves de ese sitio, a parte del dueño. —A qué vienes acá, él no va a volver aún —dijo la chica con voz áspera, fastidiada con su presencia. —Ya lo sé, solo deseaba estar en contacto lo más cerca de su esencia —respondió el señor Saint-Jaien, intentando moldear una sonrisa en su rostro. Marie no pudo con aque

