No podía dejar de pensar en las palabras de Mia repitiéndose una y otra vez en mi cabeza haciendo un eco ensordecedor. —Ella va a volver —susurré entrando a mi habitación cerrando la puerta detrás de mí. Era inevitable imaginar su rostro al fin frente a mí, mirándome aunque fuera por unos instantes. Gruñí en voz alta deshaciéndome de mi ropa para ducharme. Ya dentro de la regadera con el agua cayendo sobre mi cuerpo el recuerdo del suyo fue suficiente para ponerme duro. Maldije por lo bajo recordando lo perfecta que era. De hecho cada año lucía mejor que el anterior. Ahora con 23 años se había convertido en una mujer perfecta, su cabello caía ligeramente en ondas por su espalda haciendo que imaginara cómo se sentiría entre mis dedos si la besaba apretando su cabello para no dejarla

