La mañana los sorprendió con más rapidez de la deseada, ambos se levantaron bastante somnolientos sin saber cuál de ellos debía ocupar primero el baño. Cuando finalmente lograron decidirlo y estuvieron ambos por lo menos limpios y un poco más despiertos cayeron en la cuenta de que en tanto durara la desafortunada visita y su correspondiente engaño estarían obligados a ceder la habitación de huéspedes a los recién llegados, y con la propuesta de no develar sus problemas aun sobre la mesa el sofá era una opción descartada, con lo que quedaba solo compartir el lecho marital de nuevo. Al principio les pareció graciosa su propia estupidez, pero a medida que sus mentes iban develando la verdadera naturaleza del problema empezaron a discutir. -Dale, sé que es incómodo, pero prometo hacerme en el

