Había imaginado decenas de veces la posibilidad de que mi padre estuviera muerto… pero nunca lo creí verdad. Siempre me aferré a esa maldita ilusión de volver a verlo. No de esta forma. Lo imaginaba mirándome a los ojos, con ese brillo cálido que tenía cuando llegaba a casa después del trabajo, con una sonrisa enorme que hacía parecer todo más fácil. Así siempre fue él. O al menos… así quería recordarlo. La pequeña habitación donde me habían dejado olía a humedad y madera vieja. Era una casa abandonada cerca de aquel edificio gris donde Luca me había llevado. Desde la ventana rota se filtraba un viento frío que hacía crujir las cortinas desgastadas. A lo lejos, los hombres vigilaban en silencio, sombras moviéndose entre autos apagados. Nada en ese lugar parecía real. —Con permiso —dij

