— ¡No puedo creer que seas tan inútil! —gruñó Aglaia llegando a mi lado. La mujer no había dejado de atacarme desde el momento que llegué a trabajar y estoy a punto de mandarla al infierno pero ella no va a hacer que me echen de aquí. —Aglaia —llamó la voz de Aric y las dos volteamos a verlo de inmediato. No lo había visto en toda la mañana y tampoco esperaba verlo. Según sabía él no venía demasiado por aquí. Enseguida me percaté que sus ojos estaban en mí intimidándome como casi siempre hacía. — ¿Sí, Aric? —su forma de nombrarlo me molestó porque de alguna manera sonó muy territorial e íntima. Pero si a él le había desagradado no lo mostró en sus facciones pues se mantuvo impasible con la mirada en mí. —Por favor encárgate de la tarea de Cynthia, ella debe venir conmigo. Desvié m

