Capítulo 8

1937 Words
Nada ha funcionado. Nada de lo que he hecho o dicho ha servido para acercarme a Raquel. Es como si un muro invisible se alzara entre nosotros, un abismo que cada día se ensancha más. Ya han pasado dos semanas desde la última vez que hablamos de verdad, y la única respuesta que obtengo son monosílabos o silencios incómodos. Le he pedido consejos a mi hermana Esmeray y su respuesta es siempre la misma: "Dale tiempo, Kiral." Que se joda el tiempo. Luz, en cambio, me dice: "Lucha por ella, pero no la asfixies." Joder, no hay manera de entenderlas. Estoy hecho un desastre. —Y llegó por quien lloraban. Mi mejor amigo entró en mi despacho con el cabello largo atado en un moño desordenado, la camisa negra arrugada y unos vaqueros rasgados. Olía a alcohol, sexo y desenfreno. —¿Qué mierda te pasó? —pregunté arqueando una ceja—. Te ves como si hubieras sobrevivido a una guerra. —Porque sobreviví a una. —Se dejó caer en la silla con una sonrisa arrogante—. Conocí a tres lobas anoche. Y créeme, amigo, follar transformados y hacer un cuarteto es algo que tienes que probar. Mis bolas están más secas que el desierto de Atacama. Se deja caer en la silla frente a mí con una sonrisa de satisfacción. —Me alegra que al menos uno de los dos esté disfrutando la vida. —¿Aún no habla contigo? Niego con la cabeza y él chasquea la lengua. —Deberías dejar de escuchar a Luz y a Esmeray. Haz las cosas a tu manera, como se te plascan. O deja que las cosas fluyan. —Lo he pensado… pero si dejo que las cosas fluyan demasiado, será tarde para recuperarla. —Entonces haz algo. Pero algo que venga de tu corazón, no de las locas de tu familia. —¡Oye! El único que les puede decir locas soy yo. —Claro que no. Yo también puedo. Esas locas también me tienen de los cojones. ¿Te imaginas que Esmeray me ha presentado a casi toda la manada de su pareja? No sé qué apuro tiene para que encuentre a mi compañera. Es una mandona. Y Luz, ni hablar, la apoya en todo. Suelto una carcajada. Marcos tiene razón: cuando ellas se obsesionan con algo, son un verdadero dolor de cabeza. —Solo ignóralas. Ya se cansarán. —Lo veo imposible, amigo. Llevo meses ignorándolas y no se cansan. De hecho, cada vez están más entusiasmadas. La risa me dura poco cuando Luz entra en mi despacho con la mirada clavada en su tableta. —Kiral, los nuevos están listos para empezar el entrenamiento. —En cinco estoy con ellos. Ella levanta la mirada y al ver a Marcos sonríe. —Mira al fin te veo. Te he estado llamando, ¿por qué no contestas? —Te estoy evitando. ¿O acaso no se nota? Luz ignora su sarcasmo y sigue con lo suyo. —Bueno, no importa. Lo importante es que estás aquí. Hay alguien que quiere conocerte. Viene de la manada Agua. Es una mujer hermosa, con el cabello blanco como la nieve y unos ojos verdes esmeralda impresionantes. Marcos se queja. —No me jodas, Luz. No quiero conocer a nadie. No sé por qué tú y Esmeray se empeñan tanto. —Solo queremos verte feliz. —Soy feliz. —Pues no se nota. Mi amigo me lanza una mirada de súplica. Me necesita para salir de esta. —Luz, ¿por qué no vas a esperarme con los nuevos? No quiero problemas, sabes lo que pasó la última vez. Ella suspira, pero cede. —Está bien. Pero Marcos, no te escapas. Ella vendrá en un rato, así que quiero que estés guapo. Le da una palmada en el rostro antes de irse. —¿Ves? Te lo dije —se queja Marcos. —Tranquilo. Solo conócela y luego habla con ellas. Déjales claro que no quieres