Capítulo 1 – Ryder
Mis ojos memorizan cada uno de sus movimientos mientras recorre su hogar.
Nunca me cansaré de esto.
No debería hacerle esto, ella es demasiado buena para mí. Pero hasta la idea de no ver su piel suave, su cabello sedoso, su perfección… es una tortura absoluta. Nunca he sido un buen hombre.
Necesito vigilarla, protegerla de cualquiera que quisiera aprovecharse de ella. Jamás permitiré que algo o alguien lastime a mi chica perfecta. Nadie dañará ni un pelo en su putísima cabeza.
La miro mientras se acurruca en el sofá, envolviéndose en una manta suave. Sonrío al verla acomodar su rostro en la ternura de la tela, imaginándola acurrucada en mi pecho.
No siempre fui así, obsesivo.
No pude evitarlo: en el momento en que mis ojos se posaron en ella, me sentí atraído por esta mujer como nunca antes en mi vida. Lo recuerdo perfectamente: entrando al bar y viéndola bellísima detrás de la barra. Andaba por todo lado sirviendo tragos a la concurrida clientela, y aún así se movía con una puta gracia.
Luego, como si no estuviera ya perdiendo la cordura, ella mandó a callar con un corte de mangas a un tipo que la acosaba, diciéndole que se fuera a la mierda.
Nunca había sonreído tanto en mi vida.
No soy tímido, no tenía problema en atraer mujeres, pero ella me dejó sin palabras.
Eso fue lo que me trajo aquí.
Empezó pequeño: vigilarla en el trabajo, asegurarme de que llegara bien a casa… pero luego se volvió una adicción, necesitaba más. La deseaba cada segundo del día.
Ahora la observo. La protejo. Espero el momento adecuado. No quiero asustarla, pero joder, nunca podría dejarla ir. Tenía que hacer esto a la perfección.
Tengo experiencia en este tipo de mierdas, acechar a alguien.
Lo tuve que hacer por algunos trabajos antiguos, no me gustaba entonces, pero joder, ahora lo disfruto de verdad.
Soy cazarrecompensas; no es que me guste cazar personas, pero da buena plata. Es para lo que sirvo.
Joder, perseguiría a esta chica por todo el mundo.
Hailey putísima Weber. Ella será la muerte de mí, lo juro.
Se ríe suavemente con la película que ve, y joder, ojalá estuviera lo suficientemente cerca para oír ese dulce sonido.
El sol comienza a ponerse, tiñendo el cielo de naranjas y rosas intensos. Cuando termina la peli, se acerca a la ventana a contemplarlo.
Me aseguro de estar oculto entre los árboles tras su casa cuando ella mira afuera. No puedo evitar contemplar su hermosa cara mientras sonríe al cielo.
Eventualmente se aleja de la ventana, se encamina a su dormitorio. Empieza a quitarse la ropa de trabajo mientras entra al baño.
Suspiro suavemente cuando la puerta del baño se cierra, ocultando su belleza de mi vista. Solo puedo imaginar cómo será verla desnuda… el agua escurriendo por su piel… frotando jabón sobre sus suaves curvas…
Joder.
Espero pacientemente a que salga, mis ojos atentos a su ventana del dormitorio.
Tengo un maldito problema.
La he estado observando por unos dos meses ya, mi obsesión crece cada día. Es impresionante: alta, fuerte… tiene rizados marrones profundos que se convierten en suaves rizos, ojos azul oscuro y una sonrisa que derribaría mis rodillas literalmente. Es demasiado para mí, creo que eso le queda claro a cualquiera. Pero joder si soy egoísta; no la dejaré ir… nunca lo haré.
Me alisto cuando la veo salir del baño humeante. Sus rulos están recogidos en un moño alto, algunos mechones mojados pegados a su rostro. Apenas lleva una toalla envuelta, cubriendo apenas la parte alta de sus muslos.
Lo que no daría por tener esa tela entre mis putas narices…
Bebo con avidez la imagen mientras se aplica una loción con aroma a coco. Casi puedo olerla, joder.
Sus piernas son largas, muslos gruesos que son mi propio cielo personal. Su piel brilla mientras la loción se absorbe, y mi polla se estremece al verla.
Regresa al baño, se pone su pijama. Vuelve a salir con short n***o diminuto y una camiseta grande, tumbándose en la cama.
Se acurruca entre las sábanas, apaga la lámpara al lado de su cama y la habitación queda en la oscuridad. Me deslizo fuera de los árboles mientras mi vista de ella desaparece.
Necesito más.
Voy a su puerta trasera, tomo la llave que fabriqué y la abro silenciosamente. Dejo mis zapatos afuera para no dejar huellas.
Cierro en silencio tras de mí mientras camino primero hacia su sofá. Me siento en los cojines suaves, acerco la manta que usó a mi rostro, inhalando su sutil aroma a coco.
Recojo mis pasos alrededor de la habitación, observando cualquier novedad antes de dirigirme a su habitación.
Echando un vistazo por la puerta, la veo respirar, su pecho subiendo y bajando lentamente, mostrándome que duerme.
Entro en la habitación con cuidado, sin querer interrumpir el sueño de mi preciosa.
La luz de la luna entra por la ventana lo justo para distinguir su rostro y la silueta de su cuerpo bajo las sábanas.
Puedo oler aún el aroma a coco de su ducha, y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Me acerco a su cama, escuchando el suave sonido de su respiración pacífica.
Parece un puto ángel. Tan perfecta.
Con delicadeza, inclino la mano y aparto un mechón de su suave mejilla.
Mi chica perfecta.