El día siguiente al rescate de la niña, María recibió un mensaje en su teléfono. Al leerlo, su corazón se hundió: "Si quieres ver a tu bebé, debes alejarte de Ronald y venir sola al punto que te indicaré. No intentes nada o nunca lo volverás a ver." María mostró el mensaje a Ronald, su rostro reflejando la desesperación. Ronald tomó una decisión rápida y firme. —No puedes ir, María. Es demasiado peligroso. —Ronald, es nuestro hijo. No puedo quedarme aquí sin hacer nada. —Los ojos de María brillaban con determinación. Ronald la tomó de las manos. —Sé lo que sientes, pero estos hombres no cumplen sus promesas. Si vas, podrías no volver a verlo ni tú tampoco. Pero María ya había tomado su decisión. —Lo siento, Ronald. Amo a nuestro bebé más que a nada en este mundo. Tengo que intentarlo