nada. Después, ignóralas de verdad. No les hables, no las mires. Te aseguro que, cuando se sientan mal, te dejarán tranquilo. Él asiente, aunque sigue maldiciendo en voz baja. Más tarde cuando pase por al despacho de mi madre, encontré a Raquel encima de una escalera, intentando colgar un cuadro. Su cuerpo se estiraba, su espalda arqueada en un ángulo que me hizo tragar saliva. —¿Necesitas ayuda? —pregunté apoyándome en el marco de la puerta. Ella giró la cabeza sobre su hombro y me miró por primera vez en dos semanas. —No, estoy bien. —Ok. —Espera... sí, necesito ayuda. —Masculló entre dientes. Sonreí. Me acerqué y tomé el cuadro con facilidad. Cuando nuestras manos rozaron por accidente, sentí su cuerpo tensarse. Su olor, su cercanía, todo en ella me enloquecía. —Se ve mucho mejor aquí. —Su voz sonó suave, casi como un susurro. —Sí. —No la miré el cuadro, la miré a ella. Raquel se giró y nuestras miradas se encontraron. Su rostro se tornó de un rojo intenso y su respiración se aceleró. —Bueno... me voy. —Kiral, yo... yo... —Se mordió el labio—. Gracias por ayudarme. No respondí. Solo sonreí y me marché. Pero mi pecho latía como loco. Hoy fue un avance. Hoy me miró. 🐺🐺🐺🐺 El entrenamiento seguía con normalidad hasta que Luz apareció, buscaba a Marcos. Él aceptó conocer a la mujer que le habían mencionado, pero Luz aún no regresaba y ya estaba tardando más de lo esperado. —Quizás se dio por vencida —comentó mi amigo con satisfacción. —O quizás te jodes, porque ahí vienen —me burlé, señalando hacia donde Luz se acercaba acompañada por dos mujeres. Raquel venía con ella, pero mis ojos se posaron de inmediato en la otra mujer. Y Luz tenía razón… ella era sumamente hermosa. Su cabello era blanco como la nieve, largo hasta la cintura, en contraste con su piel color caramelo. Su figura era de reloj de arena y, al acercarse, sus ojos verdes esmeralda parecían brillar con intensidad. —Wow… ella… es hermosa —murmuré. —Joder, si ella no es mi compañera, no quiero nada —susurró Marcos a mi lado, tragando saliva. Me reí bajo. Curioso, considerando que hasta hace unas horas se quejaba de que Luz y Esmeray querían encontrarle pareja. Luz se acercó con una sonrisa radiante. —Laura, él es nuestro Alpha Kiral —dijo, presentándome. La mujer estiró su mano y, cuando la tomé, me incliné para dejar un beso en sus nudillos. Su piel era cálida, su aroma dulce. —Y él es Marcos, abogado de nuestra manada. Laura le tendió la mano y Marcos la tomó sin despegar su mirada de ella. —Bueno, estábamos por terminar los entrenamientos —dije—. Puedes marcharte, Marcos. —No será necesario, mi Alpha. He venido a hablar con Marcos por temas laborales, pero realmente quería conocerlo a usted —su tono era seductor, sus palabras parecían tener una doble intención—. Me habían hablado mucho de usted y de sus hermosos ojos dorados. Mi mandíbula se tensó y sentí la mirada de todos sobre mí. —Si… bueno, espero no haberla decepcionado. —Para nada. Créame, es mucho mejor en persona. Laura se pasó la lengua por los labios y, por un momento, olvidé cómo respirar. La chica era directa. A mi lado, Marcos me dio un codazo con una sonrisa socarrona, mientras Luz fruncía el ceño con sorpresa. Pero quien captó mi atención fue Raquel. Estaba de brazos cruzados, con la mandíbula apretada y el rostro inexpresivo. No tenía la cara roja de rabia o celos evidentes, pero la tensión en sus hombros y el brillo de sus ojos me hicieron darme cuenta de que algo no le había gustado. —Kiral… —dijo Laura, dando un paso hacia mí. —Alpha Kiral —la voz de Raquel sonó firme y cortante—. No son amigos, es su superior. Laura parpadeó y sonrió, como si Raquel no hubiese dicho nada. —Lo siento. Alpha Kiral, ¿sería tan amable de acompañarme a cenar? Podía sentir cómo los músculos de Raquel se tensaban a mi lado. —Claro, señorita Laura. Pasaré por usted a las ocho. Deje su contacto y dónde se hospeda con Luz. Antes de marcharse, besé su mejilla con cuidado. Raquel no dijo nada, pero su postura se mantuvo rígida. Luz se fue con Laura y Marcos, dejando el campo de entrenamiento en un silencio tenso. Cuando me giré, me encontré con Raquel frente a mí. —¿Sucede algo? —pregunté, arqueando una ceja. —"Sicidi ilgi" —imitó en un tono infantil. Me reí ante su burla, pero su expresión no cambió. —No le veo la gracia, Kiral. ¿En serio irás a cenar con ella? —Sí. ¿Hay algo de malo? —Bueno… no… pero… yo… ¡Ah, joder! —Raquel exhaló con frustración y se pasó las manos por el cabello—. No puedes salir con ella. —¿Por qué no? —Porque yo soy tu compañera —soltó, finalmente. Sus palabras hicieron que mi interior se encendiera. —¿Una compañera que me dejó bastante claro que no quiere nada conmigo y que me ha estado ignorando durante dos semanas? Raquel desvió la mirada, incómoda. —No sabía qué hacer… —admitió en un susurro—. Y tú tampoco me dejabas pensar mucho. Estabas todo el tiempo detrás de mí. —Bueno, eso ya no pasará. Ahora puedes estar tranquila. No te molestaré más. Su rostro se endureció. Iba a decir algo, pero yo ya había dado por terminados los entrenamientos. Sin darle oportunidad a responder, me marché hacia la casa. Tenía que ducharme y descansar antes de mi cita. O eso pensé. Porque cuando estaba en mi habitación, quitándome la ropa, alguien carraspeó detrás de mí. Me giré y ahí estaba Raquel. Me observaba. No, me devoraba con la mirada. Sus ojos recorrían cada centímetro de mi piel desnuda, encendiéndose con una mezcla de rabia y deseo. —¿Me has seguido? —No puedes dejarme hablando sola, Kiral. —Pensé que había dejado el tema finalizado. —¡No quiero que vayas a esa cena! Fruncí el ceño. —¿Por qué? Raquel avanzó hacia mí con movimientos lentos y seguros. Sus caderas se mecían con naturalidad, pero sus ojos… sus ojos ardían. Posó sus manos en mi pecho y deslizó sus dedos con suavidad, delineando cada contorno de mi piel. Mi respiración se volvió pesada. —Porque tú eres jodidamente mío. Mis latidos explotaron. Sentí cómo una corriente eléctrica recorría mi cuerpo, despertando cada fibra de mi ser. La tomé por la cintura y la apreté contra mí. —¿Y tú? —murmuré contra sus labios—. ¿Eres mía? —Siempre he sido tuya, Kiral —susurró. Y eso fue suficiente para romper cualquier barrera entre nosotros. Nuestros labios se encontraron en un beso hambriento y desesperado. Sus manos se enredaron en mi cabello, tirando con fuerza, mientras nuestras lenguas se entrelazaban en una batalla de poder y deseo. Solté un gruñido y bajé mis manos hasta su trasero, apretándola y levantándola del suelo. Ella reaccionó al instante, enredando sus piernas en mi cintura. Con suavidad, la recosté sobre mi cama, dejando un reguero de besos por su cuello, mordiendo su piel con posesividad. —Hazme tuya, Kiral —susurró entre jadeos—. Quiero sentirte dentro de mí. Y eso fue todo lo que necesité para perder completamente la cabeza.
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